Hace
pocos días, un fin de semana, en el Homero Manzi, la sorpresa, el encuentro con
Cristóbal Gómez Mosquera, cantante ecuatoriano, que en esta presentación nos
entrega algunos tangos en su hermosa voz.
Aquí en
esta corta entrevista el cantante nos enseña algo de su periplo por el canto, así
como su presencia en Medellín.
Como siempre
disfrutamos del Homero Manzi por esa intimidad y cercanía tan grande en el centro
de la ciudad, con una amabilidad presente, la de Javier Ocampo, su dueño.
Hay
una canción emblemática de Villafuerte, Tu duda y la mía. esta canción la he escuchada
hace muchos años en la voz de Olimpo Gardenias y nunca sabía nada de su autor. Hace
poco días un amigo peruano que reside en Medellín, Carlos Alfonso Rodríguez nos
habló de él, y no había mas motivo que invitarlo, y que Julio Cesar Villafuerte
vive en Medellín. En efecto asistió al programa en “Defensa de la palabra” y
constatamos de su amabilidad, de su talento y de haber compuesto algunas canciones
que siempre estarán ahí en el imaginario popular.
En
esta conversación realizada en el mes de mayo entre Gustavo Zuluaga, Carlos Alfonso
Rodríguez y Víctor Bustamante, Julio Cesar Villafuerte nos cuenta algo sobre su
discurrir musical, su presencia en Medellín y ese talento tan persona para la música.
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Julio
César Villafuerte Luzardo nació en Jipijapa, Ecuador. Siendo muy joven llegó a
Guayaquil a trabajar de locutor en un programa El Álbum de los Recuerdos, donde
conoció a Lucho Bowen y formaron el dueto Bowen Villafuerte. Grabaron en sello
Ónix y se convirtieron en la sensación juvenil del Ecuador. Después
del éxito, vinieron a Colombia contratados por La Voz de Antioquia, donde ya se
conocían éxitos de ellos como La pena de no verte, Mi Jipijapa querido, Vida de
mi vida y Tu duda y la mía, obras de la autoría del maestro Julio César.
Todo
esto se inició al comienzo de los años cincuenta y el dueto se disolvió en
1959, después de actuar en radio, teatros, televisión, escenarios de toda clase
y luego de dar miles de serenatas.
Después
de la separación del dueto Julio César Villafuerte formó el Trío Los Galantes,
donde lo acompañaban Aníbal Ramírez y Kiko Bejarano. Posterior a este trío
Julio César tuvo el cuarteto Julio César Villafuerte y sus tres señores; en
varias ocasiones el maestro también grabó como solista de guitarra y como
solista vocal; en esta modalidad tuvo mucho éxito con el bolero De cigarro en
cigarro y además con la ranchera Amor de una madre y el corrido Sin rumbo.
El
Último Tango en París (1972)
aun conserva su encanto. Hay tanto mundo, tanta coincidencia, y tanta fatalidad,
que cada que la veo de nuevo, no cabe duda que es la obra maestra de Bernardo
Bertolucci.
Paul porque, sí,
es Brando y Mary Schneider. Jane, encarnan una pareja que se encuentra casualmente
al buscar y coincidir en un mismo cuarto de un piso deshabitado a punto de ser
alquilado por alguno de ellos. Así se inicia una relación si ningún tipo de interés
sino del encuentro por sí mismo, nada los ata, no hay pasado, cada uno posee su
historia personal , pro en esos instantes nada interesa, solo poco a poco parecerán
rasgos de cada uno, pero lo interesa es la relación entre ambos, la curiosidad
inicial de ella y el dominio de él, que al final se cambiará ante la impaciencia
de Jane –
Además hay un
Paris como presencia, en las calles, bajo el viaducto del metr donde ellos
camina y una escena en una gran salón de baile done la pareja, sale a bailar y
se la pasan es viviendo la risa y la coincidencia de su amoríos, ahí es donde
subyace la música de Gato Barbieri el compositor de los casi cincuenta momentos
musicales de este filme.
Brando casado con
una mujer que le es infiel, vive su drama y la Schneider bella, y vital es la mujer
ideada, perfecta, la que se encuentra y no tiene ninguna historia, solo es lo que
se vive en esos momentos, además no pregunta nada, no se interesa por nada de perfeccionar
el desconocido a su manera, solo viven escenas de sexo sobre una casa nunca idealizada,
vacía, con algunos muebles cubiertos con sábanas blancas, puros fantasmas y
sobre el cálido piso de madera, yacen en esas tardes cuando el acercamiento
entre dos desconocidos es la máxima utopía que se realiza. Hay tanta vida en esa
pareja, que obligó a que ese filme se convertiría en una película de culto.
La leyenda dice que
existían unas líneas generales del guion, las cuales Brando comenzó a quebrar colocando
ademanes, palabras, actitudes, momentos que terminaron con la idea de publicar
una novela, como en realidad ocurrió.
La película fue censurada
en Colombia, y muchas personas fueron a verla a Venezuela. Nuestra mojigatería,
solo permito verla después de diez años, para saber que el erotismos que para
unos era de una crudeza imposible de dejar ver, consistía en el juego erótico,
bello y deslumbrante de una pareja sus poseen sus cuerpos para encontrase.
El
Último Tango en París todo
sincroniza, la fotografía de Storaro, el guion, loas actores que aun nos
deslumbran y sobre todo, la música con esa melancolía que se filtra por las paredes,
por los claroscuros de los cuartos, por las calles, y por la sutileza de sus personajes;
momentos que conducen a lo inexplicable, crear una obra amaestra del cine
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Gato Barbieri
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Gato Barbieri
Leandro “Gato”
Barbieri (Rosario, Argentina; 28 de noviembre de 1932), es un saxofonista de
jazz argentino.
Representante
destacado del jazz latino, participó en su juventud en la banda de otro
destacado jazzista argentino, Lalo Schifrin. Ha abordado también en su carrera
el jazz de vanguardia, sobre todo en la década de 1960, y el pop y la fusión a
finales dela década de 1970.
Ha sido influenciado por John Coltrane,
Pharoah Sanders y Carlos Santana. Su música tiene frecuentemente un tono
desgarrado, a base de notas largas y con un volumen elevado.
A los doce años
aprende a tocar el clarinete tras sentirse impresionado por la escucha de
"Now's the Time" de Charlie Parker. Se traslada con su familia a
Buenos Aires en 1947 y continua recibiendo lecciones de música, cambiándose al
saxo alto; hacia 1953 se convierte en una celebridad musical gracias a sus
actuaciones en la orquesta de Lalo Schifrin. A finales de la década, comenzó a
dirigir sus propios grupos, tocando ya el saxo tenor. Se traslada a Roma en
1962 y conoce en París a Don Cherry, uniéndose a su grupo y empapándose del jazz
de vanguardia. Tocó también con Mike Mantler's Jazz Composers' Orchestra a
finales de la década de 1960.
Ya en la década de
1970, experimenta un cambio musical y se decide por la reincorporación en su
música de melodías, instrumentos, armonías, texturas y ritmos sudamericanos,
con dos excelentes músicos, Domingo Cura y Adalberto Cevasco. Discos como el
directo El Pampero on Flying Dutchman y sus obras para Impulse, con
exploraciones de ritmos y texturas brasileñas, afrocubanas y argentinas, le
proporcionaron un gran prestigio en el mundo del jazz.
Fue,
no obstante, un éxito comercial el que lo llevaría a sus cotas más altas de
popularidad: su sensual banda sonora para la película de Bernardo Bertolucci El
último tango en París, de 1972. Un contrato con A&M en los Estados Unidos
le llevó a realizar discos de fusión entre jazz y el pop a finales de la década
de 1970. Se centró luego, a principios de la década de 1980, en un sonido
suramericano más intenso e influenciado por el rock, aunque sus oscilaciones
estilísticas son constantes en su carrera.
Aquejado de serios problemas al corazón y
afectado por la muerte de su mujer, Barbieri estuvo inactivo prácticamente a lo
largo de toda la década de 1990, pero regresó en 1997, tocando intensamente en
el Playboy Jazz Festival de Los Ángeles, grabando a partir de entonces varios
discos.
Invitan a las conferencias que dictará en Medellín, en el mes de junio de 2.012, el historiador y poeta argentino
RICARDO OSTUNI:
"La poesía culta en el tango". Jueves 21 de junio, 6:30 p.m., en la Biblioteca Pública Piloto, de Medellín. "Borges y el tango" y la miniconferencia "Gardel y el arte de cantar". Sábado 23 de junio, 4:30 p.m., en la Biblioteca Marco Fidel Suárez, de Bello.
Ricardo Ostuni es escritor, poeta, investigador y ensayista. Académico de Número de la Academia Porteña del Lunfardo; Académico de Número de la Academia de Historia de la Ciudad de Buenos Aires; Ex Rector de la Universidad del Tango; Profesor del Liceo Superior del Tango ; Ex Vicepresidente de la Academia Porteña del Lunfardo; Ex Vicepresidente de la Academia Nacional del Tango; Ex Presidente del Grupo Poesía de Buenos Aires.
Ha recibido por su labor premios y distinciones nacionales e internacionales. Y, entre otros libros, ha escrito: Repatriación de Gardel; Borges y el Tango; Presencia de la poesía culta en la letra del tango; Viaje al corazón del Tango; La inmigración italiana y su influencia en el tango y los poemarios Pájaros que mueren en la primera luna; Manchas de tiempo, El tango en Granada, Las esquinas de la noche (Mención de honor del Fondo Nacional de las Artes) y otros.
El próximo jueves 12 de abril de 2012, realizaré el lanzamiento de mi CD
CARMENCANTATANGO
En el auditorio de Comfama de San Ignacio a las 6:30 p.m. Las boletas las entregan al ingreso (No tienen costo) el mismo día de la función. Me encantaría poder compartir este momento con ustedes.
Era difícil hacerlo hablar de Gardel a Borges. Uno le preguntaba: '¿No le parece que fue un gran cantor criollo?', y el contestaba 'y sí... por qué no', como diciendo 'me importa muy poco'", cuenta el narrador uruguayo Enrique Estrázulas, que acaba de desempolvar, en el diario El País, de Montevideo, fragmentos de una entrevista inédita a Borges. En las pocas líneas que le dedican al tema, Borges habla de la presunta noche en que conoció a Carlos Gardel.
"Gardel era un paria oriental que murió quemado. Tal como Homero, cantaba por las provincias, errabundo e indocumentado, hasta hacerse famoso. Lo vi en Tacuarembó, una sola noche, en una pulpería. El local estaba entorpecido por bolsas, cueros y barricas de yerba. Tenía un alto enrejado sobre el mostrador. Todos los parroquianos estaban pendientes del joven cantor. Me lo presentó Enrique Amorim y Gardel me sonrió sin decir nada. Estaba templando la guitarra", dice la entrevista que cita Estrázulas y que Francisco Lanza le habría hecho a Borges en su departamento de la calle Maipú, un año antes de su muerte en Ginebra. "El reportaje estaba inédito porque Lanza también murió un año después, en 1986, aunque antes me dio una copia a mí. Lanza no era periodista sino escritor, pero hizo la entrevista porque admiraba a Borges. Yo estoy convencido de que el encuentro fue real. Lanza también. De todas maneras, cada cual lo armará como le parezca, pero Lanza no podía escribir así, sale por todos lados que está hablando Borges", cuenta Estrázulas sobre esa posible noche en que Borges entró junto al escritor uruguayo Enrique Amorim a por una copa de caña que le aliviara la gripe a este último. Habría sido en una pulpería de Tacuarembó esta cumbre Borges-Gardel, literaria por donde se la mire. El supuesto Borges describe el rasgar de una guitarra como lo hacía en su cuento El fin, pero esta vez los acordes no vienen del Moreno que espera a Fierro sino de un morocho y taciturno Gardel, que parecía esperar a Borges. "Era una noche muy fría. (...) Saludamos al cantor y éste respondió el saludo con la misma sonrisa. Ese recuerdo mío data de 1917 o 1918", dice el Borges de la entrevista.
El problema es que Borges, el memorioso, estaba por esa época en Europa, de donde recién volvería en 1921. Amorim, el otro testigo de ese encuentro mítico, murió antes que Borges. Fabuloso o no, que se encuentren después de tantos años bien vale la pena. Ah, por cierto, en la entrevista de Lanza, Borges lo dejaba bien clarito: Gardel, "aquel trovador mítico", era uruguayo.
.. LaversiónquedejóBioy
En "Borges", el extenso diario de Adolfo Bioy Casares sobre su amistad con Borges, el autor de "El Aleph" niega el encuentro. "Nunca lo vi (a Gardel). Una vez fui con Mastronardi a un cinematógrafo a ver 'La batida', con George Bancroft; anunciaron que Gardel iba a cantar al final: nos fuimos sin oírlo, porque no queríamos que el efecto del film se nos arruinara", le dice a Bioy en la entrada del 2 de setiembre de 1957. No contento, Borges se extiende en un retrato bastante menos amable que el que le habría hecho en 1985 a Francisco Lanza. "La cara de Gardel era la típica cara del otario. Malevo, sí, pero malevo soso". Esa misma noche, se les ocurre la idea de "una biografía de Gardel en la que se dijeran cosas inconvenientes, como sin darse cuenta. Que era provenzal, que se llamaba Gardez, que era el zorzal francouruguayo, etcétera..."
Pocos lo habrán visto y del resto , muchos se deben haber olvidado , pero en la casa de mis abuelos había un sable sin remache, estaba la hoja de diario colgada y el calefón…. Explicación de la metáfora del tango "Cambalache" que dice: "…y herida por un sable sin remache, ves llorar la Biblia junto a un calefón…" Exacta real demostrable y creíble; parece mentira que jamás lo explicaran los miles de escribas, literatos e intelectualoides que dicen: "Estudiar el tango".
"Sable sin remache" se le llamaba a un gancho donde se colgaba el papel higiénico al lado del inodoro. La Biblia y el Calefón; se habla de ello y la mayoría no sabe de que se trata: He aquí la historia de la vida cotidiana, que acontecía en la ciudad de Buenos Aires, no se si en otros lugares pasaba o no, y que explica el porque de la aparentemente surrealista asociación de la Biblia junto al calefón que aparece en el tango "Cambalache", cuyas letra y música fueron compuestas por Enrique Santos Discepolo en 1935.La historia tiene relación con los servicios higiénicos, baños, la higiene personal y la forma de realizarla; y como no se me escapa que algunos lectores pueden ser muy jóvenes y puedan no haber conocido otro tipo de baños que los que se estila usar en la actualidad al menos en el mundo occidental y cristiano, voy a recordar primero un par de datos que considero necesario sean tenidos en cuenta.Hasta finales del XIX se utilizaban bacinillas, también llamadas "tazas de noche", cuyos contenidos eran arrojados por las ventanas al grito de "agua va", y antes aun, letrinas que solían estar en los fondos de las casas.En Buenos Aires , coexistieron bacinillas y letrinas hasta principios del siglo XX, época en que las familias "acomodadas" comenzaron a instalar baños.Luego el uso de baños se generalizo y se empezó a construirlos en todas la viviendas, aun en las mas modestas. El sencillo "mini-ambiente" constaba al menos del retrete y lavabo y si los lujuriosos propietarios de casa gustaban de practicar la morisca costumbre de lavarse todo el cuerpo mas o menos seguido, y si además tenían medios económicos suficientes como para costearse ese capricho, los baños también tenían una ducha.Claro, si había una ducha era necesario calentar el agua, así al lado de la ducha se instalaba un "Calefón".Sin embargo, el papel higiénico tardo en obtener su carta de ciudadanía para poder trabajar en limpio en estas sucias tierras y aun cuando apareció era bastante caro y no estaba al alcance de todas las familias, las cuales se veían obligadas a utilizar para esos fines sanitarios el vulgar papel de diario o, en su defecto cualquier otro.
Por supuesto, eran muy estimados los papeles mas sedosos, así que los sufridos usuarios trataban de conseguir en las verdulerías y fruterías los papeles con los que venían envueltas las manzanas y otros productos del campo, algunos de estos soltaban tinta.... je.! je.! je.!........
Otro muy apreciado era llamado el "papel Biblia", por ser esta especialmente delgado y suave.Ahora bien, ya por entonces existía la Sociedad Bíblica, una de cuyas misiones parece ser la de difundir la Biblia Protestante, para lo cual regalaba ejemplares del sagrado libro, en la actualidad lo sigue haciendo.Pues muchos de los habitantes de Buenos Aires deben de haber parecido devotos creyentes, ya que aceptaban de continuo esas "gentilezas", y que siendo mayoria la grey católica, lo mismo pasaban y retiraban la Biblia protestante tantas veces como sabían que la Sociedad las tenia en obsequio en las calles, plazas o en su sede central.Sin embargo, cuentan los hombres dignos de fe (aunque Ala sabe mas) que quienes obtenían esas Biblias, les perforaban una tapa y las colgaban en un gancho de alambre, (llamado "sable sin remache") al lado del calefón, cerca del retrete, e iban arrancando las suaves hojas para usarlas como papel higiénico.En este hecho se habría inspirado Enrique Santos Discepolo para decir con elegancia propia de un grande: “Igualque en la vidriera irrespetuosa de los Cambalaches se ha mezclao la vida,
YHERIDA POR UN SABLE SIN REMACHE, VES LLORAR LA BIBLIA JUNTO A UN CALEFÓN.”