San Francisco, 1913: cuando
el tango salió a la calle
A
comienzos del siglo XX, el tango emprendió un viaje extraordinario. Salió del
Río de la Plata, atravesó el Atlántico, escandalizó y fascinó a París y terminó
convirtiéndose en una de las grandes novedades internacionales del baile. Pero
mientras Europa sucumbía a la llamada tangomanía, al otro extremo del
continente americano ocurría una historia menos conocida.
San Francisco también descubría el tango.
En 1913, la ciudad californiana vivía una verdadera fiebre por el baile. Eran los tiempos del Turkey Trot, el Texas Tommy y otras danzas que aparecían y desaparecían con enorme rapidez. Academias, hoteles, cafés y salones competían por enseñar la última novedad, mientras autoridades y asociaciones de profesores discutían dónde terminaba el baile y comenzaba la indecencia.
La
discusión no era únicamente estética.
San
Francisco tenía entonces uno de los barrios nocturnos más célebres de Estados
Unidos: Barbary Coast, un territorio de cabarets, salas de baile,
música, alcohol, marineros y personajes llegados de todos los rincones del
mundo. Allí las nuevas danzas encontraban rápidamente una pista donde probar
fortuna.
El tango
apareció en medio de aquella efervescencia.
Veinticinco maneras de bailar tango
El 13 de
agosto de 1913, la Pacific Association of Teachers of Dancing celebró
una reunión en San Francisco. Los profesores estaban preocupados por algunas de
las danzas que se habían puesto de moda y no ahorraron críticas contra aquellas
que consideraban vulgares.
Sin
embargo, hicieron una excepción sorprendente.
El tango
argentino era otra cosa.
Según la
información publicada al día siguiente por The Morning Oregonian, los
profesores lo consideraban una danza respetable. Algunos declararon incluso que
enseñaban veinticinco pasos diferentes de tango, a los que calificaban
de bellos y elegantes.
El
detalle es revelador.
Para
agosto de 1913 el tango no era en San Francisco simplemente una palabra exótica
que aparecía en los periódicos. Si existían profesores capaces de ofrecer un
repertorio de pasos para enseñarlo, la danza ya había ingresado en las
academias y comenzaba a formar parte de la vida social de la ciudad.
Pero
había otro tango.
Era el
que se mezclaba con la noche de Barbary Coast.
Una cámara frente al tango
Ese mismo
año las autoridades emprendieron una ofensiva contra algunos establecimientos
nocturnos del barrio. Parecía que todo un mundo estaba a punto de desaparecer.
Dos
hombres vinculados al naciente negocio cinematográfico, Sid Grauman y Sol
Lesser, tuvieron entonces una idea formidable: filmarlo.
La película recibió un título casi funerario: Last Night of the Barbary Coast.
Se
trataba de una producción de dos rollos que pretendía conservar imágenes de
aquella vida nocturna. Una descripción contemporánea de la película hablaba de
multitudes entrando en los cafés y de escenas tomadas en las pistas de baile.
Entre las
danzas registradas se mencionaba el tango.
La
película se considera perdida.
Un
investigador ha relacionado un fragmento cinematográfico superviviente con aquella
producción; las imágenes muestran el Texas Tommy. Eso no permite afirmar
que las escenas de tango hayan sobrevivido.
Y
precisamente ahí comienza el misterio.
En algún
rollo desaparecido de Last Night of the Barbary Coast pudieron quedar
hombres y mujeres de 1913 bailando tango frente a una cámara en San Francisco.
Si esas
imágenes existieron tal como las describieron sus contemporáneos, hoy parecen
haberse perdido.
Del escándalo a la calle
La
historia tuvo un giro inesperado al finalizar aquel mismo año.
El 28 de
diciembre de 1913, el periódico The Sunday Oregonian publicó una crónica
sobre la extraordinaria pasión por el baile que se había apoderado de San
Francisco.
La ciudad
estaba, según aquella expresión periodística, “dance crazy”.
Y la
fiebre había abandonado los salones.
San
Francisco comenzó a experimentar con bailes públicos en sus calles. En
Clement Street se realizó uno de aquellos encuentros, con música y espacio
dispuesto para que hombres y mujeres convirtieran momentáneamente la vía pública
en una pista.
Entre las
danzas mencionadas por la crónica estaba nuevamente el tango.
Y para la
celebración de Año Nuevo se proyectaba algo todavía mayor en Grant Avenue.
La
transformación había sido vertiginosa.
En
agosto, los profesores discutían qué bailes podían considerarse respetables.
En
diciembre, el tango estaba en la calle.
Argentino,
parisino y californiano
Un
documento publicado al año siguiente ayuda a comprender qué estaba ocurriendo.
En 1914
apareció en Estados Unidos el manual The Tango and Other Up-to-Date
Dances. Su importancia reside en que no hablaba del tango como si se
tratara de una única danza homogénea. Diferenciaba las formas relacionadas con
la República Argentina, las versiones refinadas por los salones
parisinos y otras danzas modernas que circulaban por lugares como Barbary
Coast.
Era la
huella de un fenómeno internacional.
El tango
viajaba y, mientras viajaba, cambiaba.
Podía
salir de Buenos Aires, pasar por París, llegar a Nueva York o San Francisco y
adquirir allí nuevos movimientos, nuevas maneras de enseñarse y hasta nuevos
significados sociales.
San
Francisco resultaba especialmente apropiada para recibirlo. Era una ciudad
portuaria abierta al Pacífico, atravesada por migraciones, músicas y culturas
diferentes. Después del terremoto y el incendio de 1906 había reconstruido no
solamente sus edificios sino buena parte de su vida pública.
Y aquella
ciudad nueva quería bailar.
Antes de
1913
Hay todavía
una huella anterior.
Una
investigación académica sobre la circulación internacional del tango remite a
una noticia aparecida en The San Francisco Call el 26 de septiembre
de 1912, evidencia de que la prensa de la ciudad ya prestaba atención al
fenómeno antes del explosivo año siguiente.
Eso
obliga a mirar con cuidado la cronología.
No
podemos decir que el tango llegó a San Francisco en 1913.
Ya estaba allí.
Lo que
permiten observar los documentos de 1913 es algo quizá más interesante: el
momento en que dejó de ser solamente una novedad extranjera y comenzó a
incorporarse a la cultura urbana de San Francisco.
Lo
enseñaban los profesores.
Lo
discutían las asociaciones de baile.
Lo
bailaban en los salones.
Una
cámara cinematográfica intentó registrarlo.
Y
finalmente apareció en las calles.
A miles
de kilómetros de Buenos Aires, frente al océano Pacífico, el tango había
encontrado otro puerto.
Queda,
sin embargo, una imagen que probablemente nunca veremos.
Una pista
de Barbary Coast.
Una
cámara girando.
Varias
parejas bailando.
Y,
encerrado en una película desaparecida de 1913, un tango perdido de San
Francisco.
….
Víctor Bustamante
Investigación y texto
Asesoría documental: Clarita de Bustamante
Fuentes
consultadas
1. The Morning Oregonian, 14 de agosto de 1913, p.
3. «Dancing Teachers Put Ban on Rag». Información sobre la
reunión de la Pacific Association of Teachers of Dancing en San Francisco y el
tango argentino. Ver ejemplar digitalizado
2. The
Sunday Oregonian, 28 de diciembre de 1913, p. 54. Crónica sobre la fiebre del
baile y los bailes públicos en las calles de San Francisco. Ver ejemplar digitalizado
3. Hopkins, Albert W. (ed.). The
Tango and Other Up-to-Date Dances. Nueva York, 1914.
Manual contemporáneo de tango y otros bailes de moda. Ver edición digitalizada
4. Hall, Ben. «Prologue to
Hollywood: Sid Grauman and the San Francisco Origins of Tinseltown Spectacle». Bright
Lights Film Journal. Fuente para Last Night of the Barbary Coast y
las filmaciones de los bailes de 1913. Ver artículo





