domingo, 28 de abril de 2024

El tango en el Brasil /

 

      Tango desde Brasil en Salón Canning, Olivia Teixeira, Fernando Lima.    



El tango en el Brasil

Agilmar Machado

El Brasil acompaña a la evolución del tango, en todas sus manifestaciones, con el mismo interés y admiración de todos los países latinoamericanos. Aún después de 1960, con el advenimiento del rock and roll y, principalmente por eso, el arraigado interés del brasileño aumentó de manera considerable, notablemente en aquellos que aprendieron a admirar la impecable presentación del ritmo porteño, su melodía, su poesía, su danza y sus intérpretes.

Podemos afirmar, con absoluta convicción, que ante el anuncio de un espectáculo tanguero y el de una banda de rock (incluso las más famosas), en cualquier ciudad brasileña importante, el primero producirá un efecto más trascendente, convocando a un público fiel y seguidor, honrando y aplaudiendo a los que preservan las raíces plantadas por Ángel Villoldo, Eduardo Arolas, Rosendo Mendizábal y decenas de otros precursores.

El brasileño, admirador del tango, sigue «descubriendo novedades» que no veía ni escuchaba en las décadas del 40 y 50, del reciente siglo pasado. Incluso en el extremo sur brasileño, donde la identidad con los países del Plata es más íntima y fuerte, nos acostumbramos, en aquel lapso de veinte años conocido como la «era de oro del tango», a aplaudir a Hugo Del Carril, Alberto Castillo, entre los cantores. Las orquestas más conocidas se limitaban a Francisco Canaro (y el Quinteto Pirincho) —que lideraba holgadamente—, Aníbal Troilo, Trío Ciriaco Ortiz y muy poco de Julio De Caro, Osvaldo Fresedo, Rodolfo Biagi, Miguel Caló, Juan de Dios Filiberto y Alfredo De Angelis.

No eran difundidos otros tantos valores, ya que los citados habían estado por aquí, en giras o a través de los pocos discos de pasta (78 rpm) que se encontraban, eventualmente, en las exiguas discotecas de las pequeñas emisoras de radios y servicios de propaladoras de la época.

Maestros y orquestas, cantores, poetas y arregladores de valor admirable, permanecían lejos del alcance de los tangueros brasileños. Recién a partir de los 60, pudimos conocer las bellas ejecuciones de Ángel D'Agostino, Francisco Rotundo, Osvaldo Pugliese, Armando Pontier y otros de la misma línea y categoría.

De la misma manera, cantores como Ángel Vargas, Enrique Campos, Nelly Vázquez, Alberto Marino, Alberto Podestá, Floreal Ruiz, hasta el gran Edmundo Rivero, entre otros, despuntaron después de 1960, cuando la nostalgia tanguera hizo que los aficionados buscaran las remasterizaciones, gracias a las que se recuperó la memoria del tango en toda su plenitud, en los días actuales.

Se conocía, sí, a Libertad Lamarque, Imperio Argentina, en grabaciones solistas, así como Alberto Arenas, Enrique Lucero, Mario Alonso, Charlo, Ernesto Famá, Nelly Omar y Ángel Ramos (todos pasaron por la orquesta de Canaro, cuyas visitas al Brasil eran frecuentes); y los ya citados Gardel, Castillo y Del Carril. Las etiquetas de los discos, en su mayoría, sólo mencionaban a las orquestas y cnatores. El cantor (o el estribillista) quedaba olvidado o en un segundo plano.

Un historiador calificó a Canaro y su relación con el Brasil: «Francisco Canaro formó y dirigió la que fue, y aún es, en la historia del tango y de los demás ritmos del Plata, la más famosa y celebrada orquesta». En cuanto a la unanimidad actual, contradecimos al historiador, sin embargo, en lo que se refiere a las décadas del 40 y 50, coincidimos con él.

Obsérvese, también, que esos astros del tango participaban frecuentemente de películas sonoras; de allí, la admiración de los aficionados al tango (que tenían como principal diversión las pantallas de los cines). Los poetas más comentados eran, de lejos, Enrique Santos Discépolo y Alfredo Le Pera.

Los orígenes del tango en el Brasil son coetáneos al desarrollo del género en el Plata. Grandes compositores de finales del siglo XIX compusieron tangos, que trascendieron: Chiquingha Gonzaga, Zequinha de Abreu y más acá en el tiempo Ernesto Nazareth.

En la primera década del siglo XX ya se verifican grabaciones de tangos creados e interpretados por artistas brasileños. Más adelante, ya en la década del 20, algunos cantores de fama nacional adhirieron al tango incluyéndolo en sus repertorios. Uno de los precursores fue Francisco Alves, conocido como el «Rey de la voz», quien tenía un notable programa en la principal emisora radial brasileña de la época, Radio Nacional de Río de Janeiro, en el horario central dominical del mediodía.

 

Surgía, entonces, Eladir Porto, cuyas grabaciones son hoy rarísimas. Fue la preferida en los eventos del Palacio do Catete (palacio presidencial), en la primera época del Presidente Getúlio Vargas (1930 - 1945). A ella le siguió Dalva de Oliveira que, después de su alejamiento del Trío de Ouro (Trío de oro), de Herivelto Martins —su marido—, del que se separó, pasó a ser solista, alcanzando lugares envidiables en las encuestas. Dueña de una voz privilegiada —ya que alcanzaba tonos muy elevados—, llegó a grabar con Francisco Canaro, en Río de Janeiro, tangos famosos como: “Tristeza marina”, “Madreselva” y “Uno”.

Otro cantor —cuya carrera se centraba en los éxitos carnavaleros— y que grabó, sin embargo, muchos tangos, fue Albertinho Fortuna. Entre sus mejores grabaciones están: “El día que me quieras”, “Nostalgias”, “Y todavía te quiero”, “La cumparsita”, “Mentira”, “Cuesta abajo”, “Garúa” y “Sus ojos se cerraron”, entre otros, todos en versiones en portugués. Carlos José, quien prefería las músicas portuguesas, contribuyó con algunos tangos.

 

Los poetas brasileños que se dedicaron a hacer versiones de los más famosos tangos argentinos y uruguayos, fueron: David Nasser, Haroldo Barbosa, Juracy Camargo, Maestro Ghiarone y Adelino Moreira. Éste último, compositor inspirado y compañero del cantor Nelson Gonçalves, hizo para este versiones inolvidables y compuso tangos brasileños. De las versiones más conocidas, podemos citar: “Nostalgias”, “Confissão” (“Confesión”), “Inveja” (“Envidia”), “Voltou uma noite” (“Volvió una noche”), “Triste abandono” (“Cuesta abajo”), “Sem palavras” (“Sin palabras”) y “Amarras”.

 

Gonçalves consagró el tango brasileño “Carlos Gardel”, compuesto por Herivelto Martins, en cuya letra —de David Nasser—, cantaba en su final: «...por eso mientras haya un tango triste, un otario, un cabaret y una guitarra, tú vivirás también, Carlos Gardel».

 

Vive aún, en la ciudad de San Pablo, una de las marcas registradas del tango en el Brasil: Carlos Lombardi; cuya perfección interpretativa fue reconocida en varias oportuniades en la Argentina y el Uruguay.

 

Lombardi se abocó a la elección de un selecto repertorio de tangos. Sus éxitos más aplaudidos se basan en las interpretaciones de “Sueño azul”, “Fueron tres años”, “A media luz”, “Envidia”, “Un tropezón”, “Milonga sentimental” (con un excelente arreglo), “Qué tarde que has venido”, entre otros. Es un cantor completo, con pinta de galán, un don similar a Del Carril o Castillo. Su voz es potente, melodiosa y vibrante, y su poder interpretativo ejemplar.

Carlos Lombardi también realizó arreglos en tango y en versión castellana, de algunos éxitos de la música popular brasileña, como: “La distancia” (de Roberto y Erasmo Carlos, versión de Buddy McCluskey) y “Dime cómo estás” (“Como vai você”, de Antônio Marcos, en versión de María Losov).

Un maestro que merece especial mención en este artículo es José Fernandes, pues, además de formar su propia orquesta típica, fundó y mantuvo, mientras vivió, dos casas de tango (en San Pablo y Río de Janeiro), en las que era muy difícil conseguir lugar.

Con nuevo y prometedor impulso, traído por la nostalgia de melodías efectivamente inspiradas, con historia y tradición, los brasileños adhieren, cada vez en mayor número, al tango. Ciudades como Porto Alegre, Florianópolis, Curitiba, San Pablo y Río de Janeiro, disponen en la actualidad de ambientes eminentemente tangueros. Además, sus casas de espectáculos y teatros siempre se llenan cuando se anuncian: Uma noite em Buenos Aires, con Alberto Podestá, Carlos Buono, Sandra Luna, Nora Roca y otros; o Antônio Magallanes, su conjunto y bailarines, o el siempre presente Raúl Bordale, que difundó el tango durante muchos años en Europa, hoy afincado definitivamente en San Pablo, brillando en el espectáculo Esta noche... ¡Tango!, acompañado por el bandoneonista César Cantero y sus Milongueros del 40, Roberto Abitante (piano), y otro cantor, Carlos Esteves, además de los bailarines Eduara y el Cuerpo de Baile 4x2, formado en el Brasil. Otra figura que actúa frecuentemente en programas de televisión en São Paulo es el cantor argentino Alberto Cabañas.

Destacamos, además, el trabajo de una excelente intérprete tanguera argentina, radicada desde hace muchos años en el Brasil: Mariana Avena. Con varios CDs editados, fundó una academia en Santos, ciudad en la que reside, y otra en São Paulo.

Traducido del portugués por Federico García Blaya.

* Artigo extraído do site argentino Todotango

 

Agilmar Machado

Enviado por Paulo Miranda em 11/01/2021

nelson goncallvez

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