jueves, 30 de abril de 2026

Agustín Irusta en Medellín / Víctor Bustamante.

Agustín Irusta
 


Agustín Irusta en Medellín, 1973

Víctor Bustamante

En octubre de 1973, Agustín Irusta llegó a Medellín. El cantante, actor y compositor argentino venía precedido por una trayectoria de varias décadas en el tango, el cine y la canción popular. Su presencia en Colombia quedó registrada por el periodista Félix Marín Mejía en una nota publicada por El Tiempo el 7 de octubre de aquel año.

Marín Mejía presenta a Irusta como una de las figuras que habían contribuido a dar prestigio internacional al tango y recuerda especialmente la célebre asociación artística formada por Agustín Irusta, Roberto Fugazot y Lucio Demare.

La historia de aquella unión comenzó en España. Según recuerda el artículo, Irusta y Fugazot se encontraron allí con el pianista y compositor Lucio Demare y de ese encuentro nació el trío Irusta–Fugazot–Demare, una formación que alcanzaría gran popularidad.

Del tango al cine

Irusta había iniciado su carrera como actor aficionado y posteriormente se incorporó al mundo profesional. Su trayectoria no se limitó al canto: pasó también por el cine y llegó a participar en numerosas películas.

El artículo recuerda títulos como Puerto Nuevo, La otra, Dandy y El hombre que se hizo malo, además de otras producciones realizadas durante su carrera cinematográfica.

Su relación con el tango fue igualmente extensa. Marín Mejía evoca su actividad como compositor y menciona, entre otros títulos, “Mi fortuna”, “Mañanitas de campo”, “Rosa peregrina”, “Dos caminos” y “Te quiero”.

A lo largo de los años, Irusta alternó así distintas facetas: cantante, compositor y actor. El escenario, el disco y el cine formaron parte de una misma carrera artística.

El recuerdo de Gardel

En la conversación recogida por Marín Mejía aparece inevitablemente Carlos Gardel.

Irusta recordaba al cantor como un hombre de extraordinaria personalidad. La admiración que expresa no se limita al artista: habla también de su sencillez y de su trato humano.

Ese recuerdo permite entrever una época en la que las figuras fundamentales del tango todavía pertenecían a una memoria vivida. Para Irusta, Gardel no era solamente un nombre convertido en leyenda: había sido una presencia real dentro del mundo artístico que él mismo había conocido.

Irusta en Colombia

Para 1973, la relación de Agustín Irusta con Colombia no era nueva.

Marín Mejía señala que el artista había visitado anteriormente el país y menciona presentaciones en ciudades como Bogotá, Medellín, Manizales y Pereira. También recuerda recorridos por otros países latinoamericanos.

En esta nueva visita, Irusta llegaba nuevamente a Medellín como una figura perteneciente a una generación histórica del tango.

Su presencia tenía, por ello, un significado particular. El público colombiano había construido durante décadas una relación intensa con la música rioplatense, y Medellín ocupaba un lugar privilegiado dentro de esa historia.

Una conversación en Medellín

Más allá de la enumeración de películas, canciones y escenarios, el artículo de Félix Marín Mejía conserva algo especialmente valioso: la impresión personal que produjo Irusta durante aquel encuentro.

El periodista encontró a un artista alejado de la solemnidad que podía acompañar a una figura de su trayectoria. Lo describe, en esencia, como un hombre sencillo y cordial, dueño de una conversación profunda.

Ese pequeño retrato quizá sea uno de los aspectos más interesantes del documento.

En 1973, Agustín Irusta ya llevaba tras de sí una larga historia artística. Había conocido escenarios, estudios cinematográficos, grabaciones, giras y públicos de numerosos países. Sin embargo, el hombre que llegó a Medellín aparece en la crónica despojado del personaje: conversando tranquilamente y recordando episodios de una vida dedicada al tango.

Hoy, más de medio siglo después, aquel recorte de prensa adquiere otro significado.

No documenta únicamente la visita de un cantante argentino.

Documenta también uno de los encuentros de Medellín con la memoria viva del tango.


Fuente histórica: Félix Marín Mejía, artículo sobre Agustín Irusta, El Tiempo, 7 de octubre de 1973.

Investigación y texto: Víctor Bustamante.




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