domingo, 25 de octubre de 2020

El Universo del Tango de Asdrúbal Valencia / por Víctor Bustamante

 

Asdrúbal Valencia (Babel, 2020)

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El Universo del Tango de Asdrúbal Valencia

Para Jairo Alarcón, en su memoria.

Víctor Bustamante

El título de su obra, El Universo del Tango, encierra una gran pregunta. Partamos de la palabra universo que, en este caso, parodiando su definición, busca abarcar la totalidad en el espacio y en el tiempo, así como la diversidad de sus formas, los inicios, el impulso, las dinámicas y constantes musicales que gobiernan el devenir del tango. Y esa pregunta significa que Asdrúbal en su obra magna quiere escudriñar, quiere indagar, quiere redefinir este universo donde examina esas verdades generales, y comprobar su verdadera dimensión, la dimensión de esa presencia y permanencia, convertida en historia que, a veces, se evade, pero que él dilucida en voz baja, sin aspavientos, eso sí con certeza.  De tal manera colegimos que esta obra, que ya se proyecta en el tiempo, se ha convertido en un opus, todo un universo, donde gravitan desde la oscuridad de su origen, -lo digo por la falta de datos concluyentes-, nada menos que cantores, cancionistas, directores de orquestas, compositores, músicos y, sobre todo, letristas. He dejado estos de últimos para hablar sobre ellos, ya que Asdrúbal ha llegado al tango por sus letras, no por la música que atrapa desde la lejanía en un acto involuntario que invita a escuchar una melodía sino por la parte que conjuga y le da cuerpo a una composición musical. El letrista es aquel que le da carnadura a un tango, quien nos habla desde la lejanía, esa lejanía que se convierte en diálogo para ser escuchada en la vastedad del tiempo soñador cuando sentimos y precisamos que hemos sido tocados por alguien que ha expresado lo que nos llega. Así las palabras son permanencia en su decir preciso que acompaña en ese momento en que se escucha una canción y se disuelve el presente. Nada más preciso que llegar sediento a la mesa de un bar para escuchar un tango, solo tangos por favor. En ese acto sagrado el bebedor nocturno sabe que inicia un viaje en su aparente inmovilidad.

Asdrúbal Valencia, en su work in progress, va adquiriendo un enunciado para convertirlo en una reflexión, en una enciclopedia total sobre este universo. De ahí que vaya trabajando minucioso y disciplinado sobre este tema que posee tantas aristas. Él quiere abarcarlo todo, aunar piezas sueltas, buscar su unidad, traspasar lo oscuro de algunas premisas para concluir, con la dificultad que conlleva, desde una perspectiva de seriedad donde el tango ha dejado de ser propiedad nacional, para convertirse en patrimonio de otros en la lejanía, y esto enriquece su acervo, al posibilitar otra mirada que conjugue la precisión, las conjeturas y la discusión, así como otras valoraciones que Asdrúbal descubre y entrega, y que dará lugar a rivalidades y a choques de conceptos, a otras definiciones e interpretaciones, ya que él no se deja llevar por lo emotivo, por la superficie de una composición o por una frase musical, por una aseveración ya aceptada en apariencia, sino que él indagará para establecer su valor, y ese valor se adquiere a partir de haber buscado y hurgado en el conjunto de ese corpus. De ahí que su escritura se haya convertido en algo escrutado larga y concienzudamente pensado sin ningún atajo. Es necesaria la mirada del extraño, del extranjero, para valorar lo que los mismos argentinos dan en algunos casos como una verdad revelada y en otros casos, como en este trabajo,se recobran olvidos manifiestos.

En su labor, largamente, pensada, espléndidamente escrita tiene todo lo preciso para redefinir la hemeroteca con el relato del tango confirmando su apreciación y valor en provecho de cierta forma de rescate, de redimensión. Asdrúbal posee cien mil tangos, un total acervo. En este sentido, continúa con su investigación, así como con su divulgación por medio de las reflexiones en sus libros que estarán cerca de constituirse en su mayor legado.

Esta summa, esta enciclopedia real, muestra como Asdrúbal la ha estudiado en sus vericuetos y en sus puntos álgidos, y así nos ha hecho conscientes de él, de su tenacidad, de su valor. No es únicamente la suma del oidor de tangos, completados con algunas aseveraciones y letras de los más conocidos, sino que él enfrenta dos mundos, el de los que hacen del tango una élite como él dice, donde es necesario averiguar, en su caso, haber vivido como él, el encanto de la nostalgia por los llamados bajos fondos como una compañía, una búsqueda, un bello delirio y algo que inquieta. Esto ha permitido que, a través de su experiencia esta se convierta en una parte de su exploración para inquirir y completar ese patrimonio tantas veces releído. Así, sus libros se han convertido en parte fundamental de esa biblioteca que él ha ido completando, que ha ido rematando en sus aristas a través de las preguntas que surgen, que lo hacen proseguir en una labor de mucho peso y de mucha reflexión. Quiero decir que él está presente y siempre afirmando su seguridad para la investigación, a la vez que subsumido a ella. Sacudiendo las voces del silencio que amedrenta, a veces, a un autor al no existir un diálogo sobre su obra. Asdrúbal, al nombrar, al escribir con iluminada eficacia nos ha donado, sobre todo, un espacio muy específico de lo que es la experiencia musical en todo su esplendor, al inmiscuirse en lo peculiar del tango, dejando afuera los reflectores y el espacio siempre activo que son las falacias que, al fin de cuentas uniforman, pero él huye de ese lugar común. Eso sí ha estado presente en la discusión y en la exposición de su presente, un propender siempre dinámico en su asertividad y en la proximidad de un hombre al que el tango lo ha sacudido desde su nobleza y desde su juventud, y ahora en su madurez poco a poco refine desde su orilla esa vastedad que es el territorio del tango; esa música sublime.

La palabra experiencia está aquí con toda su dosis de sinceridad, entendida no como lo que se convierte en una ficción, trasunto ornado de cierta realidad, sino que él la ha experimentado. El Universo del Tango en toda su dimensión y valor se desliza hasta algo inamovible para saber y ver que se convierte en el destino de sus devociones ilustradas, nunca como un inventario personal y ortodoxo ya que él posee ese sentido de saber que las músicas evolucionan en unos años y tratando de desdecir de su época dorada, donde el tango dio su cota más alta, ya de otros, y al no conseguirlo se quedan solo en esas variaciones para regresar desde su lejanía a saber  y especular sobre los grandes maestros,  a quienes trataron de superar, que les señalan desde su talento y finura que son insuperables, a pesar del silencio y de la eficacia de querer ser modernos en el legado por la ignominia del presente y su frivolidad.

Asdrúbal, es pragmático en este sentido, no lo amilana ni desvela el inventario de tantas publicaciones anteriores, junto a versiones y diversiones sobre esta música. Su creación, sus observaciones, son una lucha por descubrir cada vez las personas, los temas, los espacios de los que no se habla; no dejando la novedad al desgaire, eso sí teniéndola en cuenta para establecer la evolución y su profunda correlación para que nadie se sienta eludido.

El Universo del Tango busca explicaciones e interrogantes a estas obras, pura música, desde su origen, luego las amalgama y las une, las junta en sus diversidades, no las despoja de los que la han preservado a muchas de ellas sin publicidad y sin sonrojarnos por el olvido de su aura. Porque a pesar de este olvido muchos tangos, muchos cantantes, muchos letristas, muchas orquestas mantienen su aura, es decir ese sentido de resistir al tiempo y de convertirse en clásicos, que es lo que perdura. En esa lejanía las ha apresado y juntado Asdrúbal. Por esa razón nos inquieta y nos enseña con precisión los caminos cerrados, las preguntas resueltas, las curiosidades que emanan al leerlo donde su investigación deja de lado las especulaciones para darnos esa seguridad de saber que transitamos por caminos que no dejan dudas ni la necesidad de afrontar otras dudas. No, él su autor es preciso en su escritura y en sus indagaciones. Es claro en su objetivo primordial: darle peso y presencia a esa música que lo abraza y abarca en su plenitud desde su adolescencia.

Asdrúbal contrapone de una manera impresionante la ordenación estricta, veraz y viva, de una forma exhaustiva que le permite reconstruir y catalizar una realidad que está ante nuestros ojos y que, a veces, pasa desapercibida como si no mereciera una mención para saber de dónde proceden. Él, inmerso, entre los libros y la existencia cotidiana, entre las preguntas y las pasiones que suscita la música, establece una relación tan cercana y real, según el movimiento y la dinámica sobre preguntas que le inspiran su saber para establecer respuestas contundentes a medida que avanza en pos de los temas que son afines para abordar el tango mismo en su complejidad.

Para esta labor hay esos diversos espacios desde los que podríamos llamar los orígenes, los ritos, de la música y de la fiesta con un territorio que establece a Buenos Aires como esa ciudad que ha ido creciendo y que diversos tangos, al mencionarla, hacen notorio como se instalan esas fronteras corredizas que invaden las personas y las nuevas construcciones, como si el tango, al anotar esos lugares, quisiera abarcar la ciudad de sus momentos y sirviera para después ubicar en el trascurso del tiempo la creación, la evolución y la perdurabilidad de esa música en los lugares que nombra, ya que al nombrarlos los marca para siempre.

Sin embargo, Asdrúbal, en sus libros, incluso no hace menos elogio de Gardel que de Corsini, que de Homero Manzi o Cátulo Castillo. Todo el tango pasa en él con sus diversos matices. Desconocerlo es no sólo relegar sus pesquisas, sino excluir lo que tiene de más atractivo y desconocer también la esencia que un trabajo de su magnitud hace surgir en él y en nosotros, con el propósito de aunar y aprender sobre este tema que tantos puntos diversos, tantas preguntas suscitan, tantos creadores en toda su dimensión le causan a su autor el deber y la colusión de darles cabida en la responsabilidad que comparte para no olvidar su fundamento de profesor.

De tal manera, Asdrúbal Valencia, en El Universo del Tango franquea las líneas divisorias entre la historia y la música, entre Buenos Aires y Medellín, entre París y el resto del mundo, con una escritura clara no para escapar a las preguntas dudosas, a las discusiones sin retorno, que trae su arduo trabajo cuando, a veces, la realización se torna resbaladiza ante la diversidad de temas, sino para despertar en nosotros la asimilación y el aprendizaje, ya que esta música conserva ese magnetismo de haber sido buscada y escuchada en diversidad de paisajes con inmediata certeza. De ahí que El Universo del Tango nos dé la impresión de familiaridad y de cercanía para saber cómo los compositores y letristas se juntaron en una eclosión perenne con sus gozos y talento, con sus tribulaciones y oscuridades, para crear obras maestras de solo tres minutos en que una composición de estas nos atrapa, así como Asdrúbal Valencia en su trasiego, en sus investigaciones abre con sinceridad ese camino para enseñarnos que esta música, el tango en toda su extensión, vive presente en nosotros.




sábado, 17 de octubre de 2020

El último aplauso de German Kral / por Víctor Bustamante

 

German Kral
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El último aplauso de German Kral /

Y la ciudad, ahora, es como un plano

De mis humillaciones y fracasos;

Borges

 

Víctor Bustamante

La atmósfera no puede ser más inquietante, iba a decir sórdida, que no, que no lo es, sino por ese matiz que siempre hemos tenido del tango debido al carácter de plasticidad en sus bailarines y en la presuntuosa elegancia de sus cantantes, corrijo en su exquisitez, ya que en su ámbito ha ido ganando el glamour que gira en torno a una de sus expresiones: el baile. Esa es la vitrina. Pero indaguemos en otra orilla desde aquellos que no triunfan que siempre siguen una regla no escrita, que comienza desde abajo. De ahí que unos llegan, debido a su talento y a mucha suerte; otros se quedan a pesar del talento y nula suerte. Estos quedan merodeando por las avenidas del desengaño y en el regusto enorme y dudoso de que llegará algún día, lejano horizonte, para poder escalar, pero, ese, pero, será negativo, nunca lograrán lo anhelado. Esa es la ley que rige en muchos casos la cosa nostra musical.

Los perdedores son muchísimos, nunca subirán ni a la primera escala del profeta. Hay un cielo vedado para ellos, el éxito. Su vida merodea y no sale de esos pequeños lugares donde la incertidumbre es indeleble y constante, los atisba desde ese empalagoso cenicero de colillas humeantes con el continuo abrevadero de bebida y las noches largas atiborradas de conversaciones eternas y serenas, pero en ese círculo vicioso poseen, ya han poseído la ciudad. El gran Buenos Aires los sospecha sonriente y burlón desde las fachadas, desde las aceras, detrás de las puertas y desde las ventanas, mientras los faroles de las calles apenas los alumbran, mientras pasa otra noche dentro de esa summa de noches que los arredra. Así El último aplauso de German Kral.

Pero, ¿qué es El último aplauso de German Kral? Nada menos que una indagación dentro de esa noche fastuosa, dentro de esa noche del gran Buenos Aires con sus avenidas atestadas de autos y ese paneo a sus calles, y, sobre todo, una pesquisa a ese costado donde German Kral no nos llevará a un gran lugar de tango, donde la belleza es opacada por la seriedad y por el afán de mostrar al turista, la sangre sabia del tango, sino que más bien su director escoge otro camino, aquel que no figura en los diarios ni en los posters, ni en la tele, pero sí en el aviso casi desvaído de ese lugar casi oculto, el Bar del Chino, donde se ha empozado la nostalgia y el cariño, visibles nada menos que en las paredes a través de las fotografías de cantores con sus momentos de brillo que dan la impresión de ser un álbum familiar del tango, como en efecto lo es, ya que esas paredes como las hojas de papel volátil del tiempo sirven de escenario  para ocultar la desnudez y la lejanía de esos momentos y de esos cantores que le dieron ese carácter monumental al tango. El Chino mismo y los visitantes son testigos de esa alucinación de la memoria que destella en plena noche cuando el lugar hierve de música y de personajes que revelan a su dueño y al interior, y a Pompeya más acá de la inundación.

Cada uno de ellos, en su discreción, en su certeza, por supuesto, se hayan en este lugar, el Bar El Chino por una razón de peso, mantenerse activos, junto al mismo dueño, Jorge El Chino García, que ha bautizado el lugar con su nombre y enseña el interior que parece espesado en el tiempo de su cuarto, con su esposa y su fiel perro a bordo. El Chino también canta tangos y atiende a la clientela y anima a los músicos, cantantes y al guitarrista que son el centro de esta película bañada con esa tonalidad de la supervivencia, ya que estos artistas, en su anonimato, se convierten en la sombra de lo que no fueron, pero los aplausos, la bohemia y la noche son sus caminos y allí destellan.

Kral no deja a estos cantores al desgaire con las preguntas del espectador sobre la vida de cada uno de ellos. No, Kral los visita y así mismo nos da, espectadores transidos, desde la butaca, para escrutar como cada uno de ellos posee una vida llena de subterfugios cotidianos, deudas, soledad, abandonos, y a ellos solo les queda su arte, la música como emoliente, como si, la música fuera el lugar donde ellos habitan para huir de los conflictos y las deudas mismas, y así vivir un pequeño destello en los bares donde cantan. Uno de ellos el del Chino que, al cantar, los espectadores con sus aplausos lo convierten en alguien, un personaje de la noche, de la amistad pasajera y de la música misma.

Estos personajes no desfilan sino que en la película están más que presentes: Abel Frías el guitarrista que escolta a los cantantes de este bar. Él, además, es indispensable en este acompañamiento como protagonista ya que es el único que sabe de la ejecución de un instrumento musical y nadie más. Aquí se convierte en un ser necesario, ya que sin su música ninguno de los cantantes sobreviviría.

Horacio Acosta es un tipo bonachón que anda con problemas y con deudas, pero en las noches va a cantar al bar, que se convierte en su refugio y donde él se consuela con sus canciones y nos devuelve algo así como una experiencia de vida, que es más que aquella noche fugaz que otorgan la compañía de sus canciones.

El italiano Walter Barberis se consuela en su cuarto y en su viudez con un estado de libertad, aunque condicionado con el légamo de su recuerdo, pero también de una soledad total que supura alegría junto a fotografías de su amada inmóvil y pensada.

Inés Arce conversa con su marido, y a los 56 años de matrimonio es una mujer plena en su vida cotidiana, le dicen la Calandria. Es una cancionista activa debido al timbre de su voz, y las canciones que modula ella le da un tono muy personal. La notamos caminar por las aceras y calles a la tienda para comprar el pan. Aparece en los ensayos de canto, enseñando sus discos a muchachos sorprendidos de su recorrido musical y de su memoria que les entrega con donosura.

Cristina de los Ángeles en su cuarto adornado con fotografías de Gardel y una urna cineraria con las cenizas de su madre. Ella es la persona de la cual sabemos más, la encontramos en algunos cafés. Ella es quien establece el contacto de estos músicos con la Imperial, músicos de otra edad que acompañaran, a los cantores y cancionistas mayores en una suerte para salir de su exilio dentro de la propia ciudad.

El otro cantor es Julio César Fernán que vive con su madre, en una relación como desgranada también de algún tango. Él es elegante y sobrio, a pesar de la adversidad, pero su madre siempre cree en él, en su talento. Julio César es el más reconocido. Ha viajado, ha recorrido su país, ha alternado con figuras grandes del tango como Rufino y Goyeneche, solo le falta un poquito de suerte ya que su voz y su expresión musical son las de un verdadero cantor.

A la muerte del Chino, que es quien convoca con su poder de seducción y alegría, su esposa Delfina y Omar Lauria quedan para dirigir el lugar pero reconocen que el Chino poseía ese don de ser el centro de su bar, cuando poco a poco cada uno de los asistentes se va yendo para quedar alojados en otros sitios de la gran ciudad.

Pero esta nostalgia queda reconfortada entre las voces que entregan sus diversos susurros y risas por parejas que se abrazan cómplices como con esa saudade de una unidad perdida. Visible desde el comienzo con Perfidia, que sale de Casablanca, ahora en italiano, en la voz de Walter Barberis que añade, luego, como los tangos hablan del desarraigo. Él mismo es un emigrante de otra ola que le dio lustre a la Argentina.  Se presagia en estos asistentes al bar una considerable gentileza debido a ese agasajo casi entre desconocidos. Una ingenua y agraciada complacencia llena la amistad que, como una comunión momentánea, convoca a través del diálogo y la música en estos estremecimientos tan disímiles que se deslizan y que arden con el licor llevado por la música, en este caso los tangos. Entonces sabemos que la ternura ruge a través de haber llegado a este sitio desde puntos diversos de la ciudad, posta para pastar en la noche.

Esta película, con su último aplauso, es la oportunidad suprema. Casi la última oportunidad, que es notoria para la representación de cada uno de los músicos que, como náufragos de sí mismos, aún mantienen la fe intacta en su ilusión de triunfar. De ahí que la cita que se da en el Teatro Colonial, se constituye en ese momento indispensable ya que ellos, luego de la salida del Bar el Chino, llegan a un punto de fuga con la necesidad de buscar otra forma de que los reflectores los iluminen en su anonimato. Ya en sus ensayos enseñan su talento para ser nombrados en otro ámbito. Hay una colisión amable entre dos generaciones de músicos. Aquellos de ahora, de la Orquesta Típica Imperial, jóvenes que tocan sus instrumentos, piano, bandoneón, contrabajo, que mantienen su deseo de iniciar un camino, pero aun no han poseído la ciudad y sus avatares. Y en la otra orilla, aquellos que, con su voz, y su pasión por el canto, van a ser acompañados por esta orquesta, y que ya sabemos han padecido toda la suerte de ser relegados.

Estos dos grupos de creadores son la síntesis de un momento muy peculiar, lejos de la vida cotidiana con sus colores apagados, que define el tiempo efímero a la espera de que su arte vuelva a renacer. Ambos desean eternizarse bajo la impronta de este encuentro en la que existirán a través de estas actuaciones. Esta aproximación no es solo un medio de acceder a su arte, sino más bien de volverlo asequible para establecerse en ese filo que, como un ultimátum, escapa a la vida de los cantores. De ahí que estos adquieran cierta idealización por triunfar que es el deseo de eternizarse en una melodía, para que mediante ella se capte lo primordial que es esa coincidencia, no como personas de edades disimiles en sus fronteras y en la vida que cada uno ha vivido como un reflejo, sino en ese momento donde armonizan y saben que la música, el tango, reside en ellos, como una presencia fuerte que socava ese momento donde las edades quedan vueltas trizas porque la sobrevivencia de su arte es lo que fulgura.

El último aplauso es un retrato en dos tiempos que hemos ido dibujando hasta cuando caemos en cuenta que, ambos grupos de artistas, poseen su parecido: la utopía por la música como exaltación donde funden sus quehaceres. De ahí que esta semejanza comienza a plasmarse así sea en su diversidad de conceptos, ya que al fin quedará el regusto de saber que se ha dado una posibilidad donde unos continuarán y otros se apagarán sin haber logrado ese destello donde flota el ensueño de haber mostrado, testigos duraderos, que no pasaron de largo bajo una existencia gris y común sino en pos de su arte.

Buenos Aires está en German Kral, imperecedera y presente, sorpresiva y perdurable. Él mismo lo dice en otra de sus películas, Imágenes de la ausencia, como el paisaje del plano propicio para responder a las preguntas sobre sus padres. Por eso su lejanía en Alemania la convierte en algo más urgente, donde la convicción y el poder de la nostalgia, lo sacuden y lo llevan a conjeturar y a buscar y a regresar a su ciudad amada de la mano de la poseía de Borges y con Volver, cuando Gardel le recuerda que Buenos Aires no es una quimera sino su paraíso presente, recuperado en tres de sus películas. La otra es Un tango más.

Kral ha indagado el otro rostro del profundo Buenos Aires, donde fulguran aquellos cantores que continúan su labor en pequeños bares, lejos de las crónicas en los diarios, y de las citas en el plató de la tele, pero que perviven debido a su exaltación por cantar que se ha apoderado de ellos como una fatal ilusión. De ahí que esta película describa ese estremecimiento de la noche y del alba como un homenaje a estos artistas que desde la misma lejanía los aplaudimos en ese silencio mutuo al saber de su lucha, de su talento, en esa valerosa dentellada a la existencia.




viernes, 16 de octubre de 2020

Bello Tango Club

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Bello Tango Club

Víctor Bustamante

Un grupo de amigos ha decidido reunirse para algo: escuchar tangos y discernir sobre los avatares que cubre el aporte de sus cantores y cancionistas, de sus letristas y orquestas: sus talentos. Ese grupo sabe que esa música ha llegado desde hace muchos años y se ha instalado en cada café y en cada bar. En esos bares de donde sale esa música que los atrapa o cuando en la atmósfera del interior los sentidos necesitan sentir más lo que es esa música que los acerca, no solo con unas buenas copas y el humo del cigarro sino con algo cierto, la vida que se diluye en ellos que se define para definir su esencia mientras los escuchamos. Pero ahora para ellos, en el Café de los Angelitos que es sede, la hacen suya cada mes cuando deciden salir de sus actividades cotidianas para vivir una tarde y una noche con lo que más les apetece, buscar el tango, sentirlo, vivirlo, sufrirlo, ya que quien busca el tango debe estar listo para someterse a sus dicterios, es decir a cultivarlo en su cercanía más profunda.

En el Café de los Angelitos, punto de encuentro larga unión y cercanía con el café mítico del gran Buenos Aires donde Gardel asistía con su barra de amigos, pero desde aquí, desde la memoria los que asistí, asistimos, son aquellas personas del Bello Tango Club que glosa su memoria y la hace presencia al quedarnos atrapados en ese tiempo de la música popular más elaborada y que aún mantiene su tacto y su exquisita armonía.

La sede de estos soñadores está situada en Bello, no es raro que sus encuentros busquen administrar y dominar, y, sobre todo, acercarse a la profundidad del tango, de sus temas, ya que ellos se han convertido en su morada.  Esta morada, interior, es realmente un estado de ánimo que los define y está construida por las indagaciones particulares de cada uno de ellos, que son sus gustos, sus colecciones, sus escritos, y aquí coinciden para compartir sus cercanía, ya que al cada uno de traer sus investigaciones, sus teorías para entrecruzarlas con las de sus contertulios, ya que en su morada interior, como he dicho, la música los ha llevado por sinuosos caminos hasta salir al lugar donde se comunican en ese centro , el café y donde las pulsaciones al calor de unos vinos caldean el ambiente.

En ellos hay, sobre todo, una intersección, un leitmotiv, que perdura y es la amistad. Sí, en esta tertulia la amistad rezuma en ese compromiso de buscarse entre ellos mismos para asistir y compartir secciones de música, mientras las calles de Bello escalan la tarde y la noche misma.

De ahí que Lilian Bonilla, Gladys Elena Castrillón, Gloria Vásquez, Beatriz Crespo, Pacho Duque, Luis Argiro Tobón, propongan y mantengan otro espacio para el tango.

 

miércoles, 14 de octubre de 2020

Luisa Mirenda esposa de Roberto el Polaco Goyeneche / Jenaro Briñón

 




Luisa Mirenda esposa de Roberto el Polaco Goyeneche / Jenaro Briñón 

Me acabo de enterar de la partida de Luisa Mirenda, esposa de Roberto El Polaco Goyeneche hace un rato. Mi sentimiento de pena a toda su querida familia. Siempre la llevaré en mis recuerdos, una persona muy especial. Adorable .... Bendiciones a toda su familia. Abrazo sentido desde el otro lado de la cordillera


martes, 13 de octubre de 2020

La Caravana de Gardel Carlos Palau/ Festival Tango Pereira / 2020

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 De Fernando Cruz Kronfly 

Carlos querido.

Volví a ver, por Telepacífico, la Caravana. Mucho mejor que la primera vez, pues tuve modo de detenerme en ciertos detalles. Quedé fascinado. Definitivamente, es un inmenso logro cinematográfico. Seré breve:

La fotografía es espectacular. Los primeros planos de esos rostros tan expresivos, que transmiten la absolutamente necesaria impresión de la verdad. Son rostros verdaderos. En el arte, esto se llama verosimilitud, es decir, creíbles.

El color sepia. Esta película tiene un color sepiado que transmite el tono de lo que está pasando. Bellísimo. Los colores tienen un mensaje inconsciente para el espectador. Jerala, un tío mío por el lado materno, íntimo de tu padre en Cartago, ya en la cama del fin de su vida, me pidió un día que le permitiera leer la novela en el manuscrito, cuando todavía no se había impreso. A los ocho días fui a visitarlo y ya la había leído. Le pregunté qué había sentido, exactamente así, sentido, y me respondió: es una novela entre sepia y violeta.  Quedé estupefacto. Y mandó traer dos coñacs. Los colores son definitivos al tono y clima del cine. Fue un acierto. Esos colores están en la novela.

Otro punto es el de los paisajes. ¡Qué belleza! La naturaleza aplastante de nuestro país. También absolutamente necesaria a la película, en razón de la historia narrada. Color, sumado al entorno natural. Y a la verdad de los rostros de los personajes que van desfilando, por Damasco. Y esa voz de la Gardelita, ese rostro suyo cantando. Y esa otra bandida vieja que canta "Cicatrices". Yo fui quedando no sólo fascinado sino conmovido. Me arrugué.

Y luego esas escenas de Buenaventura. Me ericé. Esos cantos, esos rostros, esas sombras. Y el barco en el mar.

Y esa canoa detrás, de un boga solitario, dando a la escena esa verdad. No sabes, quizás, el peso y el arraigo a la verdad que este boga le agrega a la escena.

Y el entierro. Mejor dicho, esos rostros, esa Gardelita. Y la superposición de las fotos viejas. Ese entierro es espectacular. Esa colina, esa tierra que cae, que golpea. Y, finalmente, esa lenta bajada por la colina, todos callados, todos con su personal dolor. No hablan entre ellos, separados bajando cada quien en lo suyo. Otra gran verdad de la película.

Entonces, Carlitos y Ángela, reciban mi abrazo desde la cordillera. Un gran logro, definitivamente. Y esta es la razón para que la Caravana se vuelva la caravana que merece ser, por las ciudades y los pueblos del mundo. Ya lo verán, el tango no muere. Está en Perfume de mujer, está en Marlon Brando y en grandes películas del mundo. Porque el tango es lo más humano que he oído en mi vida.

 

Gran abrazo.

 

Fernando








lunes, 12 de octubre de 2020

Eduardo Escobar y el tango


Eduardo Escobar (Fotografía de Ferico Bayona)

 

Leí que le gusta mucho el tango. ¿Qué es lo que le atrae de esa música?

El tango es una música muy apreciable para mí. Reconozco que hay montones de  tangos mediocres, que  a veces incluso ofenden con sus letras matreras de presidiarios  y puterías… Pero el bandoneón y en general la conformación de las orquestas de tango, tienen unas cualidades que recuerdan la mejor música europea… Pugliesse, Varela, Mederos, Salgán… A veces me traen a la memoria a Bela Bartok… Son músicos muy exigentes, los creadores del mejor tango, Darienzo, en fin… Fresedo. Y entre los cantantes, hombres y mujeres, que se han distinguido aunque no sean muy populares, hay algunos inolvidables. Y claro, entre los letristas algunos alcanzaron una cierta poesía muy particular, como en los grandes tangos clásicos que cantaron el polaco Goyeneche y los otros de la enorme coral de trasnochadores. Troilo, es indudablemente un músico fabuloso. En Colombia por lo general se oye mucho el tango malo… Pero hay cenáculos donde se rinde culto al buen tango.

(Tomado  de Entrevista a Eduardo Escobar: “Quién sabe si las máquinas acabarán por escribirnos la poesía que necesitamos”  realizada al poeta por Julian Berenguel para Letras Libres, sep 21 / 2020) 

  

viernes, 9 de octubre de 2020

La Caravana de Gardel en el IX Festival Tango de Pereira

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La Caravana de Gardel en el IX Festival Tango de Pereira Se presentará el 17 de octubre a las 2 y 30 de la tarde.

Valoración de la Caravana de Gardel

“La película empezó a ser vista por un círculo de personas que estudian y siguen la vida de Carlos Gardel, sobre todo en Uruguay y en Argentina. Yo incluso recibí varias llamadas de historiadores que me felicitaban por la película y que, además, me decían que esta era la última página que le faltaba a la historia de Gardel. Fue a raíz de esa popularización que tuvo la película en esos países, que a mí me contactaron para presentarla en Los Ángeles, en un evento organizado por la Alfie Martín junto con su Teatro de las Artes y la Asociación de Argentina de Los Ángeles en EE. UU., y por el Estado de California”, dijo Palau, quien actualmente se encuentra en Cartagena haciendo parte del equipo de producción de un documental español.

Carlos Palau, El País, junio 5, 2018

El largometraje de ficción fue estrenado para la conmemoración de los 80 años de la muerte de Gardel y cuenta con las actuaciones estelares de Ramón Marulanda, Alejandro Aguilar, Yuri Vargas, Hernán Pablo López, Gloria Acevedo "La Gardelita", Julio Pachón, Tatiana Arango, Julio Rueda, Adelaida Mejía, Sandra Fernandez, David Paez, Nicole Quintero, Carlos Velasquez, Isabel Cristina Restrepo y las voces de David Gutierrez, Gloria Acevedo y María Helena Montoya. Fotografía y cámara, Tyron Gallego. Colorización, Alex Quezada.

14 y medio. Eventos culturales

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La película tras ser conocida en Argentina y Uruguay por estudiosos de la vida de Carlos Gardel y amantes del tango, fue exhibida y objeto de homenaje en la Asociación Argentina de Los Ángeles, California.

Allí, obtuvo el reconocimiento del público y la prensa por su fotografía, buen casting, gran producción y sobre todo, por la musicalización que traslada al espectador al tango de los años 30 del siglo pasado.

Tras su paso por Bogotá para la exhibición de la cinta en el Auditorio Calle del Agrado gracias a la Procuraduría General de La Nación, Palau converso con Bogotango.com sobre su trayectoria, su encuentro y pasión por el tango, anécdotas y realización de La Caravana de Gardel.

Bogotango

La emotividad con la que habla Carlos Palau esconde una profunda decepción. El director de cine caleño dice que La caravana de Gardel, la película que se estrenó en Medellín hace cinco años con ocasión del aniversario número 80 de la muerte del Zorzal Criollo, no fue distribuida con la suficiente fuerza en Colombia por culpa de la discusión en la que se enfrascó con la exministra de Cultura Mariana Garcés. “El reconocimiento que la película no ha tenido en este país por fortuna sí se ha sentido en el exterior”, dice.

El Espectador, 15 de enero 2020

La cinta tuvo un ciclo de rodaje de 25 días y una etapa de posproducción de siete meses en Cali. Contó con las actuaciones de Ramón Marulanda, Alejandro Aguilar, Yuli Vargas, Adelaida Mejía, Tatiana Arango y Julio Pachón. “No vemos a Gardel, él ya está muerto”, comenta el realizador.

En su lugar, además de configurarse como una película de carretera (road movie), el filme intenta revivir una pasión que por mucho tiempo tuvo un protagonismo especial en la cultura colombiana.

“Nos muestra un mundo antes de que llegara la música antillana, el bolero y la salsa a Colombia”, explica este realizador que en 1979 dirigió Lunfardo, una película que se ambientó en Manizales y que fue su primera muestra de amor hacia el tango.

Andrés Hoyos, El Tiempo, 20 de junio 2015



miércoles, 7 de octubre de 2020

Gloria Lucía Vásquez y su pasión por el tango

 

Gloria Lucía  Vásquez

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Gloria Lucía Vásquez y su pasión por el tango

Víctor Bustamante

Gloria es una persona habitual en los diversos eventos de tango. La he visto muy segura en el Homero Manzi, como si el tango le donara esa movilidad que la destaca cuando habla de una manera apasionada de sus canciones, de sus autores, de sus cantantes preferidos. Nunca de lo que más conocido. Lo popular, lo que más se escucha no le preocupa como insiste, lo que la lleva a ser exigente en esta materia. Y no es para menos, desde muy joven ha vivido el tango de una manera muy peculiar, y, cuando digo peculiar es porque le gusta asistir a los barcitos o cafés donde siente la atmósfera y a los tangueros mascullando sus tardes y noches cubiertas de cierto oasis persiguiendo con un trago fuerte las melodías que siempre los ha acompañado.

También Gloria ha abordado con seriedad investigaciones musicales. Una de ellas sobre Roberto Firpo, leída una tarde del 2008 en la Casa Gardeliana. Es notorio en ella esos momentos de escucha para indagar aquella memoria del tango que poco se menciona y no se escucha, con el propósito de mantener vivo el interés por este tema tan caro a ella.

¿Y cómo no escucharla?, si conversando con ella se explaya en compartir aquellos instantes del tango que más la obseden como una pasión, nunca como un malabar teórico de aquel que dice saber y no comparte y eso sí sin esgrimir las terminologías de una pasión, por lo demás muy fidedigna y siempre en movimiento, que enseña para nuestro conocimiento. En este sentido su palabra no es neutral sino apasionada, debido a esa razón de saber que al tango merece darle la tesitura necesaria para valorarlo en su intensidad, no en su arqueología sino también en su contemporaneidad.

 A Laborde, a Echague, a Floreal Ruiz, los sitúa como una presencia. Digámoslo sosegadamente: hay que festejar su indagación y permanencia para comprenderla, y el que pudiera tener curiosidad por un mero movimiento de cercanía, vería en ella, en su acendrada pasión por esta música como se entrega a la inmensidad de ese archivo musical que entre más se indaga se llena más de curiosidad por esa construcción de una música que pervive, a pesar del temor que a veces esgrime ante los pocos lugares habituales que existen para escuchar tangos. Eso sí teniendo en cuenta ese interrogante, cómo un país lejano de los centros de poder en el mundo, París y Nueva York, ha creado una música soberbia, que siempre será un vintage, mejor un clásico, lleno de esplendor, que atesora en esa combinación de letristas y músicos dentro del discurrir cotidiano y nocturno apresado en el profundo corazón del tango.

Sus amigos de Bello Tango Club la han acogido, y, allí con ellos, mantiene intacto su gusto, el encuentro, las citas cada mes, en la definición de que las melodías la mantienen viva, lejos de los murmullos y la ferocidad de algunas músicas actuales que no socavan la riqueza del tango.

Su finesse y seguridad la han llevado a sentirte orgullosa de su buen oído. Le basta escuchar una orquesta para discernir entre los diversos instrumentos, el bandoneón, el contrabajo y la línea de los violines, a quién pertenecen las manos sagaces que caminan sobre las teclas blancas y negras del piano. Esa peculiaridad ella no la adivina, sino que la detecta y la presiente de tanto conocerlos al oírlos. Pero no se ha dado cuenta de algo que la nombra, su timbre de voz, y es que cuando comenzó a cantar “Déjame así”, siguiendo la voz melódica de Floreal Ruiz. En este instante ella reveló con su voz el sentimiento de alguien a quien el tango estremece.