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| Agustín Irusta |
Agustín Irusta en Medellín,
1973
Víctor Bustamante
En octubre de 1973, Agustín Irusta llegó a
Medellín. El cantante, actor y compositor argentino venía precedido por una
trayectoria de varias décadas en el tango, el cine y la canción popular. Su
presencia en Colombia quedó registrada por el periodista Félix Marín Mejía
en una nota publicada por El Tiempo el 7 de octubre de aquel año.
Marín Mejía presenta a Irusta como una de las
figuras que habían contribuido a dar prestigio internacional al tango y recuerda
especialmente la célebre asociación artística formada por Agustín Irusta,
Roberto Fugazot y Lucio Demare.
La historia de aquella unión comenzó en España.
Según recuerda el artículo, Irusta y Fugazot se encontraron allí con el
pianista y compositor Lucio Demare y de ese encuentro nació el trío Irusta–Fugazot–Demare,
una formación que alcanzaría gran popularidad.
Del
tango al cine
Irusta había iniciado su carrera como actor
aficionado y posteriormente se incorporó al mundo profesional. Su trayectoria
no se limitó al canto: pasó también por el cine y llegó a participar en
numerosas películas.
El artículo recuerda títulos como Puerto Nuevo,
La otra, Dandy y El hombre que se hizo malo, además de
otras producciones realizadas durante su carrera cinematográfica.
Su relación con el tango fue igualmente extensa.
Marín Mejía evoca su actividad como compositor y menciona, entre otros títulos,
“Mi fortuna”, “Mañanitas de campo”, “Rosa peregrina”, “Dos
caminos” y “Te quiero”.
A lo largo de los años, Irusta alternó así
distintas facetas: cantante, compositor y actor. El escenario, el disco y el
cine formaron parte de una misma carrera artística.
El
recuerdo de Gardel
En la conversación recogida por Marín Mejía aparece
inevitablemente Carlos Gardel.
Irusta recordaba al cantor como un hombre de
extraordinaria personalidad. La admiración que expresa no se limita al artista:
habla también de su sencillez y de su trato humano.
Ese recuerdo permite entrever una época en la que
las figuras fundamentales del tango todavía pertenecían a una memoria vivida.
Para Irusta, Gardel no era solamente un nombre convertido en leyenda: había
sido una presencia real dentro del mundo artístico que él mismo había conocido.
Irusta
en Colombia
Para 1973, la relación de Agustín Irusta con Colombia
no era nueva.
Marín Mejía señala que el artista había visitado
anteriormente el país y menciona presentaciones en ciudades como Bogotá,
Medellín, Manizales y Pereira. También recuerda recorridos por otros países
latinoamericanos.
En esta nueva visita, Irusta llegaba nuevamente a
Medellín como una figura perteneciente a una generación histórica del tango.
Su presencia tenía, por ello, un significado
particular. El público colombiano había construido durante décadas una relación
intensa con la música rioplatense, y Medellín ocupaba un lugar privilegiado
dentro de esa historia.
Una
conversación en Medellín
Más allá de la enumeración de películas, canciones
y escenarios, el artículo de Félix Marín Mejía conserva algo especialmente
valioso: la impresión personal que produjo Irusta durante aquel encuentro.
El periodista encontró a un artista alejado de la
solemnidad que podía acompañar a una figura de su trayectoria. Lo describe, en
esencia, como un hombre sencillo y cordial, dueño de una conversación profunda.
Ese pequeño retrato quizá sea uno de los aspectos
más interesantes del documento.
En 1973, Agustín Irusta ya llevaba tras de sí una
larga historia artística. Había conocido escenarios, estudios cinematográficos,
grabaciones, giras y públicos de numerosos países. Sin embargo, el hombre que
llegó a Medellín aparece en la crónica despojado del personaje: conversando
tranquilamente y recordando episodios de una vida dedicada al tango.
Hoy, más de medio siglo después, aquel recorte de
prensa adquiere otro significado.
No documenta únicamente la visita de un cantante
argentino.
Documenta también uno de los encuentros de
Medellín con la memoria viva del tango.
Fuente histórica: Félix Marín
Mejía, artículo sobre Agustín Irusta, El Tiempo, 7 de octubre de 1973.
Investigación y texto: Víctor Bustamante.

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