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--- Carlos Gardel en Aruba
--- Víctor Bustamante
--- Hay viajes que parecen pertenecer al viajero y
otros que, después de muchos años, descubrimos que pertenecían al lugar por
donde pasó. Carlos Gardel estuvo en Aruba en 1935. Las biografías registraron
la escala y continuaron con él. Era inevitable: una biografía debe seguir a su
personaje como la sombra sigue al caminante.
--- Pero los
lugares no viajan, se viajan. Aruba permaneció allí. Y al permanecer conservó:
un teatro, un muchacho de diecisiete años, una esquina desde la cual alguien
recordaría haber visto llegar a Gardel, un hombre enano y jocoso, Max cargando
unas maletas. Las grandes historias suelen tener mala memoria para las maletas
y para quienes las cargan.
--- La
historia comienza, curiosamente, con una pianola. Eddy de Veer había recibido
una como regalo de bodas y un día decidió cambiarla por el equipo de proyección
de Nadi Henríquez. Aquel trueque doméstico contenía una pequeña alegoría del
siglo que comenzaba. De Veer entregaba una máquina que reproducía música y
obtenía a cambio otra que reproducía imágenes. En 1920 reunió madera y
ladrillos en el patio del antiguo Hotel Colombia, en Oranjestad. Arthur
Beaujon, amigo suyo, lo ayudó con un generador improvisado. Aquella misma noche
hubo función. El cine era todavía mudo y muchos espectadores, procesión de
hombres y mujeres, caminaba por las calles de Oranjestad con una silla bajo el
brazo. Hay épocas en las que la modernidad llega con estrépito de locomotoras;
en otras llega modestamente, y cada cual debía llevar desde casa el asiento
desde el cual contemplar una película.
--- Después las películas aprendieron a hablar. Hacia
1930 De Veer trasladó su cine al patio de la casa de su tía Lica, entre
Steenweg y Nassaustraat. Esta vez había techo y había sillas. Nació el Teatro Gloria.
Para inaugurarlo se proyectó Sin novedad en el frente de Lewis Milestone, título
involuntariamente irónico en una isla donde casi todo estaba cambiando.
--- El
petróleo alteraba el ambiente de la isla. San Nicolás crecía junto a Lago;
llegaban trabajadores, mercancías y barcos. Con ellos arribaron también nuevos
deseos de entretenimiento. Surgieron salas cuyos nombres tenían algo de
promesa: Rex, Cinelandia, Rialto, Aurora, Gloria. El cine ofrecía mundos
lejanos a una isla que, gracias al petróleo y al mar, dejaba de ser lejana.
--- El
Gloria no era solamente cine. Antes de algunas películas había espectáculos en
vivo. La pantalla todavía no había conseguido expulsar al cuerpo del escenario.
Una noche podía contener una película y un cantante; la sombra proyectada y el
hombre de carne y hueso todavía podían alternarse ante el mismo público.
--- El fuego también formaba parte de aquella
historia. El 21 de enero de 1935 el Gloria ardió. Cinco días después el diario,
El Despertador, lo llamó una pérdida total. Eduard de Veer agradeció
públicamente a quienes habían ayudado durante el incendio y prometió
reconstruirlo. La obstinación es otra manera de contar la historia de los
cines. De Veer construía; el fuego destruía; De Veer volvía a construir.
--- Gardel todavía estaba lejos. Faltaban unos
cuatro meses para que llegara a Aruba.
--- En esos años se escuchaba desde Venezuela Radio
Caracas, también emisoras de Curazao, Cuba y Santo Domingo. Como los aparatos
de radio funcionaban con tubos, sus dueños los sacaban a la calle para
escuchar. También mediante automóviles provistos de altavoces o bocinas
recorrían las calles anunciando acontecimientos relevantes y publicidad.
--- Décadas después, Clyde Harms describió el
Gloria con la precisión de quien recuerda no un monumento sino un lugar vivido.
Cuatro altos muros de hormigón sostenían, sin llegar a tocarlo, un techo de
zinc montado sobre vigas de madera. Entre el final del muro y el comienzo del
techo quedaba aproximadamente un metro abierto para que circulara el aire. Era,
según la expresión sonriente de Harms, una especie de aire acondicionado
ecológico.
--- La arquitectura tropical posee algunas veces
una inteligencia que el progreso termina olvidando. El Gloria no combatía el
clima: negociaba con él. Dentro, una pequeña pared de madera separaba dos
mundos. En la parte más cara había sillas con asiento y respaldo tapizados. En
la galería, bancos duros, sin respaldo, semejantes a graderías. Todos
contemplaban la misma pantalla, pero la igualdad terminaba allí. Incluso frente
a las mismas ilusiones unos podían sentarse más cómodamente que otros.
--- En ese recinto franco para el paso del viento,
según la memoria arubeña, cantó Carlos Gardel. Harms recordaría además haberlo
visto llegar. Desde la casa de su abuela, en el cruce de Steenweg y Kruisweg,
contempló a Gardel y a su comitiva. Y recordó a Max, el enano jocoso, personaje
conocido en Playa, cargando las maletas. Las cronologías más sólidas llevan a
Gardel a Aruba el 28 de mayo de 1935. El error no invalida necesariamente el
recuerdo. La memoria posee una geografía más resistente que su calendario.
Puede perder el día y conservar durante medio siglo una esquina.
--- Una parte de la historiografía gardeliana habla
de una única actuación improvisada al aire libre. La tradición conservada en
Aruba sostiene que hubo dos presentaciones: una en el Royal Theatre de San Nicolás,
después conocido como Principal Theatre, y otra en el Gloria de Oranjestad situado
en Steenweg, cerca había un bar llamado Tango Bar. Según la recopilación de
Roberto Croes, los dos teatros estuvieron repletos.
--- Y entonces, mientras los documentos discuten
sobre teatros y fechas, entra en esta crónica un muchacho, Rufo Inocencio
Wever, que había nacido en 1917, en Wilhelminastraat. De niño recibió una
pequeña armónica. Su padre, sorprendido por la facilidad con que la tocaba, le
compró un piano. A los doce años Rufo ya lo dominaba; hacia los quince organizó
la Melody Band. Cuando Gardel llegó tenía diecisiete años. Las historias
locales dicen que Rufo tuvo oportunidad de actuar en su espectáculo y cantó
junto a él. No sabemos qué interpretó. No sabemos si acompañó a Gardel o
apareció en otro momento del programa. Tampoco conocemos todavía con seguridad
qué canciones cantó Gardel.
--- En la
isla prevalecían ritmos como el vals, la mazurca y la polca, y más tarde recibieron
influencias afroaribeñas. Aun así, aceptaron a Gardel, a pesar de que el tango
es muy melancólico, pero bailarlo daba ese toque sensorial que impresionaba.
--- En aquel
mismo 1935 Rufo fundó Los Trovadores
Tropicales, junto con Harold Hopmans, Carlos Booi, Juan Croes, Clemente
Lacle y Shemmy Coronel. Una fotografía conserva a los seis con sus
instrumentos, vestidos de gauchos para una posteridad que ellos probablemente
no imaginaban. La memoria musical arubeña relaciona la formación del grupo con
aquella experiencia junto a Gardel. Ese mismo año Rufo compuso Arubanita.
Mucho después llegarían centenares de composiciones, la música para Caha di orgel, y, junto con Padu
Lampe, la obra ligada a Aruba Dushi Tera, que acabaría convertida en
himno nacional. (Caha di orgel es
una caja de resonancia de madera (usualmente caoba) con cuerdas y un cilindro
giratorio lleno de clavos pequeños. Para su funcionamiento se acciona girando
una manivela que hace mover el cilindro; por lo general, se acompaña tocando el
instrumento de percusión llamado wiri).
--- Gardel
dejó además otras huellas, menos solemnes y por eso quizá más reveladoras.
Algunos hombres de Aruba comenzaron a imitar su manera de vestir y de peinarse.
Se recuerda una pomada para el cabello llamada Gardel y un personaje conocido
como Coco Gardel, así como a Tali López que cantaba tangos de Gardel.
Paradójicamente la gloria posee también esas formas humildes. Puede sobrevivir
en una estatua, pero también en un frasco de brillantina. Los grandes hombres
aspiran al mármol; la vida cotidiana los convierte en peinados. Quizá aquello
explique mejor la dimensión popular de Gardel que muchas páginas dedicadas a
proclamar su notoriedad. Su presencia podía reproducirse. Un joven podía copiar
su cabello, otro su sombrero, otro intentar cantar como él. Gardel ya había
llegado a Aruba mediante discos, fotografías y películas antes de que él llegara.
--- Cuando
finalmente apareció, los arubeños ya lo conocían. Y después volvió a aparecer
el fuego como una premonición. Harms escribió que el Gloria se incendió
nuevamente en 1935, poco después de que Gardel hubiera cantado allí. La prensa,
sin embargo, documenta el gran incendio del 21 de enero, anterior a la visita.
--- El
edificio ardió varias veces y quizá, con los años, las llamas terminaron
mezclándose en una sola memoria. El recuerdo no es un archivo; tampoco pretende
serlo. Superpone habitaciones, rostros y fechas como una ciudad que construye
una casa sobre los cimientos de otra.
--- También en
esto las versiones discuten. Una reconstrucción hace llegar a Gardel a Aruba
por mar mientras parte de su comitiva viaja en avión y sostiene que el regreso
a Curazao en el Fokker F.XVIII Snip fue su primer vuelo. El viaje de
Curazao a Aruba, de más de 100 km, Gardel lo realizó en una pequeña embarcación
a motor para evitar subirse a un avión. El largo viaje, en medio de una
persistente marejada, le produjo algunas molestias físicas. Hay tres
fotografías en el aeropuerto de Aruba donde Carlos Gardel se nota fumando
cigarrillo a lo mejor como si estuviera preocupado para su regreso a Curazao.
En una carta anota que le pagaron 900 dólares y que en Aruba y en Curazao lo
llamaban el patrón.
En la calle Wilhelminastraat, cerca de tienda Habibe, hubo un hotel que
funcionaba en este edificio: el Hotel Bontekoe. Su nombre original era Hotel
Palacio. Quizás muchos desconozcan que Carlos Gardel, el popular cantante
argentino de tango, se alojó allí en 1935.
……
Fuentes de investigación:
-Roberto
G. croes en Facebook
-Nos
historia nos herencia en Facebook
-Necco
Carlomagno, Gustavo Víctor. “A 80 años del bautismo del aire de Carlitos
Gardel: 28 de mayo de 1935”. Gaceta de la
aviación, n.º 41, Montevideo, diciembre de 2015.
- La jornada, Aruba
-La Prensa (Buenos Aires). “La última
gira de Gardel, una marca a fuego, inolvidable”. reconstrucción de la gira de
1935; registra la llegada en embarcación y una única presentación improvisada
al aire libre en Aruba.
-Acosta, Ramsay. «Carlos Gardel y la música popular
de Aruba», un día farandulero en Aruba hace 75 años, Bon día Aruba, lunes 31 de mayo de 2010.




