jueves, 1 de enero de 2009

Rubí, acuérdate de mi

Juan Carlos Cobián

Enrique Cadícamo


Rubí, acuérdate de mi

Jaime Jaramillo Panesso

Rubí es un tango de Enrique Cadícamo y Juan Carlos Cobián, cuya letra hace honor a la música por donde desfilan los siguientes versos:

“Ven. No te vayas. Qué apuro de ir saliendo.
Aquí el ambiente es tibio
Y afuera está lloviendo.
Ya te he devuelto tus cartas, tus retratos.
Charlemos otro rato
Que pronto ya te irás.
Ya nada tuyo me queda al separarnos.
Es cruel la despedida
Y triste el distanciarnos hoy.
Ven. No lloremos
Que las lágrimas conmueven
Y nada debe detener tu decisión.
Rubí, acuérdate de mi.
No imploro tu perdón,
Mas de tu corazón no me arrojes.
Rubí, ¿a dónde irás sin mi?
Cuando no estés conmigo
¿Quién podrá quererte así?”

Un nombre de mujer, coqueto como una chispa de diamante. Otras tienen una joyería en su nombre como Esmeralda o Perla. Mas en el caso de Rubí se encienden las velas en un escenario donde el hombre prepara el efecto del adiós, de esos adioses tangueros que van teñidos de un dolor ungido de esperanza. Pero la ofrenda no es de aquellas en que se rinde y extiende el corazón tembloroso, sino el acto de coraje donde el canje recae sobre las cartas y los retratos que aún hoy intercambian las parejas amantes como símbolos de entrega o de conexión en los momentos de la ausencia.
En Rubí el monólogo del hombre que ama tira el lance de la lluvia como un pretexto para alargar los minutos que anteceden a la separación, minutos que luego, casi de inmediato, permiten, en un acto de afirmación y a la vez de ruego, decir:” Rubí, acuérdate de mi”, que es una súplica contra el olvido, reforzada con el argumento de que no habrá quien la quiera como él la quiere así. Y en ese instante gris un último dolor le causará la separación, el adiós que pone un broche en su corazón. La lluvia seguirá siendo la razón para pedirle a Rubí que no salga de su lado en aquella noche cruel y fría.
El corte musical que pone la mano de Cobián, permite el lucimiento de un buen cantor de tangos, pues la estrofa central del bis, de la repetición, hace sentir al escucha, que el ruego va a tener una resolución: “Rubí, ¿a dónde irás sin mi? Rubí, acuérdate de mi”. En efecto, Cadícamo rompe la natural conclusión derivada de trasunto poético de este tango que por anticipado se presume que finalizará en la fractura definitiva de la pareja. Es ahí donde el poeta reclama y se acoge a la reconciliación, dándole un vuelco al terminar, en los dos últimos versos que rezan así:
“Borremos todo, amada mía, que esta escena
Ha sido sólo un episodio sin valor”.

Cadícamo y Cobián tienen el registro de otros tangos de antología como Nostalgias, Niebla del Riachuelo, La Casita de Mis Viejos y Los Mareados.
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Versiones de Rubí
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domingo, 23 de noviembre de 2008

Vuelvo al sur


Astor Piazolla
Fernando Solanaz
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Vuelvo al sur
Piazzolla & Solanas

Para Carolina Rodríguez de Tamango

Víctor Bustamante

Esta tarde de sábado el sonido del chelo del Quarteto em Mim es presencia, pasa, repasa con el arco las cuerdas y dan como esa circustancia de melancolía que persiste, insiste como el piano que acompaña, lleva la melodía de su mano a ese país extraño de una gran composición musical, “Vuelvo al sur”. Arrancan en primera los violines hasta cuando el chelo con el sonido bronco del arco se empecina contra las cuerdas como si fuera un molto vivace.
La pieza instrumental comienza como con un devaneo de los instrumentos, chelo y el violín, que lleva la dirección y le da como ese matiz de saudade acompañada inicialmente con el piano que sirve de contrapunto y es como un presagio de lo que vendrá. Desde ese instante, cuando entran los chelos con esa violencia que desgarra, sí, y ahí estoy, estamos impresos y es esa cosa que contrasta con la idea del violín en otra cosa más extraña: el fuego de la creación, y en ese maremagnun dirige el violín y solo me quedo en esos dos instrumentos, tres. Porque son dos violines que desgarran música esta tarde lluviosa de julio, luego regresa al final el chelo a dar unas pinceladas. Y es que caemos en cuenta que el chelo ha cambiado de sonido y no quiere responder en ese tono y es que este tango ejecutado como música de cámara se ha terminado.
La intención de Piazzolla era convertirlo en una pieza del repertorio clásico. Así, desde los 60, Piazzolla, solo, lucha ante la irrupción del rock que invade todo tipo de culturas y de músicas nacionales creando la llamada fusión y la confusión. Piazolla le da este aire clásico al tango situándolo entre las músicas del mundo. Mejor dándole otra definición porque el tango ya estaba ubicado en el país del corazón de los tangófilos.
Hay otra versión de este tango, entregada por Tamango. Mientras su cantante, Carolina, aferrada al micrófono nos dice los autores de música y letra de “Vuelvo al sur”, y el bandoneón golpea con fuerza en esta misma tarde de sábado. A pesar de la guitarra, de la batería y el piano portátil. Siempre la guitarra y la batería se cuelan, anunciadores del rock, no a la influencia, sino a dar cierto toque chic no moderno, sino común a nuestros oídos que persisten y persiguen el rastro del bandoneón que nos dice, persiste e insiste, que allí hay un tango que no quiere naufragar. Estos instrumentos son apenas accesorios porque el bandoneón nos dice con su fraseo musical que es su presencia junto a la voz de Carolina la que se impone. No voy a decir un tango moderno sino clásico, no voy a decir un reciclaje del rock sino una circustancia.
Eso. Nadie ha expresado tanto a Buenos Aires como el bandoneón y Borges. Allí hay una interacción y un arropamiento que solo lo da la melancolía del bandoneón. Eso, en los poemas de Borges, las calles de Buenos Aires son mi entraña. Digo, porque ahora quiero hablar es de esa melancolía que me arrastra en esta tarde de sábado. A eso le agregamos la persistencia de la letra, del leitmotiv, ese signo, ese símbolo, el sur, ni abajo ni arriba sino en ese lugar donde el sur es un punto cardinal y un país, Argentina. Sí, ahí está el sur donde siempre volvemos para escuchar los tangos, ese acervo musical que perdura pero ahora este tango persiste en confundirlo y definirlo desde la analogía, sur- amor, y ya no queda nada para hacer, además en esa extracción e interacción se refiere en su letra al bandoneón ese instrumento creado en Alemania hace tantos años y que nadie pensó que lo elaborarían los artesanos alemanes nada menos para que viajara al sur, a la Argentina y le daría el toque que necesitaba el tango. El sur es amor y deseo, pasión y fuego.
Este otro sábado escucho solo la versión de Goyeneche, y la que me rompe esta mañana, con la perfección de la letra de Solanas y la música de Piazolla, mientras Roberto Goyeneche canta con su voz, diría, que aguardientosa, cascada, mejor la voz para el tango. Eso, una voz para ese tango. Y por ahí detrás de su voz como una cortinilla musical una saudade: el bandoneón, que se contrae y se estira y en esa sencilla opción de las manos y del virtuosismo aparece esa música, ese tango que me acompaña, mientras los dedos mágicos del bandoneonísta exprimen los sonidos al fuelle que caen como la tinta negra a la calle.
Entonces la cámara se aleja en la película de Solanas, Sur, y queda un viejo almacén con la luz de los bebedores nocturnos que ha sorprendido la madrugada y la calle y afuera, colgadas en el alambre la ropa al viento, que nos sitúa en un suburbio y es que nos damos cuenta que vivimos otros tiempos, el de la impunidad, mientras el tango permanece incólume como una expresión de Argentina, su máxima expresión. Aquí el bandoneón le da ese color, esa cadencia a ese tango que llega a rivalizar con la voz de Goyeneche.
Carmina Cabrera con un tono intimo canta “Vuelvo al sur” con una cadencia cercana al blues y con otro sabor que le da el saxofón que va apareciendo, poco a poco, detrás del piano, junto a la guitarra y a la batería. Pero cuando el saxofón intenta ubicarnos en alguna calle solitaria del Bronx, la voz melancólica de Carmina Cabrera se impone y nos entrega ese tango como con algo de jazz, pero la cadencia de la voz de Carmina termina imponiéndose por su calidez.
Otro sábado de noviembre escucho “Vuelvo al sur” de Gotan Projec que es una versión unos treinta años después de la inicial. Hay percusión, la guitarra y un bandoneón diferente, y una voz dulce de mujer. Recordemos que un instrumento, a pesar de las notas y del tecnicismo para ejecutarlo, siempre posee el dueño de un estilo, luego hay más percusión que parece ser el signo de las músicas actuales. Con la música ocurre aquello de las diversas versiones. Unos ejecutan una versión de una misma pieza con instrumentos diferentes como si quisieran alejarse de la inicial, pero a pesar de estar revestida de mas percusión y de un bandoneón diferentes el aroma de la canción permanece (pienso que hay exceso de percusión que esconde esos puntos de silencio, esos instantes donde esperamos que continúe desangrándose el bandoneón, mientras el pianista golpea las teclas es para que el tango no se disuelva que es su sabor perenne). Eso no la hace más “moderna” en el sentido que sacrifica el destino del tango y la hace más roquera que las anteriores sino que es otra versión, porque existe la creencia de algunos melómanos en pensar que hay versiones mejores o no de un mismo tema.
Solo hay algo que es un referente: la primera versión es la que encanta y atrapa porque es la que abre una puerta para el que escucha. La primera versión es el riesgo inicial del creador, es lanzar esas notas al aire de las noches del mundo para que en su telaraña de sonidos atrapen a los melómanos, ya sea en concierto, pero sobre todo en la soledad de las mesas de los bares donde el tango es refugio, perseverancia y aroma de la noche, cuando nos acompaña, mientras las calles se hacen mas negras y solitarias. Allí en el café el tango deja de ser la espera para musitarnos esas bellas palabras ese lánguido sonido que nos une y que perdura. Iba a decir que quería como Cioran que su tempo fuera más lento para que el bandoneón se expresara.
Este otro sábado escucho ““Vuelvo al sur”” del grupo australiano Zigatango que interpreta su versión con guitarra, acordeón y dos violines. Hay un violinista que es el que nos concentra y lleva la música de su puño, es decir del arco de su violín con pinta mas de roquero que de concertista, el violinista de los cabellos largos, sobre el escenario, le imprime una pasión a su violín que parece que lo amara, que se amara a si mismo, que fuera ha desgarrar las cuerdas. Este grupo da la apariencia de ser un grupo itinerante de música, gitanos que se han detenido detrás de su carpa para interpretar un tango, y es que caemos en cuenta que ese violinista, Geoffrey Pearce, nos incomoda, parece que estuviera poseído por la música que diabólica nos atrapa. Cierto, este violinista de Hamellin es capaz de embrujarnos con esa interpretación tan apasionada de su instrumento. Y así mismo nos da una versión hermosa desde las entrañas de ese otro sur, tierra incógnita, que es Australia.
También hay una versión de Caetano Veloso, que le da su carácter pero siempre desconfío de esos cantantes que les da por interpretar todo tipo de música, o por cantar álbumes con la supuesta melodía más importante de cada país. También hay una versión de Mercedes Sossa, pero mis oídos, no mis odios, siempre la han ubicado más allá, en otro lugar, la música de protesta. También existe la versión de Amelita Baltar, pero lo que podría ser la versión femenina en el altar del tango, un contrapunto con la de Goyeneche la desdibuja por su voz demasiado educada que da la impresión de que le falta algo de demonio, que es la razón de los cantantes de tangos: felling.
Escuché por primera vez este tango, “Vuelvo al sur”, en Sur (1988) la película de Solanas que comienza con el tango, una obra maestra, “Sur” de Homero Manzi, como si Solanas le hiciera un homenaje, a ese poema que es un tango y, al terminar la misma película con otro tango “Vuelvo al sur”, como si entre ambas composiciones mediara toda una generación y los dos confluyeran en ese vértice que el tiempo ubica y que la crueldad del hombre define en ese amado Buenos Aires, tan caótico, inmerso en la lucha fraticida entre el fascismo sucio y la voz popular.
Los sábados son la preparación para ese día, los domingos en la tarde, en que los suicidas prefieren hacerlo, pero este tango, ““Vuelvo al sur”” aprisiona y nos deja en ascuas: es demasiada esa melancolía impresa en esa bella melodía. ““Vuelvo al sur”” nos lleva al fin del mundo, a esa tierra allá abajo que era el abismo del mundo, el fin, donde Poe viajo de una manera ilusoria, pero lo que escuchamos es nuestra melancolía, nuestra saudade interior definida por Pessoa.
Mientras Javier Ocampo está detrás del mostrador ubicando su colección de tangos solicitados y Orlando va de un lado a otro por el pasillo del Homero Manzi, y trae media de ron, sé, que algo es cierto, este tango, “Vuelvo al sur” pasa por mi piel y me desgarra. Eso, Goyeneche regresa y nos abofetea.

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Vuelvo al sur:

Inmensa luna cielo al revés

Karol Rojas

Volver nuestros pensamientos, nuestras tradiciones y culturas, en general, nuestras almas al sur y dejarnos de occidentalizaciones y sueños americanos y superficiales…
convertir en sur nuestros sueños y nuestras acciones , vivir en el sur, morir en el sur, pensar en el sur y amarnos en el sur; llegar a convivir en realidad con nuestros hermanos del sur y alzar nuestras manos para luchar juntos, nosotros los sureños –no los verdes- sino la combinación de todas nuestras razas, idiomas, expresiones y pasiones…
Nosotros quizá con muchas más razones, al fin, es Colombia el principio de este hermoso sur…

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Versiones de Vuelvo al sur:



domingo, 19 de octubre de 2008

Tango. Harold Alvarado Tenorio


Tango
Harold Alvarado Tenorio
16/12/2006

Valiente y hermoso
no pudo la muerte
malgastarte.
Mis labios
te hacen inmortal:
te he amado mucho.
Sin falta recuerdo
el fulgor de tus ojos
la magnolia de tu piel
tu sonrisa de malevo
tu rítmico andar
y esa manera de engañar
que sólo en ti perdono.
No volverás,
ya lo sé.
Tampoco soy el mismo
que amaste.
El daño y las penas
han hecho de mí un despojo
y de mi alma
una errante sustancia.
Y entonces
de repente
en un café
de Alvear con Uriburu
apareces.
Te veo llegar,
me buscas
y como si nunca hubieses
partido
me saludas
y sonríes desde esa eternidad
donde te amo.
Vana es la muerte
para quien sobrevive
y sigue amando.
Vana también la vida.

(Tomado de Babelia)

viernes, 10 de octubre de 2008

La gitana rusa



Cómo fué que un tango llamado " Tus ojos", escrito en Ucrania en 1.940por un tal Saverio Sadán para su flamante nuera en Buenos Aires,terminó siendo el mayor éxito de la orquesta del bandoneonista JuánSánchez Gorio, quién lo registró como propia bajo el nombre de "Gitana rusa".

"Tengo algo sorprendente para vos, que te entregaré en Buenos Aires,me dijo Juán Carlos Cáceres por teléfono, desde París.Dias después colocó delante de mí, sobre una mesa del Tortoni, cinco amarillentas hojas pentagramadas. Se trataba de un tango fechado del 10 de agostode 1.940 en la pequeña ciudad ucraniana de Umañ, a medio camino entre Kiev y Odessa. Los textos estaban en ruso. De titulo "Tus ojos" y una dedicatoria " a la querída Celia ". La música pertenece a un tal Saverio Sadán, y en la última cuartilla hay una extensa letra firmada D. M. Glinberg. Pero esas notas manuscritas por un desconocido no suenan nada extrañas. Son las de un tango que alcazó gran popularidaden la Argentina a partir de 1.942 , gravada por la orquesta de Juan Sánchez Gorio, con su cantor el uruguayo Luis Mendoza: "Gitana rusa".

Hasta el momento en que Cáceres depositó sobre la mesa el ajado original no había por qué dudar de que Sánchez Gorio lo había compuesto. Pero la historia de éste tango no es menos exótica que sutema y puede contarse así: Demetrio Sadàn, quién llego a encabezar la sección Cables en el diario Crítica, nació en Ucrania en 1.910,abandonado por su madre, al haberse separado de su padre Saverio,judio y violinísta. Mientras tanto, ella viajaba a Buenon Aires,convertida en mujer de un diplomático argentino. Tras la revoluciónrusa y la subsiguiente guerra civil, Demetrio fué enviado a reunirsecon su madre y con once años realizó una travesía en tren y barco.luego de sus estudios ingresa a Crítica y en 1.938 se casa con su secretaria " Celia Piva ", dos años más tarde recibe de su padredes de Ucrania , como obsequio para la desconocida nuera, ese melodioso tango que Saverio , vuelto a casar con una cantante líri cajudeopolaca, había compuesto y al que un amigo suyo habia adosado una letra muy romantica.

Queriéndo darle algún destino a ésta obra de su padre la entregó a su amigo Horacio Basterra, quién firmaba sus obras como HoracioSanguinetti, autor de tangos tan famosos como " Nada", " tristeza marina", " los despojos", entre otros muchos. Horacio decidió confiar ésta obra a Sánchez Gorio y adosarle una nueva letra en español que seconvertiría en un buén exponente del Kitsch.

Sánchez Gorio retocó mínimamente las notas y registró con Sanguinetti, la pieza como propia.Muchos años más tarde, Cáceres, entre tanto casado con la hija de Demetrio, tocò en el piano para su suegro la composición original de Saverio, pero no le gustó, tenía metida en el corazón la versión rítmica y contundente de Juan Sánchez Gorio. De Saverio el violinísta sólo se sabe que fué muerto por los nazis.


De todo tango.

por Julio Nudler

Francisco Duque.

jueves, 4 de septiembre de 2008

La música de Manuel Mejía Vallejo

ManueL Mejía Vallejo

Jaime Jaramillo Panesso
Asistentes

Dora Luz Echavarría, Dora Ramírez y María José Mejía

Dora Luz Canta "Vanidad"

Adelaida Mejía

El cantante Luis Penagos


Catalina Garcés

Oscar Mario Estrada y Néstor López

María José Mejía

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La música de Manuel Mejía Vallejo
Víctor Bustamante

Conferencia en el salón Málaga en la carrera Bolívar. Hora las cinco de una tarde lluviosa, el público deslumbrado ante la sabiduría de Jaime Jaramillo Panesso que repasa y nos pasa la música que acompañó al escritor Mejía Vallejo, pero no sólo a él, sino a sus amigos.
Mejía Vallejo era ante todo una persona que vivió la ciudad desde un sitio muy peculiar: los bares diversos que son una forma coloquial de buscar cercanía con los amigos y, así mismo, punto de encuentro para unos tragos y lo más preciado: la música que es la vida. Desde ese sitio, el café como sala de estar y de visita se retrotrae a los amigos que lo acompañaron en sus diversos momentos que son, eran nada menos que una buena conversación y unos buenos tragos y la música que siempre acompaña que sirve como emético para un encuentro, como una excusa. Así la música.
Jaime con su sabiduría habitual, con su buen humor y su buen amor, nos va adentrando en la poesía de Mejía Vallejo, nos va llevando de la mano hacia ese paraíso sin excusa, y sin tiempo, que son las canciones que embargaron al escritor y cuyos autores y cantantes se han tatuado en la memoria de sus amigos: Margarita Cueto, el maestro Mora, Juan Arvizu, Valente y Caceras, Elvira Ríos, Libertad Lamarque, Gardel, Obdulio y Julián, y Edmundo Rivero entre otros.
Cada que el expositor daba una explicación, una anécdota nos remitía al mundo interior de Mejía Vallejo y nos relataba y describía ese tesoro que es la música que siempre lo acompañó, como si nos diera ese matiz personal que son las canciones y los momentos felices sin tiempo que se pasaban alrededor de una mesa de café y de una conversación.
Hoy esas canciones tuvieron otro sabor en la exposición de Jaime Jaramillo Panesso. Hoy, esta tarde, en el Málaga, se sucedía esa ceremonia lenta y fatigosa que es la lucha contra el olvido y la sorpresa de saber que la muerte aleja y apenas queda la cercanía de algunos momentos, eso, momentos, donde los amigos ausentes crean ese eterno muro de lamentaciones que es la amistad.









domingo, 27 de julio de 2008

UN TANGO EN EL CARTUCHO


UN TANGO EN EL CARTUCHO
J. Arturo Sanchez Trujillo
Niña Liliana.
Ingenua saltarina de nubes en la noche,
fiel picotera de ilusiones embaladas.

De las tragedias del amor partió temprano,
para bailar y fumarse una tragedia,
en sus brillantes islas de sal;
que eran los ásperos bosques de hormigón,
por arrabales.

Allí tropezó en su luna negra.
Un ángel del placer que guardaba cuchillos en las alas,
la abrazó con turbulencia de vientos olorosos e implacables.

También fue dama de arandela y cachivaches,
flor del cartucho,
supernota.
La tierna bailarina del show de pasarelas

Ahora patina solitaria en el trajín de tijeradas
sus huellas interiores.
Fatigas, consumos, abstinencias,
ceniza de carencias en su rostro.
Y ha perdido sus dientes en estrechos jardines agitados,
debajo de algún puente en la entramada.

Ahora va muriendo en muchas calles.
Lleva encima la verdad de la intemperie.
Espera vadear últimos tramos al azar de algunos puchos,
entre pasos anónimos de todos los nombres.

Y un crudo aceite nocturno,
ha hecho casa en sus dedos infectados,
rotos
como sus sueños.

Ahora declinan sus ojos día a día,
en el espantoso misterio de su existencia.
Dúo de luz, sus antiguos bellos ojos,
ayer destellantes colibríes enmielados.
Hoy avechuchos del horror
que caen de un cielo ennegrecido,
donde todo se ha ido derrumbando.
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J. Arturo Sánchez Trujillo. Medellín, 1954.—Cofundador de revistas y grupos literarios en Medellín. 1970—1980.— Premio Radio Habana Cuba. 1975.— Columnista y Director suplemento literario de Diario El pueblo en Nicaragua. 1978.—Talleres Literarios en barrios, centros educativos y culturales de Medellín.1980—1990.—Director Casa de la Cultura de Caucasia Antioquia. 1989.—Profesor de literatura y talleres literarios en Casa de la Cultura de Copacabana. 1990.—Cofundador del Festival Internacional de Poesía en Medellín. 1990.— Premio “Poesía Capital” en convocatoria de la Casa de Poesía Silva 2005.Publicaciones.—Sus poemas han sido publicados en revistas y suplementos Literarios del país y deCentroamérica, y en la Antología de Literatura Antioqueña, Clásica y Contemporánea. 2003.—Poemarios publicados: Ágata 1.994, Baile en el Bosque del Extravío 1996 y Makela Bantú1998.Inéditos.—Cuentos por Cobrar. Novela 2003.— Fuego en el Lago. Poemario 2005.—Décimas para niños y niñas. 2006

jueves, 24 de julio de 2008

Mederos, bandoneón y sinfónica




Manos en el fuego

Mederos, bandoneón y sinfónica
Jaime Jaramillo Panesso

Rodolfo Mederos pertenece a esa reducida cofradía de los grandes bandoneonistas que, con él, conforman el cuadro de oro en el tiempo actual del tango, como Leopoldo Federico, Ernesto Baffa, Raúl Garello, Pascual Mamone, Marcucci, Osvaldo Montes, Juan Mosalini, Arturo Penón, Julio Pane, Osvaldo Piro (mejor como pianista), Eduardo Rovira, Dino Saluzzi, y por supuesto los dos grandes, Aníbal Troilo y Astor Piazzolla, muertos hace algunos años y cuya influencia marca a los nuevos digitadores.
Mederos nació en la ciudad de Córdoba, Argentina (1940) y allí comenzó sus estudios musicales y de biología, abandonando esta última disciplina por el tango. Además de bandoneonista excepcional, es director, compositor y arreglista. Trabajó en la orquesta de Osvaldo Pugliese y es de la escuela contemporánea de Piazzolla. No obstante su vanguardismo, Mederos tiene un pie atado al tango original histórico, lo cual permite abarcar el sentimiento de la música ciudadana in extenso. Vivió muchos años en Europa donde por poco se ahoga en ese tipo de tango “a la europea”, más música de cámara o para películas que con el sabor popular de la melodía porteña. En 1996, en la brillante compañía del pianista judeo-argentino Daniel Baremboim, plasmó en un disco de antología, varios temas tangueros y del folclore que hacen parte de lo mejor en el género.
Con la Orquesta Sinfónica de Eafit, dirigida por Cecilia Espinosa Arango, Mederos se presentó el 18 de julio en el Teatro Metropolitano de Medellín. Hace unas semanas hubo de terminar el Festival Internacional del Tango, con deficientes voces femeninas y actividades académicas notables. El Festitango debiera pensar que la calidad de intérpretes como Mederos, no para presentarlo en plaza abierta con parejas de baile en zapatos tenis, contribuiría a mejorar la apreciación del tango refinado y exquisito en lo musical, que bastante falta nos hace.
El programa con la Sinfónica se desarrolló, en su primera parte, con temas musicales de la más rancia y bella tradición tanguera con arreglos del maestro Mederos. De la Guardia Vieja, aquella de los comienzos del siglo XX, cuando despuntaba apenas la orquesta típica y perfilaba la paternidad del tango con Don Ángel Villoldo, se escuchó La Biblioteca de Augusto Berto, El Caburé de Arturo de Bassi y de Villoldo El porteñito, con aire de milonga copetona. De Carlos Gardel: Volver, Soledad, El Día que me quieras y Melodía de Arrabal, donde el bandoneón se cuelga de la orquesta , alentando la melodía que expresan las cuerdas de los violines, chelos y contrabajos, mientras el “fueye” adorna de manera fulgurante. En El día que me quieras, Mederos extrae los mejores jugos románticos de un tema canción que está en la boca y en el corazón de los latinoamericanos y de todos los hispano-parlantes del mundo. Con Sur, de Aníbal Troilo, Mederos realiza un solo de bandoneón, donde el dominio del instrumento pareciera que al contacto de sus manos, como en la lámpara que al frotarla da nacimiento al genio en la literatura árabe, Mederos hace resucitar a Troilo y al poeta Homero Manzi que suscribió los versos “Ya nunca me verás como me vieras, recostado en la vidriera esperándote”.
La orquesta de Eafit, con todos sus músicos en la entera orgía del tango, se extiende por los predios de Piazzolla, Milonga del Ángel y Oblivión. Pero es el climax logrado en las composiciones de Rodolfo Mederos, donde se alcanza a evidenciar la alta calidad del maestro y la integración orquestal, especialmente en Memorias y Olvidos.
Mederos, con su blanca cabeza, la sobriedad y el señorío decantados en ese gusano musical, el bandoneón, que se desarruga montado sobre la manta de su pierna izquierda, adquiere una estampa de Quijote con frac, el que anuncia, el que convoca a los oídos gozadores de la música ciudadana, donde las manos, donde los dedos succionan la notas blandas, las notas duras de la milonga procesional.