domingo, 3 de mayo de 2009

Conversación con Jesús Vallejo Mejía


Conversación
con
Jesús Vallejo Mejía

En esta conversación con el doctor Jesús Vallejo Mejía está toda la sapiencia del tanguero. Desde sus inicios nos cuenta su afición por el tango, su sensibilidad para distinguir las mejores versiones. El Medellín tanguero yace en el fondo, no como algo difuso, donde es presencia el mundo cultural con los visitantes, los teatros, la delectación del melómano, su finura, la llegada de los discos y la radio que definen esa educación sentimental en la música y crea el camino para el coleccionista quien desea poseer su música pero buscada con la maestría de que sea algo personal y conseguida con gusto. Para ello se sirve de la onda corta que entonces abría el mundo a otros sonidos, a otras músicas.
Aquí es posible la vocación de verse entre sus discos, clasificándolos para devolverlos a la vida, también la sensibilidad para decirnos que tangos tienen esa influencia de los diversos compositores de la llamada música clásica, que no es más que el oído del experto, de quien busca la relación entre las diversas músicas del mundo para comprobar y decirnos que esta posee una interrelación secreta que da pie a la extraña creación en otros ámbitos.
Pasión y lucidez. Sabiduría y generosidad es una manera en que el doctor Vallejo Mejía nos abre su corazón tanguero para decirnos, he vivido esto y los comparto con ustedes. Cuando digo generosidad, es porque, en sus palabras, hay una lección de tango, su presencia.
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Víctor Bustamante: ¿Cuándo descubrió el tango?
Jesús Vallejo Mejía: Mi acercamiento al tango comienza en 1956, al inicio de mi adolescencia.
De niño poco sabía del asunto. Lo de la muerte de Gardel, los avatares de Libertad Lamarque, algo de Hugo del Carril, y pare de contar.
Creo que los primeros tangos que identifiqué como tales a través de la radio fueron Solo, de Juan Legido con Los Churumbeles de España, y un tema futbolero de Carlos Valdez con Los Caballeros del Tango, no recuerdo si Nacional, Medellín o los dos. De todas maneras, ninguno de ellos resultaba digno de despertar una pasión.
En la discoteca familiar había unos discos viejos de los sellos Brunswyck, Víctor y Columbia que contenían unos pocos tangos que no llamaron mi atención. Tal vez había algo de Pilar Arcos y Juan Pulido. Como anécdota interesante le cuento que un disco Columbia ofrecía por una cara Tomo y Obligo y, por la otra, Canto por no llorar, dizque interpretados por Carlos Gardel con la orquesta de Don Alberto. Más tarde supe que no se trataba de Gardel, sino de Spaventa. Por consiguiente, lo que por primera vez creí que era el Morocho resultó ser una falsificación. Al verdadero Gardel lo conocí por los programas que hacía Antonio Henao Gaviria cada 24 de junio. Probablemente el primer tema que escuché en su voz fue Mi Buenos Aires Querido, que me fascinó. Todavía lo oigo con deleite y admiración. Tengo la idea de que su tema inicial se inspira en un estudio de Chopin.
Cuando tenía 13 años tenía la costumbre de oír por la noche un programa humorístico que se llamaba El Tremendo Juez y su Tremenda Corte. Lo transmitía la emisora Nueva Granada y acá lo pasaban a través de La Voz de Medellín. Lo amenizaban con la presencia de algún cantante famoso. Así fue como conocí a Charlo, que por esas calendas andaba de gira por nuestro país. Su tarjeta de presentación era Ave de Paso, un tema musicalmente bellísimo aunque con una letra no exenta de cursilería. Me encantó, lo mismo que Tiempos Viejos, Olvido, Oro y Plata, Tango en Colombia y otros más. Llegué pues por lo alto al tango, iniciado por Charlo.
A partir de ahí les fui poniendo cuidado a los tangos que pasaban por la radio. Algunos de corte sensiblero, como Mariposa Nocturna, de Roldán con Canaro, o Noches de Hungría, de Moreno con Rodríguez, que era un fox que sonaba como tango, me entraban fácilmente. Había otros que a esa edad me costaba trabajo digerir, como Andate con la Otra, de Amanda Duval con el cuarteto de Enrique Mora, que sonaba noche y día pero no era apto para menores.
En 1957 vino Julio Martel para actuar en los programas que patrocinaba Coltejer en La Voz de Antioquia. Lo anunciaban con un trozo de De Igual a Igual que me sonaba raro. Tiempo después aprendí a apreciarlo y fue en cierta época uno de de mis cantantes favoritos.
Haciendo memoria, pienso que el primer cantante de tangos que escuché en vivo y en directo fue Alberto Podestá, que tal vez vino al mismo programa en 1959.Recuerdo que debutó con Los Mareados y Alma de Bohemio.
Quizás el primer disco de tangos que compré fue el de Alfredo de Angelis que contenía Mano a Mano, por Dante, y Jirón Porteño, por Martel. Era un Odeón de 45 RPM prensado por Codiscos que encontré en Sears en Cali. A partir de ahí, compraba casi todo lo que salía al mercado y en no mucho tiempo ya era un coleccionista.
La oferta en ese momento provenía de Odeón, que había pasado de Tropical a Codiscos, Sonolux, que difundía sus propias grabaciones y las de los sellos Pampa y TK, y Columbia, que lo prensaba Tropical en Barranquilla. El repertorio más atractivo era el de Odeón, que contaba con Gardel, Corsini, Héctor Palacios, Charlo, Canaro, De Angelis, Caló, Rodríguez, Laurenz, Firpo, etc.
Como estaban cerradas las importaciones de discos, los RCA Víctor eran rarezas que había qué desenterrar en La Cita, La Guitarra, Lalinde y algunos "chuzos" de Guayaquil, en dónde pude conseguir grabaciones de Magaldi, Alberto Gómez, Hugo del Carril y Libertad Lamarque. Algunos discos venían de USA, los de sello morado. Otros eran traídos de Chile y unos pocos procedían de Argentina. Dentro de esos saldos se conseguían también discos Odeón prensados en Chile, con los que me hice a lo que en su momento eran unas rarezas de Gardel.
En uno de los pocos discos argentinos que quedaban conocí a Aníbal Troilo. Por un lado estaba Qué me van a hablar de amor, por Floreal Ruiz, y por el otro, Buen Amigo, instrumental. A decir verdad, no lo entendí. Años después entré en la onda troiliana y en ella creo que seguiré hasta el final.
El repertorio Víctor sólo vino a difundirse cuando Sonolux adquirió los derechos de prensaje a fines de la década del 50, pero ya Odeón le había cobrado enorme ventaja, la que recuperó con D´Arienzo.
A éste lo conocí a través de un disco que me trajo de Los Ángeles mi hermano mayor, nada menos que con El Nene del Abasto y Pampa en el reverso. Confieso que me gustó más el tema instrumental. Al otro hay qué aprender a digerirlo. Ahora recuerdo con qué gracia lo cantaba Echagüe en los festivales que vinieron años más tarde.
Había un puesto de libros y revistas en Palacé entre Ayacucho y Colombia dónde vendían revistas argentinas-Ahí compraba Grandes Valores del Tango, El Alma que Canta y Cantando, lo que me dio oportunidad de conocer las orquestas, los cantantes y los temas vigentes en Buenos Aires.
Pienso que la primera orquesta típica que me tocó conocer fue la de Miguel Caló, que se presentó tal vez en 1963 en el Teatro Junín. Después vino De Angelis, que tuvo unas actuaciones triunfales. Yo lo vi en el Coliseo Cubierto. Curiosamente, aunque Rodríguez vino varias veces, nunca asistí a sus presentaciones. En realidad, no era muy de mi gusto.
Por esos años uno podía escuchar tangos todo el día en la radio. Algunas veces que estuve enfermo pasaba de una emisora a la otra y siempre había algo para oír. Recuerdo especialmente un programa que pasaban por la noche en Ecos de la Montaña: Una voz argentina en la noche. Nunca me lo perdía.
En unas vacaciones me puse a explorar la onda corta y me encontré con un programa que pasaba todos los días a las 11 de la mañana Radio Barquisimeto para evocar a Gardel. Ahí tuve oportunidad de conocer muchos temas que Codiscos aún no había editado. Llevo más de medio siglo oyendo a Gardel y nunca deja de gustarme. Por supuesto que ya no tengo por él la devoción mítica de mis primeros años con el tango, pero soy de los que creen que cada día canta mejor. Cada que lo escucho le encuentro algún matiz novedoso.
Mi adolescencia y mi juventud fueron muy difíciles. No guardo buenos recuerdos suyos y sí muchos motivos de arrepentimiento. El tango fue para mí un compañero, casi diría que mi único confidente. Tengo con él un vínculo afectivo muy hondo. Es parte de mi vida.
Como venía contándole, el tango comenzó a interesarme en 1956 y ya en el año siguiente era un tanguero consumado.
En esa época la afición por el tango era cosa de gente mayor o de las clases populares. No era bien visto que un jovencito de clase alta fuese tanguero. Yo era por ese entonces una rara avis. Mis compañeros de generación tenían otros intereses musicales. La distinción de géneros era más o menos así: clásico, ópera, zarzuela, lírico, brillante, jazz, internacional (francés, italiano y norteamericano),español, bolero, ranchero, antiguo (temas de los años 20 y 30),colombiano (bambucos, pasillos y música del interior),caliente (porros, paseos, cumbias, gaitas y el fugaz merecumbé),ecuatoriano y peruano, tango, antillano y “guasca”. El tango competía en la radio y los discos con esos géneros y, como le digo, se lo consideraba como música de cantina, salvo el orquestado y algunos clásicos. Al orquestado se lo ubicaba dentro de la música brillante, pero hay què entender que ahí no se catalogaban los instrumentales de las orquestas típicas, sino los estilizados de corte europeo o norteamericano, como los de Emil Coleman.
Las preferencias de mis contemporáneos se inclinaban más por los boleros, las rancheras y la mùsica colombiana del interior. A algunos que considerábamos sofisticados los atraían el jazz y las canciones norteamericanas. Pero el rock todavía estaba en pañales y sólo en los sesenta logró la enorme aceptación que todavía mantiene. Mi hermano mayor pudo haber sido uno de los primeros en traer discos de rock. Recuerdo la novedad que representó en ese momento el disco de Bill Haley y sus Comets.
Pero mi gusto por el tango era excluyente y no quería saber de otra música, salvo la ranchera, que se imponía a través el cine mexicano. Vi muchas películas de Jorge Negrete, Pedro Infante, Luis Aguilar, Tony Aguilar o Miguel Aceves. No podía uno escapar a ese influjo.
En la segunda mitad de la década del cincuenta el cine argentino prácticamente había desaparecido de las carteleras, aunque de cuando en cuando el Teatro Junín y los teatros de barrio presentaban películas de Libertad Lamarque y Hugo del Carril. Me impactó muchísimo Libertad en Ayúdame a Vivir. Todavía resuena en mis oídos esta queja: “..Con mis caricias creí llegarte al alma y tu instinto brutal pensaba en otra...” Esa cosas de Schiamarella son tremendas. Considere esta: “...Se me ha escapado del alma la cercanía de Dios, sin embargo no estoy triste porque siempre me parece que estamos juntos los dos...”
A Gardel lo vi por primera vez en el Teatro Caracas, que quedaba frente al Parque de Bolívar. No recuerdo en qué año fue. Pudo haber sido en 1960 o algo después. Lo que ahí se exhibió fue una copia muy deficiente de Melodía de Arrabal. Pero se trataba de Gardel y punto.
En ese mismo local vi otra mala copia de Alma de Bandoneón, en dónde fuera de Libertad Lamarque cantaban Charlo y Ernesto Famá. El tema de Charlo era Horizontes y no me llamó la atención. Pero lo de Famá era Cambalache y la suya es la versión que más me gusta de ese famoso tango.
El programa Radiolente, de Hernán Restrepo Duque, y las notas de prensa de Carlos Serna estimulaban a los tangueros. Lo de Hernán Caro apareció más tarde, en los años sesenta.
Es mucho lo que la música popular le debe al malogrado Hernán Restrepo Duque. Era un verdadero estudioso. Además, decía las cosas con un entusiasmo que contagiaba a sus oyentes.
Los radioteatros de la Voz de Antioquia y La Voz de Medellín ofrecían espectáculos musicales muy atractivos. Yo frecuentaba más el primero, en el que fuera de Podestá vi también a Larroca y Antonio Tormo. Ahí tuve oportunidad de conocer al eximio Joaquín Mora, que era un conversador amenísimo. Admiraba mucho a Fiorentino, que con el tiempo llegó a ser uno de mis cantantes predilectos.
Mi afición por la música clásica vino después, en mis años de estudiante universitario. Mi papá tenía una buena colección de álbumes de 78 RPM que yo disfrutaba un poco de contrabando cuando me encerraba a estudiar en su biblioteca. Me apasionaron la Cuarta Sinfonía de Brahms y la Quinta de Tchaicowsky. Tal vez en las versiones RCA Víctor de Fritz Reiner. Me las sabía de memoria. El primer disco clásico que compré fue la versión que publicó Codiscos de los conciertos para violín de Mendelsohn y Bruch. También me los sabía de memoria y podía silbarlos. El primero me sigue fascinando. No más ayer, a la hora de almuerzo, puse a sonar una excelente versión de David Oistrakh que me llegó con la revista Diapasón.
Yo era cantor de baño, pero una modesta fama hizo que también cantara en reuniones de amigos. Creo que los primeros tangos que aprendí fueron Adiós Muchachos, Caminito, Madreselvas, Silencio y El Adiós. Entonando por ahí algo de Remembranzas le escuché decir a una damisela: “Ese muchacho tiene buena voz”. Lo mismo me dijo Alfredo Sadel cuando me oyó tararear algo a la salida de una presentación suya en el Pablo Tobón Uribe. Y cuando Hèctor Palacios le pidió al público que lo siguiera en La Vieja Serenata, me pasó el micrófono, pero no quise exhibirme y callé. Creo que le gustó mi entonación de “...Mujer, mujer, no te olvides de aquél que fue y te cantó en noches de luna llena bajo tu reja su amor, y al escuchar del trovero la dulce queja galana, abriéndose la ventana un muchas gracias se oyó...”
Esos pobres sueños da cantor ya fenecieron, puesto que la gola se fue y la fama quedó en puro cuento.
Como soy torpe de movimientos, no aprendí a tocar ni a bailar. La música se me queda en el alma y para mí es más de media vida.
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VB: ¿Cuál es el Medellín que asocia al tango, lugares: amigos, bohemia?
JVM: Pienso que la vinculación del tango con Medellín va mucho más allá de lo que insinúa la pregunta, que hace referencia a lugares, bohemia, cafés, etc.
Por supuesto que en Medellín ha habido lugares tangueros. Puede hablarse de los barrios ,como Manrique, Aranjuez, La Amèrica, etc. O de los bares de Guayaquil, como los que quedaban al lado del Teatro Balkanes, los del centro o los barrios.
Pero el escenario del tango es la cultura de la ciudad y específicamente la de las clases medias.
Al contrario de lo que pretende Manuel Mejía Vallejo en Aire de Tango, que lo sitúa en el nivel del lumpen, pienso que los nichos de la afición tanguera estuvieron a lo largo de muchos años en niveles sociales algo más elevados, a partir de la clase obrera, los artesanos, los empleados medios. Es interesante recordar que los peores sitios del viejo Guayaquil, como el Tìbiri Tábara o El Perro Negro, no eran tangueros sino lo que hoy se llamaría salseros o cultores de la música antillana. En otras palabras, los aficionados a Daniel Santos y sus congéneres creo que eran de nivel social inferior a los seguidores de Gardel y las orquestas típicas. Tampoco creo que hubiera coincidencia entre los tangueros y los aficionados a la música guasca, salvo que se considere dentro de aquéllos a los que les gusta La Cama Vacía o El Caballero Gaucho.
Quizás la razón estriba en que en el tango hay cierto grado de dificultad tanto literaria como musical que exige un mejor nivel de educación que el de más bajo pueblo.
Debo precisar que en las últimas décadas, como es natural, los gustos musicales han experimentado cambios no sólo radicales, sino paradójicos. Como observé en la respuesta a la primera pregunta, en los años cincuenta el gusto por la música norteamericana era propio de la sofisticación de la clase alta. Hoy, en cambio, son los muchachos de las barriadas los que arrebatan los discos de rock que ofrece Eliécer en su famoso Hit Musical. Y el tango, por su parte, ha ascendido en la escala social. Muchos profesionales consideran que es de buen tono conocer a Manzi y a Discèpolo, o escuchar a Piazzolla. Por su parte, las academias de bailarines se nutren de aficionados que tienen cierto poder adquisitivo.
Volviendo al tema, entre los años cincuenta y los setenta en Medellín se respiraba tango. Los festivales que se iniciaron a partir del magno evento de 1968,en el que tuvimos la suerte de ver a Troilo, eran multitudinarios. Los argentinos no podían creer lo que veían, pues en su propio país les era imposible atraer a tanta gente. Recuerdo que cuando en 1982 fui a saludar a Rivero en El Viejo Almacén y le contè que lo había visto en Medellín en1968,se emocionó y llamó a Baffa diciéndole: “Che, nos vio en Medellín con el Gordo”.
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VB: ¿Se considera un tangófilo de discos solamente o posee su buena biblioteca sobre el tema?
JVM: Realmente yo padezco tanto de la manía de coleccionar discos como la de los libros.
Por razones de espacio he liquidado varias discotecas y bibliotecas. No todas han quedado en las mejores manos ni he cosechado agradecimientos por mis donativos. Rara vez las he convertido en plata y ,en tales casos, siempre he creído haber hecho malos negocios
.Habida consideración de los recursos técnicos con que ahora contamos para almacenar la información musical, estoy en la tarea de pasar a CD y luego a discos duros lo que me queda de discos de vinilo y cassettes.
Creo tener una buena colección que incluye todo Gardel, todo Corsini, todo Troilo y muchas cosas más. No es fuerte en grabaciones de los años 10,20 y 30.Mejora con las de los años 40 y 50,aunque con muchos vacíos en esta última, así como en las de los años 60.Me interesa poco lo de las últimas décadas, pero tengo amigos que me han nutrido de lo que ello consideran lo más interesante.
Mi colección les debe mucho a amigos como Jaime González Posada, Leonardo Nieto, Luis Arango (q.e.p.d.),Luciano Londoño, Jorge Arango u Oscar Gaviria. En materia de libros sobre tango, me he quedado con lo básico y reconozco que mi colección es muy elemental.
Ya es difícil hablar de rarezas en las colecciones, por la oferta tan copiosa que hay en CD y MP3.Los que pueden ufanarse de tenerlas son los coleccionistas de discos originales de 78 RPM. Por ejemplo, Jaime González Posada tenía la mayor parte de su célebre colección de Gardel en este medio. Pero a mí me interesa el contenido, no la forma.
Se me quedó dentro del tintero el nombre de Hernán Montoya, un coleccionista de raca mandaca que me ha facilitado muchas grabaciones recientes que consigue con amigos que viajan a la Argentina. Claro que él también se ha beneficiado de mis préstamos y creo que estamos los dos a mano.
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VB: La otra vez decía: “Hace unos años grabé cinco cassetes con lo que consideraba los cien mejores tangos cantados y no estoy seguro de haber acertado en la selección. Si la fuera a hacer hoy, probablemente haría muchos cambios. Al fin y al cabo los gustos musicales son muy subjetivos y dependen en buena medida de estados de ánimo, vivencias, recuerdos y, en general, inquietudes que van evolucionando con los años”
Aunque esto es cierto, ¿no piensa que también hay una infidelidad con los otros cantantes o tangos que uno desecha, pero que después de ese estado de ánimo vuelve a ellos? ¿Con quién le ha pasado, que una vez que haya un tango y lo deseche y al tiempo regrese a escucharlo? ¿Cuál tango es el primero y si después lo cambió?
JVM: Es cierto que los gustos personales son muy cambiantes y muestran tanto evoluciones como, si se quiere, involuciones.
Como a la mayor parte de los tangueros de mi generación, el tango nos llegó y se nos quedó a través de la oferta discográfica y radiofónica de los años cincuenta. Ya le he mencionado algo de eso al responderle la primera pregunta. Comenzamos con Gardel, Magaldi, Charlo, Irusta, Alberto Gómez, Alberto Castillo, Héctor Palacios o Pepe Aguirre, entre los cantores solistas, o con las orquestas de Canaro, De Angelis, Caló, Biagi, Rodríguez, Laurenz o Varela. Este entró pisando duro con las grabaciones que hizo para Columbia en esos años.
Con ese bagaje, me costó algún esfuerzo entender a Troilo y sus cantores, sobre todo Rivero. Pero tiempo después, con la maduración de mi gusto musical, se convirtieron en mis favoritos. Algo parecido me sucedió con Fresedo y con Pugliese. Con Di Sarli y Salamanca hubo amor a primera vista. No así con D´Arienzo, del que me gustan algunos de sus temas instrumentales y lo que hizo con Valdez, pero lo encuentro bastante brusco.
En cuanto a los temas, me resulta difícil evocar sus vaivenes a lo largo de más de medio siglo de trato con el tango. Hubo cosas que me gustaron mucho en su momento, pero más tarde perdí interés en ellas. En cambio, hay temas recurrentes. Puedo hablarle de temas que repito cuando los oigo en el carro, que es ahora mi lugar para escuchar tangos. Si pongo a Gardel, no puedo dejar de repetir la audición de Culpas Ajenas, Gimiendo, Enfundá la Mandolina, Padrino Pelado, Lechuza, Pan, Pordioseros, Misterio, Siga el Corso o los de su última hornada. Me impactan muchísimo Recordando y Dos Vidas que grabó Irusta en Nueva York en 1940.La Viajera Perdida, de Rivero con Troilo, así como María o ninguna, de Rufino también con Troilo, hacen que devuelva el disco. Igual me sucede con Sosiego en la Noche, sea que lo cante Hugo del Carril o Fiorentino con Troilo. Y de Hugo me agarran Canciòn Desesperada, Uno y Bettinoti.
Con Berón tuve reticencias al principio. Pero Palomita Mía y Luna vencieron mis escrúpulos. Son dos obras maestras. Tengo qué cerrar aquí evocando a Julio Martel: Mirá viejito, pa´que te voy a contar.
Un cantante con el que tuve muchas dificultades al principio y después ingresó definitivamente a la lista de mis favoritos es Adolfo Rivas, exquisito vocalista de Osmar Maderna y luego de la Orquesta Símbolo que mantuvo en vigencia durante varios años el legado de ese eximio pianista y compositor,"madrugado bien temprano",como reza el título de una composición que Osvaldo Pugliese dedicó a quienes como Troilo o Maderna el Ángel de la Muerte se llevó cuando tenían todavía muchísimo que aportar en beneficio de la buena música.
Algo parecido
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VB: ¿Por qué le fascinan los tangos arrabaleros, carcelarios y prostibularios ¿Porque la vida está escrita e inscrita allí o por el deseo de vivir esas historias?
JVM: Creo que las dos alternativas que usted propone al formular la pregunta son válidas y no se excluyen entre sí.
Hace tiempos leí en L´Express un reportaje del célebre filósofo Cioran, conocido por su pesimismo. Coincidencialmente participo de sus dos gustos musicales: Juan Sebastián Bach, a quien en este momento estoy escuchando a través de una interpretación de Glenn Gould y del que Cioran alababa su sublimidad cercana a lo celestial, y los tangos argentinos, diría uno que ferozmente anclados en la vida.
Recuerde a Cátulo Castillo cuando habla de "El hondo bajo fondo donde el barro se subleva".Esos humildes letristas de tango, al decir de Ernesto Sábato, han hecho metafísica sin saberlo. Se aproximan, a menudo sin mayor destreza literaria e incurriendo en inevitables ripios que hacen las delicias de sus detractores, a los estratos abisales de la existencia humana con intensidad y lucidez admirables. En esos estratos abisales está la huella del dolor. Recuerde lo de Caruso, un letrista muy denigrado que hizo obras imperecederas:".Sabe que es condición de varón el sufrir..."
Ese dolor profundo e incurable se condensa y es más lacerante en las prostitutas, los presos y los indigentes, esos marginados que constituyen la escoria de la sociedad.
Los letristas de tango suelen acercarse a ellos con sentimientos de piedad y conmiseración para prestarles su voz. Y ésta casi siempre es dura, áspera, hiriente. Hay confesiones escritas en tono y con términos dignos de Shakespeare:"...Un viento de locura atravesó mi mente; deshecho de amargura yo me quise vengar...".O este otro:"...Dicen que dicen que desde entonces y ardiendo de odio su corazón, el taura manso buscó a la paica por cielo y tierra como hice yo...".
Le sugiero que preste atención a Canción de Cuna, que habla de esa que era casi una niña "que por su hijito loca quedó" y "En el sendero del triste hospicio...cantaba con débil voz la tierna frase de madrecita que a su hijo dice todo su amor...". Agréguele el final de Lechuza, que "Pálido, triste y maltrecho un andrajo parecía..."y "...Cayó al pie del balcón manoteando el corazón...", o la angustia de esa Galleguita, "...Sentada triste y solita en un rincón del Pigalle..."¡Cómo no verla y condolerse de su tristeza infinita!
En una excelente antología de poesía francesa el compilador habla, por supuesto, de los ripios en que hasta los grandes versificadores incurren, para destacar que lo que interesa son las "pepitas", esos versos que aún aislados de las composiciones de que hacen parte valen por sí mismos tanto como el oro. En las letras de tango hay mucha basura, pero esas pepitas son un venero inagotable.
Acostumbro decir que no sé si alguna frase lapidaria la tomé de la Biblia o de algún tango que escucho mientras leo aquélla.
Pienso que ese fondo metafísico ha desaparecido en los letristas de las últimas décadas, salvedad hecha de Eladia Blásquez, que con "el Miedo de Vivir" y "Sin Piel" ha elevado el género a las más elevadas cumbres. Alguno escribió hace poco que esos letristas se habían nutrido del anarquismo de fines del siglo XIX y principios del XX. Es posible y bien convendría profundizar esta hipótesis. Piense en José González Castillo, que promovió una universidad popular, o en la cercanía de los hermanos Discépolo con el teatro de Pirandello.
Hace un tiempo mencionaron en la prensa que el tango predilecto de García Lorca era "A la luz de un candil".Su letra es horrible, diría uno que modelo de expresionismo:"...Las pruebas de la infamia las traigo en la maleta: las trenzas de mi china y el corazón de él...".Se cuenta que en España algún cantante llevaba una maleta que abría en el momento culminante de la obra. Ignoro qué exhibía. Lo cierto es que su patetismo es tremendo.
Carlos di Sarli, que para el repertorio cantable prefería temas románticos que dirigía con toda su finura, incluyó en sus presentaciones unos pocos tangos que se salían de ese molde de exquisitez, como "A la luz de un candil",que lo grabó con Jorge Durán y después con Mario Pomar, y "Del Barrio de las Latas",con este último. Creo no exagerar si le digo que la versión de Durán es uno de los momentos estelares del tango argentino.
"Del Barrio de las Latas" da fe de una afirmación de Borges que leí en un texto que no he podido recuperar, según la cuál el tango nos ofrece una Comedia Humana en tono menor.
Ese personaje de Beltrán, que "...Del barrio de las latas se vino pa´ Corrientes con un par de alpargatas y pilchas indecentes...", es digno de las mejores escenas de la picaresca."...Tal vez algún descuido que el mozo aprovechó..." hizo la fortuna que le permitió después mostrarse por Boedo,"estribando unas polainas que dan mucho dique al pantalón..."
Aún en las almas más torvas refulgen destellos de la chispa divina que anida en el interior del hombre.
Eso lo ve usted en Mauriac y en tangos duros como "Gimiendo".En éste,"Negros barrotes de la cárcel borraban para el mundo el escracho de un matón".Pues bien, éste le cuenta al carcelero con pelos y señales cómo fue el duelo que lo llevó a estar entre rejas y le pide que transmita la carta en que a la causante de sus desdichas le reitera que la quiere con palabras en que implora y ofrece el perdón.
El mismo tema pasional, con ribetes de tragedia griega, se plantea en Amigazo:"...Yo, que en el secreto estaba, puse fin a mi venganza cuando vi al cantor aquél que a los labios de la infiel como abrojo se prendió; los celos sentí, tantié mi facón y ahí mismo ,a lo gaucho, le abrí el corazón...".Pero el remedio de nada sirvió:"...Desde entonces mi alma está errabunda, atada a la coyunda de aquel doliente amor..."
La pasión humana entraña misterios insondables que sólo la gran literatura y la tradición religiosa logran penetrar tangencialmente. El racionalismo que ha urdido, según Borges, la triste mitología de nuestro tiempo, es incapaz de ofrecernos alguna versión creíble acerca de esa materia oscura que campea en nuestro interior. Suelo decirles a mis discípulos de Filosofía del Derecho que olviden el paradigma del adulto dotado de razón y suficientemente informado que decide con autonomía moral sobre sus propios fines, como base de la construcción de los derechos, y lean más bien a Shakespeare o a Pascal. Llegarían a lo mismo si se interesasen en los tangos argentinos.
Pasando al otro aspecto de su pregunta, traigo a colación la anécdota de Gardel con Celedonio cuando éste le llevó la letra de mano a Mano. Cuentan que le preguntó, con la picardía que lo caracterizaba, si esa historia de la mina bacana le había ocurrido a su tío, pues parecía imposible que diera testimonio de alguna experiencia personal de quién todavía era un mozalbete.
Debo decir entonces que esas cosas trágicas que narran los tangos no me han sucedido a mí. El amor me llegó al término de una juventud poco edificante, pero llegó para quedarse, hasta que la muerte nos separe. Mi esposa es un don del cielo y le debo muchísimo más que lo que ella a mí. No estamos mano a mano, porque es muchísimo mejor que yo. Mi suegro me la entregó como una muchacha buena y así ha resultado ser.
Como en el caso de Borges, para mí el tango narra "... el recuerdo imposible de haber muerto peleando en una esquina del suburbio...".
Aclaro que aunque no me hallo muy conforme con mi vida, no me habría gustado cambiarla por las de los personajes de esos tangos dramáticos. Pero estoy cierto de que mi trato con ellos me ha aportado dosis de comprensión de la miseria humana que de otro modo tal vez no habría podido obtener.
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VB: ¿Se puede hablar de un tango sofisticado, de salón y otro de la calle. Nos podría ampliar estos conceptos?
JVM: El tango es un fenómeno cultural complejo que exhibe múltiples facetas.
Las dos que usted señala en su pregunta son reales. Hay un tango sofisticado o de salón y otro netamente popular.
Si quiere averiguar por la diferencia, compare a Fresedo con D´Arienzo.
Estas dos vertientes aparecen ya a fines de la década del 10, que es cuando cobra forma el tango canción.
Observe el repertorio primigenio de Gardel. Ahí encontrará tangos duros, como Mi Noche Triste, Flor de Fango, Pobre Paica, De vuelta al bulín o Ivette, pero también, El Pañuelito y, pocos años después, Muñequita, Tesorito o esta auténtica joya, injustamente ignorada: Una Pena.
Lo mismo se da en el aspecto musical. Al lado de temas rompedores como El Entrerriano, Rodríguez Peña o Derecho Viejo, van apareciendo tangos melódicos como Ojos Negros.
Este último es una muestra de lo discutible que es el tema del progreso en el arte. Igual que las pinturas de la Cueva de Altamira, este tango casi prehistórico muestra todo lo que en materia de elegancia puede lograr el género. Ahí está la matriz de lo que después hizo ese delicado melodista que fue Enrique Delfino o lo del último Gardel, que es grandioso, por no hablar de lo de Mores, Maciel, Dames o Troilo.
Maciel, como Joaquín Mora, era negro. A los dos les debemos algunas de las páginas más exquisitas del tango.
Le sugiero que escuche con cuidado la versión de La Viajera Perdida que hizo Rivero con Troilo. Aunque hoy la letra suene demodé, el tema es precioso, la música no podría resultar más exquisita y la interpretación, sublime. De Troilo se encomia, como es natural, su virtuosismo con el bandoneón, pero hay un aspecto que poco se señala: su elegancia en el manejo de las cuerdas. No sé si fue él quien introdujo el cello en la orquesta típica, pero el modo como lo emplea es ejemplar. Fíjese en el dúo que hace con Rivero cuando éste en Mi Noche Triste entona el verso de la lámpara del cuarto. Sólo es comparable con el que años después hizo Rufino con el violín de Francini en Melodía Oriental.
Pero el tango no puede refinarse de tal manera que pierda su sabor popular. Los europeos tienen el defecto de edulcorarlo hasta el punto de privarlo del aire canyengue. Sin éste, deja de ser tango y se convierte en otra cosa que no tiene el mismo gusto. Aún vestido de etiqueta, como Gardel, debe conservar su acento orillero.
Cuesta trabajo lograr ese equilibrio. A Canaro se debe un esfuerzo que ha merecido toda suerte de críticas: el tango sinfónico. Hay que verlo en algunas de sus actuaciones cinematográficas: dirigiendo su orquesta se sentía un Toscanini. Pero hay había algo de petulancia.
Posiblemente el secreto que Troilo dijo que Di Sarli se llevó consigo a la tumba sea el de ese equilibrio. El refinamiento de sus orquestaciones y la delicadeza de sus melodías se enmarcaban dentro de un compás nítidamente orillero. Cuando se escuchan esos contrastes disarlianos se experimenta el tránsito hacia otra dimensión. Lo suyo apunta hacia un mundo de profundidades indescifrables.
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VB: ¿Cuál de ellos prima en Medellín según su análisis?
JVM: El gusto medellinense por el tango se ha centrado principalmente en lo que estuvo vigente en la década del 40 del siglo pasado, aunque en ciertos sectores lo que prevalece hoy es lo de Piazzolla, junto con el último Goyeneche y Adriana Varela.
Como en materia de gustos se dice que no hay disputas, me abstendré de censurarlo o encomiarlo.
Me limito a registrar el hecho de que nuestra afición no hubiese estado acompasada con la evolución que transcurría en Buenos Aires. De ese modo, figuras que allá habían perdido toda vigencia, aquí eran idolatradas, y los triunfadores en la capital argentina corrían en Medellín el riesgo del fracaso.
Le menciono dos ejemplos. En 1955 Alberto Marino estaba en su apogeo. Era en ese momento una de las voces supremas del tango. Pasó por aquí camino de Nueva York, en medio de la indiferencia de los tangueros, mientras aclamábamos a Andrés Falgás, cuya hora en Buenos Aires ya había pasado. Años después me tocó presenciar la muy lánguida afluencia de público para escuchar a esa gloria que fue Osvaldo Pugliese. Creo que la mitad del Teatro Pablo Tobón Uribe quedó vacía.
Es interesante observar que el tango que se quiere en Medellín es el que se escuchaba en otras épocas en las emisoras, el que se oía en los buses cuando pasaban cerca de las cantinas o el que entonaban madres y domésticas para acompañar sus oficios. Es un gusto que se asocia a recuerdos de infancia y juventud.
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VB: ¿Vivió el Medellín de Guayaquil tanguero donde se decía que había tangueros de ley? ¿Nos puede hacer referencia a sus bares y cafés, a las personas?
JVM: A decir verdad, no fui muy guayaquilero.
Los tangos los oía en casa y las farras remataban más bien en Envigado, con música de cuerdas y mucho Ortiz Tirado, Valente y Cáceres, Peronet e Izurieta y lo que acá suele denominarse música antigua. Me encantaba beber con pasillos ecuatorianos. Es difícil encontrar aires más bohemios.
También había la inevitable recalada en los refugium pecatórum, que no eran propiamente lugares tangueros, si bien una madama famosa, la Pintuco, se lucía cantando Madre.
Lo que hoy se llama rockolas y antes pianos era una institución en Guayaquil. Eran famosos los que surtía Juancho Uribe, que les cambiaba los títulos a los discos para que no le copiaran el repertorio. Ahí Yira, Yira se llamaba, por ejemplo, Cuando estén secas las pilas o algo semejante.
Los cafés de barrio tenían su encanto,como el Percal en Manrique, pero no puedo decir que fuera un visitante muy asiduo de ellos.
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VB: A propósito de lo anterior uno de los cantantes de esos temas, Oscar Larroca es poco mencionado en las antologías, ¿a que se debe si tiene una voz hermosa? Otros eran Armando Moreno y Pepe Aguirre que nos pede decir de ellos.
JVM: A Oscar Larroca lo vi por primera vez en La Voz de Antioquia, tal vez en 1960.Lo volví a ver en varios festivales de tango. Precisamente, cuando empezaba uno de ellos tuvo que devolverse para Buenos Aires a causa de la enfermedad que lo llevó a la tumba. Después vi a su hijo, que tenía buena presencia y buena voz, pero carecía de la recia personalidad de su progenitor.
Pocos cantantes han gozado de la popularidad y el aprecio de los medellinenses como Larroca. Recuerdo que en eventos multitudinarios como los que se realizaban en el Coliseo Cubierto se oía el rumor del público que seguía con devoción casi religiosa sus canciones como Sangre Maleva o Volvamos a Empezar. Era un gigante. Su versión de Triste Destino producía un impacto enorme. Pero como cantor solista no logró proyectar una imagen propia, diferenciada de la del gran vocalista que fue de Alfredo de Angelis, y en Buenos Aires era uno entre muchos.
Armando Moreno también tuvo un éxito descomunal entre nosotros, del todo incomprensible para los argentinos que lo veían como uno de los del montón. Fue uno de los primeros cantantes de tango que aprendí a distinguir, porque acá se lo escuchaba a todas horas. Noches de Hungría y Mis Harapos son de las piezas más populares que ha habido entre nosotros. Recuerdo que en sus presentaciones, cuando trataba de variar su repertorio, el público lo obligaba a volver a esos temas y a Se va el tren o Tengo Mil Novias, que acá se difundió en disco por el Chato Flores y no por Moreno.
Dentro de los primeros discos que adquirí estaban Maruska, Jugando a los Novios y Diarios, Revistas Señor. Después me hice a Un Tropezón, editado por Tropical en Barranquilla cuando tenía la franquicia de Odeón. Creo que su reverso era Noches de Hungría.
Pero mi entusiasmo por Moreno se enfrió de tanto oírlo. Era un buen cantante que seguía, como Mario Pomar, la línea de Charlo. Pero no lo tengo dentro de mis favoritos.
Cuando me llegó el tango en 1956 era inevitable toparse con Pepe Aguirre, que me gustaba mucho por ese entonces. Creo que uno de los primeros temas que aprendí a cantar fue Pensando en ti. Naufragio, Hojas de calendario, Jornalero, Mañana zarpa un barco, Frivolidad, La Colegiala, Muñeca de loza, Payaso, entre otros, fueron temas que también me sedujeron. Compraba todo lo que salía de él en 78 RPM. Recuerdo una rara Contestación a Mano a mano que no tuvo mucha difusión y desafortunadamente no conservé.
Después no me gustó más, pues creo que mi gusto musical fue mejorando con la audición de los cantores de Troilo. Pero lo vi en el Coliseo, cuando trajeron a Maida y creo que a Jorge Ortiz.Ya estaba acabado y se le olvidaban las letras de las canciones, pero era muy simpático y el público lo adoraba. Se quedó aquí y, según decires, terminó sus días de huésped en un lenocinio.
En Chile lo recuerdan como cantor nacional. Figura en las antologías de música chilena como uno de los artistas más destacados de los años cuarenta.
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VB: ¿Nos podría hacer una antología de tangos populares en el sentido del gusto de las personas, de esos que son para sentarse en la mesa de un café, a beber?
JVM: Supongo que la pregunta se refiere a los temas que gustan aquí e invitan a la gente a beber con ellos.
Como hace muchos años que no ando con borrachos ya no sé qué es lo que aflora a sus voces destempladas cuando la bebida los lleva a la etapa de los cantos, previa a aquélla en que tropiezan con la autoridad y más o menos acompasada con la de las efusiones sentimentales, los recuerdos de la madre, las declaraciones de amistad y lo que un amigo llamaba la denigración del clero y los políticos.
En mis años de parranda y copetín los triunfadores eran los temas de Magaldi, como Mis delirios, Disfrazado, Nieve, Levanta la frente o Mañana es mentira. Dentro de mis modestos éxitos como cantor aficionado estaba Dios te salve m´hijo. Todavía hoy vibro de emoción al escucharlo, aunque algunos amigos lo consideran demasiado populachero.
Acá hicieron un concurso radial por los lados del año sesenta y Magaldi le ganó en popularidad a Gardel. Ignoro si hoy se lo sigue escuchando como entonces, porque le perdí la pista a la radio y no frecuento los bares.
Por supuesto que los grandes temas de Gardel siguen animando a los cantores aficionados. Yo coseché uno que otro aplauso con Tomo y Obligo, Golondrinas, Adiós Muchachos o Madreselvas. Pienso que El día que me quieras es hoy prácticamente un himno.
Cambalache, Yira Yira y Esta noche me emborracho seguramente mantienen su vigencia entre los bebedores, lo mismo que Sentimiento Gaucho.
Y todavía te quiero era otro tema pegajoso, lo mismo que, años después, Lejos de ti.
Sólo tangencialmente le he mencionado a Irusta, uno de los cantores más queridos por el público antioqueño. No era raro que al llegar a cualquier pueblo los traganíqueles le dejaran oír a todo timbal Polvo de los caminos. Es seguro que buena parte de las utilidades de Sonolux vinieran de ahí.
Cuando yo estaba joven Sur era un tema exclusivo para los buenos conocedores. Yo lo cantaba en las reuniones, junto con su reverso, La última curda. Sospecho que en los últimos años ha logrado una mayor difusión, la cual está de sobra merecida pues es uno de los puntales del tango. Equivale a otro himno.
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VB: La otra vez cuando lo de la antología de tango, hablaba de que le gustaba la música clásica. A propósito de esa aseveración hay piezas de tango que son como composiciones clásicas.
JVM: Recuerdo que a uno de mis profesores le llamaba la atención que Beethoven y Gardel fueran en ese momento mis grandes preferidos. Según le comenté, llegué a la música clásica en mis años de estudiante universitario y también respecto de ella mis gustos han ido evolucionando con el paso del tiempo. Soy un buen coleccionista y en realidad es la música que más escucho cuando estoy en casa. Como le dije atrás, en los últimos tiempos mis preferencias se han orientado hacia Juan Sebastián Bach, sin perjuicio de mi admiración por Beethoven.
Hay muchas discusiones sobre lo que diferencia lo clásico de lo popular. Pero definitivamente el asunto no radica en la calidad. El maestro Harold Martina, que es un regio intérprete de Beethoven, también es aficionado a los tangos, aunque ignoro en qué medida. Lo cierto es que alguna vez me dijo que él seguía la tesis de Rossini: sólo hay dos clases de música, la buena y la mala. Según ello, en materia de tango no escasea la buena música.
Tal vez el criterio decisivo esté en la elaboración técnica y la complejidad que muestra el género clásico o culto respecto del popular. Éste es mucho más simple y fácil de interpretar. Para explicarlo puedo mencionarle dos anécdotas, una de Piazzolla y otra de Francini. Cuenta Piazzolla que cuando conoció a Artur Rubinstein en los años 40 en Buenos Aires quedó impresionado con la facilidad con que de una podía acometer la ejecución de un tema popular que a otro músico le habría costado algún esfuerzo para asimilarlo. Si uno es experto en Chopin, cualquier tema está a su alcance. La misma impresión le produjo a Francini, que era el violinista más reputado del tango, la audición de un concierto de Ruggiero Ricci. Ahí se dio cuenta de que estaba en pañales.
Pero el jazz y el rock ponen en duda este criterio, pues en los útltimos tiempos los músicos que los cultivan son de profunda formación académica y ponen sus avanzados recursos técnicos al servicio de dichos géneros. Algo gusto del jazz y nada del rock, pero en ellos hay mucha música. Me di cuenta del tema una vez que le di a escuchar a un amigo que tiene muy buena formación musical uno de mis tangos instrumentales preferidos. Él, un excelente conocedor del jazz, lo encontró pobre, y tenía razón desde su punto de vista.
Con Piazzolla también fracasa la distinción. En Londres y nueva York sus discos se encuentran en la sección de clásicos y no en la de música popular. Un gran violinista europeo cuyo nombre adora se me escapa dijo en un reportaje que Piazzolla era como Schubert, un maestro de las formas pequeñas. A Schubert se lo admira más por sus canciones que por sus sinfonías, sus cuartetos o sus sonatas, siendo todo ello de primera calidad.
Hay un ejercicio interesante acerca de la interacción de la música culta y la popular. Grandes compositores clásicos se han inspirado en temas populares. El caso es obvio en los de la escuela nacionalista, pero también se da en Haydn, Mozart o Beethoven. Pero también los clásicos han servido de inspiración a los músicos populares-
Se dice, por ejemplo, que Firpo compuso El Amanecer inspirándose en la Sinfonía Pastoral. Y si le pone cuidado a Una Lágrima Tuya, va a encontrar que su tema inicial es prácticamente el mismo de una de las sonatas para violín y piano de Brahms. Un compás de Claveles Blancos- "´Se durmió besando el sueño aquel..."-me sonaba conocido, hasta que lo encontré en la Sinfonía Italiana de Mendelssohn.
El asunto es indiscutible cuando se piensa en la Ópera. Ésta se ha nutrido hasta la saciedad de los temas populares, pero éstos, a su vez, han sufrido el influjo de aquélla. Si escucha Talán, Talán por Gardel, piense en la queja de Rigoletto contra los cortesanos que han corrompido a su hija. Por lo demás, las historias de las dos muchachas son similares, salvo en que la hija de don Juan se pierde de vista en una voiturée. Y en Una lágrima-"Cuando rodó cual gota cristalina sobre su faz la lágrima de amor..."-también suena patente Verdi.
Hace años encontré en una pieza de Milhaud sobre temas brasileños nada menos que los primeros compases de La Criolla, que fue un éxito del repertorio campero de Carlos Gardel.
Me dice usted que hay tangos que le parecen clásicos.
El asunto ofrece tela para cortar. Hace años tuve un disco que hoy me duele no haber conservado con unas Variaciones sobre un tema de tango, creo que de Gianneo, si la memoria no me falla. Cuando lo tuve no me llamó la atención y por eso lo dejé ir. Ignoro si ha habido otros esfuerzos de compositores argentinos por elevar el tango hasta ese nivel. Ahora, lo que se ha hecho, por ejemplo, en materia de tango sinfónico puede ser meritorio, pero le confieso que poco me convence.
Hay otros esfuerzos tal vez más bien logrados para transcribir tangos a formas más simples, como el cuarteto o el quinteto de cuerdas, o para piano solo. Lo que más me ha convencido al respecto es lo que hizo Orlando Trípodi.
De todas maneras, muchas melodías de tango son dignas de servir de base para la composición de piezas clásicas.
Otro aspecto de la cuestión es la presencia del tango en obras del siglo XX, como La Historia del Soldado de Stravinsky o La Ópera de los Diez Centavos de Kurt Weill.
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VB: Cuando se refiere a un extraordinario vocalista de Troilo, que sólo hizo con él dos grabaciones que son históricas, Carlos Olmedo. Su Recordándote no tiene nada que envidiarle al de Gardel. No es el deseo del eximio coleccionista decir si no lo conocen búsquenlo que yo sé quién es, pero yo me les adelante.
JVM: Como suele manifestarse en las respuestas a las demandas sobre ciertos tópicos que incluyen afirmaciones, diré que se trata de una apreciación personal suya. Lo importante no es descrestar a los demás, sino decirles que hay intérpretes o temas poco conocidos y que son muy dignos de considerarse. Es el caso de Olmedo, que tenía condiciones para ser otro Rivero. No sé por qué duró tan poco con Troilo. Compuso De Puro Curda y tal vez este tango refleje sus prácticas personales en materia de bebida. Troilo no daba buenos ejemplos en esa materia, pero quizás Olmedo lo sobraba doblando el codo. Pero nada me consta al respecto.
Ahora, en materia de voces poco conocidas le recomiendo que le preste atención a Rodolfo Galé. Su versión de Eras como la flor con José Basso es para llevar a la isla desierta. Si me pide diez temas imprescindibles, sin duda mencionaré este.
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VB: ¿Qué nos puede destacar sobre tangos colombianos?
JVM: Le acabo de mencionar unos temas imprescindibles. Le diré ahora que todos los tangos colombianos son absolutamente prescindibles, irrelevantes. Sólo se salva uno, que se escribió en Argentina en los veinte. Se trata de El Brujo, de Eduardo Carrasquilla Mallarino, que grabó Gardel en el sistema acústico.
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VB: ¿Qué escritores siempre asocia al tango y por qué?
JVM: No suelo asociar el tango con determinados escritores, salvo en el caso de Borges, que se ocupó de él desde distintas perspectivas, a menudo críticas, o el de Sábato, que atrás mencioné por el enjundioso estudio que hizo acerca del género. Pero debo confesar que la literatura contemporánea, incluyendo la latinoamericana y la colombiana, no es mi fuerte. Para disculpar mi ignorancia, acudo al gracejo de Borges cuando le preguntaron su opinión sobre el Boom latinoamericano y dijo que apenas se estaba actualizando en la literatura anglosajona del siglo XIII.
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VB: Por que no ha vuelto a escribir sobre tango. A veces pienso que por ahí tiene sus textos y notas guardadas?
JVM: En realidad no he vuelto a escribir sobre nada. Hay dos razones.
La primera en el tiempo tiene qué ver con mi regreso de Chile. Yo aspiraba a escribir de nuevo sobre distintos tópicos, como lo venía haciendo a lo largo de muchos años. Pero cuando uno es dado a la polémica y carece de apoyos, los enemigos se juntan para silenciarlo. A ningún medio le pareció interesante mi bagaje de escritor público y si alguno pensó en invitarme a que colaborara con mi pluma, no puso en ello el menor empeño. Me quedé entonces con los crespos hechos.
La segunda razón emana de la primera. Voy camino del anonimato, me siento arrojado a la gehena, soy como el naipe marcado del tango, que cuando es junado tiene qué rajar, o como oveja guacha que no tiene un perro que por ella vele, como la moza recién enviudada de los versos del Viejo Pancho, pero a decir verdad le he cobrado gusto al rincón de mi abandono y he perdido todo interés en la figuración pública.
Si me he esmerado en dar respuesta a sus preguntas, es por la bondad que puso de manifiesto para conmigo. Pero, créame, igual que al personaje de Suena Guitarra Querida, ya nada del mundo me halaga. Mi decepción frente a la vida pública es total y creo que incurable.
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VB: En su estadía en Chile qué tipo de tango vivió lejos de los avatares de la diplomacia. ¿Se puede hablar de un Santiago tanguero?
JVM: Como cosa rara, le diré que yo me fui para Chile a trabajar y no a divertirme. Como le manifesté al Presidente, ignoro si lo que hice fue bueno, regular o malo, pero en todo caso me esmeré en cumplir con el deber de representar a un país severamente cuestionado en el exterior y vapuleado por la mala fama. Cumplí rigurosamente y más allá de lo estipulado con la carga de deberes protocolarios que el oficio me imponía y lo hice con la mejor buena voluntad. Eso significa que no tuve mucho tiempo, salvedad hecha de las licencias que los reglamentos permiten, para darme gusto.
Chile fue en otra época un país bastante tanguero. Pero en Santiago queda poca huella de ese pasado. Vi en la calle Guardia Vieja que hay un sitio de tango, pero soy poco dado ya a trasnocharme, salvo que el oficio me lo exija. En los almacenes de discos la sección de tango es más bien reducida. Hay una gente que pública música para coleccionistas bajo el sello Oeme, pero no los pude localizar. Me dicen que en Valparaíso todavía hay buenos aficionados e incluso se presentan espectáculos con orquestas locales.
Tuve eso sí la fortuna de asistir a un concierto de despedida de su actividad artística que presentó Mariano Mores, con muy buena concurrencia, en el Teatro Municipal de Santiago
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VB: ¿Cuál es en la actualidad su Medellín tanguero o prefiere estar en su casa, en su sala de música, ordenando y buscando su música diaria lejos de los amigos?
JVM: La segunda parte de la pregunta da en el blanco. Mi actividad como aficionado se desarrolla básicamente en el seno del hogar. Tengo pocos amigos y apenas los veo. Asisto sólo a los eventos indispensables. No trasnocho y hace más de cuarenta años que no pruebo una sola gota de licor, a Dios gracias. Como le dije en una respuesta anterior, escucho los tangos en el carro y los gozo mucho. Poco sé entonces del Medellín tanguero de hoy.
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VB: ¿Nos puede hacer un paralelo entre el tango y los temas de derecho que usted maneja o son dos mundos independientes, Uno el de la responsabilidad y la seriedad, el derecho y el otro el de la evasión y el descanso, el tango?
JVM: Los seres humanos somos unidades complejas. Nuestra personalidad se pone de manifiesto en cada uno de sus componentes, así éstos parezcan ser contradictorios entre sí. Lo que hacemos influye en todos esos aspectos y no es posible diferenciar como si fuesen compartimientos estancos lo laboral, lo doméstico, lo lúdico, lo religioso, etc.
Tomo con seriedad mis aficiones. Fuera del deleite que me producen, me conectan con el mundo y me dan la oportunidad de aprender muchas cosas, unas de utilidad inmediata y otras aparentemente innecesarias pero que uno no sabe en qué momento le puedan servir de algo.
En cuanto a lo que constituye mi trabajo, siempre lo he tomado deportivamente, con entusiasmo, con gusto. De hecho, hoy mi mayor actividad se centra en lo académico, que me produce muy poco dinero pero me enriquece intelectualmente y mantiene vivas mis neuronas.
Como le dije atrás, mi afición por el tango me ha aportado un conocimiento del alma humana que de otro modo tal vez no habría alcanzado. Y creo que ese conocimiento me ha permitido comprender nuestra miseria y condolerme con ella. Me ha dado pie, además, para ejercer mi sentido del humor. Una buena cita tanguera en el momento oportuno puede limar alguna aspereza. Y si tengo qué poner algún ejemplo en clase, el recuerdo de los tangos, que fácilmente no se olvida, suele venir en mi auxilio.
Hace poco, para explicarles a mis estudiantes el influjo de la pasión en el obrar humano, me vino a la mente el calabrés de A Contramano que defiende su honor con el palo de los tallarines. Creo que la ilustración me resultó bien lograda.
Recuerdo a propósito de ello al finado jurista Alfonso Ortiz Rodríguez, que alguna vez me dijo que aunque ya no oía tangos como en su juventud, continuaba citándolos en sus cátedras.
Podría elaborarse un buen catálogo de frases lapidarias extraídas de las letras de los tangos. Sería muy divertido.
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VB: Me da la impresión que debe poseer su buena colección de tangos. ¿Cómo la ha ido completando?
JVM: Creo haber contestado ya en repuesta a las primeras preguntas. Dispongo, efectivamente, de una muy buena colección de música argentina que he venido reuniendo a lo largo de más de medio siglo. Pero esa colección ha tenido muchos cambios y no tengo mayor cosa de los discos originales. La razón de ello estriba en las evoluciones técnicas.
Comencé la colección con discos de 78 y 45 RPM, pero los temas fueron saliendo en LP y ya no se justificaba conservar aquéllos.
A principios de los años 70 apareció el cassette y durante mucho tiempo fui un grabador compulsivo. Pasé los discos simples que no habían salido en LP a cassette. Después hice lo mismo con muchos LP que ocupaban demasiado espacio.
A partir de 1982 apareció el CD y poco a poco el repertorio viejo se fue publicando en este medio. Inicialmente se creía que iba a desaparecer, pero el retorno de la afición por el tango ha dado lugar a que se multipliquen las reediciones de temas antiguos.
A principios de esta década comencé a pasar mis viejos discos y cassettes al formato del CD mediante el uso de quemadores. Algo he avanzado, aunque me queda mucho por hacer.
En Chile, por los deberes del oficio, tuve que aprender a manejar el computador. He adquirido en relación a éste algunas destrezas, como la famosa bajada, y tengo mucho material almacenado en discos duros.
Debo reiterar mi gratitud con los coleccionistas amigos que muy generosamente me han ayudado a completar mi colección. Callaré eso sí el nombre de un personaje muy conocido que se quedó con unos discos que le presté, como el Lp de Borges, Piazzolla y Rivero, que apenas pude recuperar con un cassette que compré en Buenos Aires en 1982.
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VB: ¿Cómo siente el tango en la actualidad?
JVM: Esta pregunta da para un ensayo, pero no quiero fatigarlo más ni abrumar a los lectores de su página de tango con un análisis detallado de la cuestión.
Le diré, para comenzar, que a quienes hemos llevado el tango en el alma casi a todo lo largo de la vida, la resurrección que hemos visto en los últimos lustros es algo que debe de alegrarnos. Nos queda, en efecto, la satisfacción de no habernos equivocado en nuestros gustos y la de compartirlos con otros. Esa satisfacción se produce debido a nuestro espíritu gregario, que se nutre del reconocimiento de los demás y necesita comunicarse con ellos.
Esa resurrección es un fenómeno cultural muy interesante, pero no me atrevo a aventurar hipótesis acerca de sus causas ni de sus proyecciones. La moda del tango no es hoy lo avasalladora que fue en la década del veinte del siglo pasado, pero impresiona el interés que suscita en la juventud. La navegación por internet permite llegar a muchos sitios tangueros en todo el mundo. Tengo algunos discos con tangos muy bien interpretados por músicos europeos que han asimilado a la perfección la técnica de los argentinos y los ejecutan como si se hubiesen formado en San Telmo.
Acá hay un buen ambiente. Lo que he oído en lo que a cantores y ejecutantes se refiere me parece digno de consideración.
Da la impresión que lo que más atrae es el baile, a juzgar por la cantidad de sitios que hay para ello. Diré, de paso, que yo no pude aprender a bailar ni siquiera el bolero. Soy negado para la danza. La música no me llega hasta los pies.
Toda esta demanda de tango genera, desde luego, la oferta llamada a satisfacerla. Cabe, entonces, examinar dicha oferta.
Aquí las cosas no son tan halagüeñas. Hay buenos cantantes, buenas orquestas, buenos bandoneonístas, pero las nuevas creaciones compiten en situación de clara desventaja con las clásicas. Si usted me preguntara acerca de algún tango de los de las últimas décadas que me hubiese llamado la atención, creo que no podría ir más allá de Balada para un loco, Sin piel o El corazón al sur, que ya son oldies, como dice el argot musical norteamericano. Y si bien los intérpretes son impecables desde el punto de vista de la técnica musical, les falta personalidad, son poco creativos ,reproducen mal que bien los moldes clásicos.
Los intentos de fusión, como el tango-rock y otros por el estilo, son difíciles de asimilar para quienes hemos formado nuestro gusto de la mano de los clásicos del género.
No soy de los que piensan que todo tiempo pasado fue mejor. Como dice una canción de la Rinaldi, eso sólo lo puede decir quien no fue mujer ni trabajador. Pero, en materia de gustos, hay que afirmar como en los campos: Al burro, con lo que lo crían...Y yo me hice en tangos....
Hay una hipótesis interesante según la cual el tango es hechura de los hijos de los inmigrantes, lo cual explica los sentimientos tan matizados que lo penetran, y los intérpretes actuales ya no tienen esa misma sensibilidad.
Como dicen los italianos, si non é vero, é ben trovato.
Cierto es ,en efecto, que esa lágrima en la garganta que tenían Gardel y los grandes cantores del pasado, hace tiempos que fue enjugada vaya uno a saber por qué o por quién. Y sin esa lágrima, el tango cantado pierde su sabor.
Las orquestas clásicas tuvieron que abrir sus propios espacios y necesitaban identidad. Sus directores e integrantes sabían que estaban haciendo algo nuevo, muy propio de ellos, en lo que tenían qué verter toda su sensibilidad.
Ya le dije, por ejemplo, que Canaro se sentía un Toscanini. No llegaba a tanto, es verdad, pero su anhelo lo puso en la primera fila de los músicos de tango.
Hace años comencé una selección con El Entrerriano interpretado por la orquesta de Canaro, porque se trata tal vez del primer tango con identidad propia y porque Canaro, con todos sus defectos, es el tango. Ahí había una personalidad, como en Troilo, D´Arienzo, Fresedo, Di Sarli, De Caro, Varela, Salamanca, Salgán, etc.
Esa personalidad propia es lo que echo de menos en los intérpretes actuales. Piense, por ejemplo, en Leopoldo Federico. Es un excelente bandoneonísta, su orquesta es impecable, pero usted no la identifica de buenas a primeras. En cambio, si escucha a Biagi, a Caló, a Gobbi o a Pontier, ahí mismo sabe de quién se trata.
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Foto cortesía de El Espectador

jueves, 16 de abril de 2009

Juan Moreno Gómez: su antología del tango




Juan Moreno Gómez:

su antología del tango


5 Tangos Instrumentales:
Derecho Viejo
El Entrerriano
Don Juan
El Choclo
Quejas del Bandoneón.

5 Tangos de ayer:
Mi noche triste
Nostalgias
Verde Mar
Canción Desesperada
Sur

5 Tangos de hoy:
Balada para un loco
Eras como la flor
Porque la quise tanto
La ultima curda
Naranjo en flor

CANTOR: Julio Sosa
CANCIONISTA: Mercedes Simone
LETRISTA : Enrique Santos Discepolo
MUSICO: Francisco Canaro
ORQUESTA: Osvaldo Pugliese
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JUAN MORENO GOMEZ :
He sido si un constante gardelista-perdone la exageración- y un difusor de su obra, así como defensor de su orientalidad, como dicen los uruguayos.Desde 1966, cuando comencé a visitar al Uruguay como representante venezolano y después como su Embajador, en las negociaciones de nuestro ingreso a la ALALC,( Hoy ALADI) y con la ayuda de los gardelistas argentinos y uruguayos, cuya amistad databa desde los años 50, conocí a Erasmo Silva Cabrera,, quien comenzó las investigaciones de su origen y posteriormente a los Dres. Paysee González y Nelson Bayardo, quienes siempre tuvieron la gentileza de nombrarme en sus libros.Mi colaboración al tema ha sido aportar la Cédula de Extranjero que le otorgo el Consulado de Venezuela en Puerto Rico a Gardel, para ingresar al país, cuya copia se la mandare en correo separado, así como mi foto y la respuesta a sus preguntas.En dicha cédula se menciona que es argentino por nacionalización y uruguayo por nacimiento.

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Versiones:

viernes, 3 de abril de 2009

Conversación con José Pedro Aresi




Conversación

con

José Pedro Aresi
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Aquí una presencia, José Pedro Aresi, ha vivido y sentido Buenos Aires y al tango. La ciudad y su música se confunden para definir ese término, que es un estado del alma, el ser porteño, del cual se siente muy orgulloso. Ser porteño es estar afincado en a ciudad pero también estar dispuesto a salir.
Fotografías, crónicas, el tango de los cuarenta son una presencia que Aresi nos relata y así nos abre un conocimiento sobre esa topografía citadina
Aquí en sus palabras destila la perdurabilidad de esa ciudad y de su música tan presente a pesar de tantos cambios. Aresi describe a su Buenos Aires y los rincones que ama, En síntesis la ciudad ha sido suya, y la música ha sido suya que es una manera de ser testigo y de decirnos: yo estuve aquí.


Víctor Bustamante: Elabóranos un perfil de José Pedro Aresi como cronista del tango
José Pedro Aresi: Yo he sido principalmente un testigo del Tango de los cuarenta y los cincuenta. Las crónicas o semblanzas que luego escribí, son el resultado de una comunión de mi persona con la música de Buenos Aires.Existen pasiones que se exaltan, tan pronto se escarba en la intimidad de nuestro ser. En mi caso, ello sucede con “Buenos Aires”, cuyo cielo me vio nacer y el Tango, la música de mi pueblo. ¡La que siempre acompañó mi vida!Para mí, Buenos Aires no es una mera geografía, sino la sumatoria de “grandes y pequeñas” cosas que edifican el altar donde se inmola mi alma, porque a mi ciudad la viví y sentí desde “purrete” y en ella aprendí el difícil oficio de ser argentino.No se trata de un compromiso de amor; es el amor mismo. Esa identificación se produce tan pronto dejé la cuna y se acrecentó luego, escuchando cantar a Gardel en grabaciones que surgían de la sonoridad de una “vitrola”. Más adelante, fueron las orquestas de Francisco Lomuto, José García y sus Zorros grises y “Los Indios” de Ricardo Tanturi, las que fortalecieron mi adicción primera. Así crecí entre tangos, milongas, valses y el cariño entrañable de mis padres, en un hogar obrero, donde todo se conseguía a fuerza de sacrificio.Luego la juventud me acercó a los bailes de los clubes de barrio y en los salones y confitería danzantes del centro de Buenos Aires, consolidé mi pasión por el tango. A todo esto debo sumarle la influencia paralela ejercida en mí, por el sainete y la revista porteña.

VB. Veo en la página WWW. Buenosairesantiguo, muchas fotografías memorables sobre Buenos Aires ¿por qué esa persistencia? ¿Nostalgia?
JPA: El título del Sitio sobre el cual me preguntás, lo dice todo: “Buenos Aires Antiguo” y a esta joya urbana enclavada en lo más austral de nuestra América, no solamente se le debe cantar o glosar; también debemos mostrarla y agasajarla con imágenes que la recreen y permitan volver a vivir y gozar
Buenos Aires es una mezcla de bohemia cultural, deportes y tango, a la vez que se resume en ella una calidez muy especia, con sabor y olor a “feca porteño”. Es precisamente ese conglomerado el que invita a perpetuar en fotos el color de sus barrios, el amor de la piba con trencitas rubias y la sensible sabiduría que exhalan sus calles.
Porteño deriva de “puerto”, lugar que le permitió a “Buenos Aires”, ser la vitrina de una tierra buscada por muchos para encontrar en ella, paz y progreso. El suelo de lo que hoy es mi ciudad, es el mismo que besaron nuestros mayores al desembarcar aquí, con la esperanza de un mañana venturoso, pero llorando en silencio el ayer que dejaron allá “en el otro lado del ancho mar”. En mi caso particular: En el cielo límpido del “pie del monte” o en la brumosa “risaia lombarda” - ¡Madunina d’ Or!

VB: Siguiendo con el tema ante el destrozo y destrucción de la memoria, ¿qué tanto Buenos Aires perdura en la realidad?
JPA: No creo que en el “hombre”, tal cual lo concibe Aristóteles”, se pueda destruir la memoria. Nada de lo vivido se olvida. A lo sumo se esconde en un rincón muy personal, pero nunca se podrá ser amputado.
Esto sucede cuando el “hombre” se pertenece y elige su modo de vivir. Por eso mi ciudad no se olvida, precisamente porque para el porteño, ella forma parte de su propia existencia.

Buenos Aires ……….
hija de gaita casada con un tano fiolo,
la mejor serenata te la dio un bandoneón,
bordando en el aire, letras donde Discépolo
lo entregó todo, regalando amor
Las luces del centro realzaron tu rango
y en tu cielo el tango apiló su emoción.
Fueye cadenero de una y mil citas,
que se trepó a los patios y a la calesita

Tal cual yo mezclo cosas, así de desordenados somos los porteños; que nacimos bajo un firmamento que se refleja en el sublime color de nuestra bandera; la que nos acaricia y abraza con toda la dulzura que solamente una madre puede brindar.Junto al desorden de nuestras vidas, nace precisamente el Tango, quien se escabulle audaz y grosero, para encender la noche de nuestros sueños e iluminarla con música y una poesía plagada de versos que arrugan frente al amor y hacen “pata ancha” ante la injusticia de los hombres.
Es por ello que pretendemos perpetuar la memoria, para que ella nos ayude a recordar.

VB: ¿Cuáles son los grandes fotógrafos de Buenos Aires?
JPA: Tal cual sucede con todo aquello que se pretenden preservar, existen grabados de la ciudad que fueron compendiados en la edición latina del año 1599 del libro de Ulrico Schmidel o Schmidl y acuarelas – la mayoría de ellas anónimas – que muestran al Buenos Aires de comienzo del siglo XV.
Más tarde, diversos dibujos y óleos fueron dejando muestras de su historia. Artistas como Carlos Enrique Pellegrini, Mariano y Francisco Fortuny, el inglés Emeric Essex Vidal y el francés Juan León Palliere, fueron unos de los tantos que trabajaron en tal sentido. Tampoco debemos olvidar la importancia obra de la pintora francesa Leonie Matthis.
Bien puede decirse que “la Reina del Plata” ha sido plasmada desde el nacimiento de la fotografía. Fotógrafos argentinos y extranjeros que arribaron a sus costas, reflejaron en sus obras el encanto de la ciudad.
Ya en la década del treinta, surge con fuerza, la figura emblemática de Horacio Coppola que fotografió a Buenos Aires, con espontaneidad. En sus fotografías, él toma a la propia ciudad como su gran personaje y capta a sus habitantes, las luces de sus noches, las grandes tiendas, sus calles y lugares más reconocibles, logrando así que cada una de sus imágenes “sea una obra de arte en si misma”.
Horacio Coppola nació en el año 1906 y según tengo entendido, aún hoy continúa su largo sendero de vida, por lo cual vale desearle: ¡Larga vida maestro!
A este nombre, se pueden agregar – entre otros - los de Ricardo Sanguinetti, Facundo de Zuviría, Sara Facio, Pepe Fernández, Sameer Makarius, René Burri, Raquel Bigio, Mario Muchnik y Grete Stern..

VB: ¿Qué sentís mirando esas fotografías de un Buenos Aires que ahora es otro?
JPA: Yo diría que Buenos Aires, intrínsicamente, no es otro. Somos nosotros los argentinos y en especial los porteños, quienes hemos cambiado. El modernismo arrasó con las mejores costumbres de un pueblo espiritualmente sano y laborioso.
La ciudad en sí, gusta aún hoy del suave trinar de los gorriones e inconcientemente rinde culto al pasional amor de la Mireya, en tanto guarda en su seno el olor y el sabor de un alucinante “CHE” porteño.

VB: ¿Cómo relacionas esas fotografías con el tango?
JPA: No es necesario relacionarlas, porque Buenos Aires está integrada de lleno con el Tango. Que se entienda bien: ¡Buenos Aires es Tango! y siempre se ha sentido y se siente aún hoy, atrapada por un fueye que cuenta sus penas y lo único que extraña es aquél alegre tranvía que un día se fue y aún no ha vuelto.
El filósofo dijo: “la ciudad es la comunidad procedente de varias aldeas”, mientras que yo pienso que Buenos Aires es un enclave situado junto a un río de plata vieja, con cuarenta y ocho barrios engarzados en el platino de un tango.

VB: La música es lo único que perdura ante esa destrucción de un lugar vital, las calles, los cafés, los salones de baile. Pero la música, en este caso, el tango instala de manera inmediata esas ausencias paralelas con el recuerdo, con los tangos que expresan ese momento.
JPA: Mi generación ha sufrido en cierto momento, la pretensión de desarraigar al tango, pero gracias a la permanencia de algunos reductos tangueros, a la labor de instituciones como la Academia Porteña del Lunfardo y a la presencia, no siempre valorada, de algunos comunicadores radiales y televisivos, hemos podido resistir los embates y aquí estamos “vivitos y coleando”.
Vale igualmente dedicar un párrafo especial a tantos poetas y compositores de tangos, que hicieron posible que esa aviesa intención resultara menos traumática, pues ya sea silbando, tarareando o cantando en voz baja las obras por ellos creadas, el pueblo siguió transitando las calles de su ciudad, acompañado por la música y la poesía que los sedujo para siempre: el Tango.

VB: Me explico solo te gusta un solo momento del tango o varias épocas. ¿Lo sentís así?
JPA: Todas las épocas del tango han sido fascinantes, pero lógicamente mis recuerdos están ligados al momento que me tocó vivir, como joven que comenzaba a descubrir los misterios de la noche. Para mí la década del cuarenta es inolvidable.

VB: ¿A Gardel no es mejor recobrarlo de otra forma, como gran compositor de música, como un verdadero icono del tango y de Argentina. Lo demás es secundario?
JPA: ¡Claro que sí!. A nuestro Morocho del Abasto se lo puede recordar de mil maneras. Era un artista polifacético y como tal, digno de ser analizado en cada una de sus matices.
Uno de esos aspectos es la veta del Gardel compositor, una cuestión que injustamente se ha mantenido relegada, si bien en los últimos años se ha revertido la situación.
Es compresible que el misterio de su voz, plena de musicalidad y melodía, haya opacado otros particulares de su obra, pero no por ello se debe postergar el reconocimiento de su condición de creador de temas musicales de excelencia.Hoy en día, en cualquier espectáculo artístico-musical es común escuchar, como obra principal de ejecución o como música de fondo que embellece el entorno, canciones y tangos compuestas por nuestro querido Zorzal.
Y en esta apreciación parece darme la razón Raúl Garello: (bandoneonísta y director de la Orquesta de Tango de Buenos Aires), cuando dice: “La música tiene de vez en cuando manifestaciones geniales: Duke Ellington, Edith Piaf, Atahualpa Yupanqui y, por supuesta, Carlos Gardel. No sé si después de él hay una instancia superadora, en todo caso en la música no se trata de confrontar sino de sumar y si el tango tiene tres columnas, Gardel es seguramente una de ellas. Sus dotes de cantor opacaron la veta de compositor que es la que personalmente más valoro. Me gustan mucho su incursión en la música campera y su interpretación de los estilos".
Al escuchar algunos tangos compuestos por Gardel ejecutados instrumentalmente, es cuando más puede apreciarse la importancia de su creación, pues en esas interpretaciones está ausente esa voz que no solamente emociona, sino que también no nos permite, apartarnos de la atracción que impone su melodía.
No es extraño entonces suponer que, en el caso de las composiciones gardeliana, no estamos frente a versos de Le Pera musicalizados por Gardel, sino ante música de Carlos a la cual Alfredo le puso letra.
Debo resaltar que la inspiración de Gardel no muere en las callecitas de su Buenos Aires querido, ni en estampas locales. Él traslada la composición a otros géneros musicales, con la misma sencillez, emoción y brillantez que nos regala en sus tangos.
De no ser así ¿Podría tener aún la vigencia que lo hace Inmortal?.

VB: ¿Cuál Gardel está impreso en tu alma, el showman, el cineasta, el compositor de música?
JPA: Debo confesar que en los primeros años de mi relación con Gardel, me cautivaba su voz y la vivencia porteña de los personajes que interpretaba en el cine y que todos nos empeñábamos en imitar.
Hoy puedo decir, sin duda alguna, que a Carlos lo valoro en todas las facetas artísticas que aún me sigue regalando.

VB: He leído varias notas tuyas sobre algunas calles de Buenos Aires ¿es la persistencia de la memoria?
JPA: Efectivamente, yo llevo muy grabado los recuerdos de mi tránsito por las calles de “Mi Buenos Ares querido”. Son vivencias imposibles de olvidar.
En él nací y si Dios quiere, desde su mismo corazón, espero tomarme el espiro “una cheno de descuido”, según el rante decir de Julián Centella.
Hoy cuando recorro las calles de mi ciudad, siento la persistencia de la memoria y la evocación. Lo hago con la tranquilidad de quien transita un terreno conocido. Llevo a cuesta los mismos problemas que normalmente soporta el resto de la gente. Camino ensimismado, pensando en solucionar cosas del momento y de las otras, esas que finalmente se convierten en permanentes.

VB: ¿Desde otro punto querés hacer lo de Gardel al cantarle a Buenos Aires o Borges poetizándole?
JPA: Ambas cosas. Lo lamentable es que me siento tan inferior a ellos, que ni me animo a intentarlo.
Carlos inmortalizó a Buenos Aires con su voz y la música que compuso para esas canciones, en tanto Borges lo hizo desde otro prisma.
Es sabido que el tango y Borges nacen casi por el mismo tiempo y los dos – cada uno a su manera – se confunden con Buenos Aires. La literatura de Borges, tiene el don de la palabra, pero también el encanto del sonido.
Carlos y Borges existieron. No creo que Gardel se haya ocupado de Jorge Luis, pero éste sí , más de una vez, pensó en Carlos, porque en el fondo fue un admirador silencioso del porteñismo que “El Morocho” exhalaba y tanto creo que es así, que – por no tan extraña coincidencia – Borges sitúa a su admirado Jacinto Chiclana en la geografía del barrio de Balvanera, olvidando por un momento a su amado Palermo.

VB: ¿Qué época de Buenos Aires está presente en tu memoria a propósito de tangos y de amigos y de grandes orquestas?
JPA: Para los tangueros, las décadas del cuarenta y del cincuenta han sido insuperables. La música popular había colmado la ciudad y durante todo el día desde la radio, las notas de tangos y milongas arrullaban nuestros oídos.
Los bailes eran una expresión popular y cada orquesta tenía su grupo de seguidores, todos ellos muy fanáticos y perfectamente mimetizados con sus músicos y vocalistas preferidos.
En aquellos tiempos, esos bailes eran amenizados en vivo por las llamadas orquestas “típicas”, que ejecutaban tango, en tantos había otras encargadas de tocar jazz. Así fue como se formaron binomios orquestales, que muy difícilmente se alteraban. Actuaban siempre juntos y la convocatoria preponderante corría por cuenta de la agrupación tanguera.
Como homenaje a los personajes de la noche de Buenos Aires – así al pasar – te “tiro” nombres relacionados con esos binomios: Aníbal Troilo y Héctor Lomuto primero y después con los Hawaian Serenaders que dirigía Osvaldo Novarro; D’Arienzo con Varela Varelita, Osvaldo Pugliese con el turco Ahmed Ratip y su Cotton Pickers, Ricardo Tanturi con los Santa Paula Serenaders, Alfredo D’Angelis con Barry Moral, Francisco Canaro con Feliciano Brunelli, Osvaldo Fresedo con Eduardo Armani, que a su vez eran socios en el “boliche” “Rendez Vois”. La memoria no me permite establecer fehacientemente quienes colaboran en las actuaciones de Carlos Di Sarli , Angel D’Agostino, Alfredo Gobbi, Miguel Caló, Horacio Salgán y Alberto Castillo (con su propia orquesta, ya desvinculado de Tanturi), pero sin embargo por ahí estarían rondando: Oscar Alemán , Panchito Cao , Ken Hamilton, René Cospito, el trompetista Esteban con la Savoy Jazz, Santa Anita (Ritmo en el Alma), y la San Francisco Jazz..
Como dato complementario y sabiendo cuanto significa para la gente de tango de Colombia Alfredo de Angelis y su orquesta, deseo remarcar que el lunes 1° de abril de 1946, cuando se inaugura a las 20 horas por LR1 - Radio El Mundo el programa de “El Glostora Tango Club”, durante la mañana había actuado en esa emisora la agrupación de Osvaldo Pugliese con sus cantores Chanel y Morán y que a continuación del debut en el “Glostora” del maestro de Angelis, se presentó - a las 21.05 horas - la orquesta de Ricardo Tanturi con la voz de Enrique Campos y treinta minutos después lo hizo Aníbal Troilo con sus cantores Alberto Marino y Floreal Ruiz. Todas estas actuaciones eran en vivo y las que se emitían en la noche, con la asistencia de público en la sala.
Entiendo que como ejemplo de la presencia del Tango en la vida de la ciudad, estos ejemplos son suficientes.

VB: En esos tres minutos que decís para una historia. ¿cual podría ser para ti el gran tango sobre Buenos Aires?
JPA: Un solo tango no compendia todas las vivencias de Buenos Aires. Por eso se debe recorrer el repertorio de las orquestas y ahí se encontrarán dispersos, versos que una vez unidos, permiten reproducir la verdadera historia de la vida social y cultural de la ciudad.
Desde el canto a la inmigración, el recuerdo del barrio, el de los distintos personajes de la fauna porteña y la evocación de noches pobladas de bohemia, todo confluye para acrecentar el recuerdo feliz de horas vividas no siempre bien, pero enraizadas en el contexto de valores y códigos personales.

VB: Has escrito sobre los cantores de Pugliese, ¿por que precisamente de él? ¿Qué nos decís de su orquesta?
JPA: Tomé a Pugliese, porque me pareció menos conocida la nómina de voces que actuaron con él y además como una forma de rendirle homenaje al hombre y al Maestro que fue Don Osvaldo. Ejemplo de vida y sobre el cual ya se había escrito mucho.
Osvaldo Pedro Pugliese fue un verdadero “laburante” del tango. Él es una de las figuras mayores de la cultura de Buenos Aires. Su presencia se refleja no sólo en la creación de obras, tales como “Recuerdo”, “Adiós Bardi”, “La yumba”, “El encopao”, “Una vez” y algunas otras, sino también en la elaboración minuciosa y sabia de un estilo inconfundible de ejecutar la música popular..

VB: Decime tu antología personal del tango, en estos aspectos
Cinco tangos instrumentales.
PJA: Siempre fui y soy aún hoy, contrario a limitar mis elecciones. Pero como el tiempo y el espacio no sobran, te diré que disfruto escuchando: “Comme il faut”, “Derecho Viejo”, “Si sos brujo”, “Gallo Ciego”, “Chiqué”, “Recuerdo”, “Pavadita” y tantos más.

Cinco tangos de ayer (hasta 1955) y Cinco tangos de hoy (después de 1955).

Entiendo se trata de tangos con letras y así vienen a mi memoria, “Silencio”, “Volver”, “Sur”, “Naranjo en Flor”, “La casita de mis viejos”, Solamente ella” y que me perdone Dios por la afrenta de no nombrarlos a todos.

En cuanto a los de “después de 1955”, mencionaré entre tantos, “Afiche”, “El último café”, “Sueño de Barrilete”, “Cordón”, “Café La Humedad”, “La última curda” ……

Cantor: (excepto Gardel) : Floreal Ruiz, Alberto Castillo, Enrique Campos, Roberto Chanel, Alberto Morán, Raúl Berón, Charlo
Cancionista: Nelly Omar, Susy Leiva, Libertad Lamarque, Tita Merello, Rosana Falasca
Letrista. Enrique Cadícamo, Homero Manzi, Enrique Santos Discépolo, Homero Expósito, Cátulo Castillo
Músicos: Enrique Mario Francini, Aníbal Troilo, Orlando Goñi, Alfredo Gobbi.
Orquestas: Aníbal Troilo, Osvaldo Pugliese, Carlos Di Sarli. Miguel Caló.

VB: Alguna vez le preguntaba a un amigo sobre una curiosidad, ¿por qué a los japoneses les gustaba tanto el tango?, que me podes decir de esto. Lo pregunto por la cultura tan distante y distinta.
PPA: Existen varias explicaciones sobre el particular, pero yo me quedo con la que hace ya treinta años me dio en New York, la pareja de un amigo, que además de ser japonesa, conocía bastante acerca del tema.
Según esa persona, durante los años de la Segunda Guerra Mundial, en Japón se prohibió toda música norteamericana, razón por la cual se escuchaba solamente la autóctona, óperas italianas y alemanas y el tango como expresión musical bailable.
Así nuestra música fue penetrando en el país y los japoneses acostumbraron sus oídos a ella. Luego, cuando en Argentina nuevos ritmos invadieron la escena y relegaron al tango, sus intérpretes buscaron nuevos mercados donde trabajar y así comenzaron las giras de conjuntos típicos al “Naciente Imperio”, obteniendo grandes éxitos desde el comienzo de esa nueva gestión, lo que avivó el gusto de los nipones y motivó – cada vez más – que excelentes embajadas tangueras nos representaran con mucho brillo.
Las compañías discográficas también colaboraron para que ese afianzamiento se formalizara, pues ante la pérdida del mercado local, encontraron en Japón una plaza ideal donde colocar sus producciones.
Nadie puede negar hoy, que tanto ese país, como la República hermana de Colombia, constituyen dos formidables baluartes tangueros, que solamente son superados por la pasión y el quehacer rioplatense.

VB: En una de esas fotografías veo el Parque Japonés, y en algún tango ¿por qué lo mencionan?
JPA: El tango “Garufa” fue compuesto en el año 1927 por Víctor Soliño y Roberto Fontaina, con música de Juan Antonio Collazo, todos ellos, integrantes del conjunto uruguayo llamado la Troupe Ateniense.
Según dicen, al hacer referencia la letra de Garufa a la conocida calle de Montevideo llamada “San José”, cuando se trajo el tema a Buenos Aires, se debió reemplazar esa expresión por otro que fuera comprensible para los porteños que desconocían la razón de tal término. Así se sustituyó “la calle San José” por “el Parque Japonés”.
Sin embargo en la letra conocida de Garufa, perdura aquella “Del barrio La Mondiola ….”, en clara referencia a la zona ribereña donde se conjugaba la bohemia, con actividades propias de una zona “non santa”; situación que tampoco era muy conocida en esta orilla.
Con todo, ya en la primera grabación que lleva a cabo, con acompañamiento de guitarras, el cantor uruguayo Alberto Vila el 2 de noviembre de 1928, se utilizan las palabras “Parque Japonés”, mientras que la versión que menciona la “calle San José”, es una muy posterior registrada por Nina Miranda; según la información que me suministrara el investigador Héctor Ángel Benedetti.
En cuanto al “Parque Japonés” al cual se hace referencia, es el que existió en Retiro, casi frente a la Torre de los Ingleses y que se quemó el 26 de de 1930 y que era una feria de diversiones, con juegos eléctricos, “kioscos de kermesse”, muy pobres espectáculos de variedades y donde también existía un salón de baile. El parque fue reabierto en 1939, pero esa es otra historia.

VB: ¿Qué tanto tango hay hoy en Buenos Aires en la actualidad?
JPA: Se llevan a cabo diariamente muchos “shows” de tango, la mayoría destinados a los turistas que nos visitan y que por lo tanto son presentados de especial manera. Para los porteños, el número de espectáculos existentes es menor, pero siempre se puede encontrar un reducto de neto corte tanguero.
Además, la música de tango invade la calle, frente a las “disquerías”, con el objeto de llamar la atención de los turistas e incitarlos a comprar CD que contienen viejos y nuevos repertorios.

VB: ¿Cómo miras lo que se puede llamar vanguardia tanguera o siguen primando los grandes compositores, los grandes cantantes y las grandes orquestas de antes como algo insuperable?
JPA: Si bien existe público para todas las manifestaciones, no se puede negar que en materia de tango, la gente se inclina por el estilo tradicional.
Sucede que está prácticamente generalizado el concepto de que la música de Buenos Aires se siente y por sobre todas las cosas, se baila. No creo en los pseudos innovadores que hablan de una música quieta de mi ciudad, porque los porteños somos todo andar.
Nerviosos, preocupados, ensimismados, ansiosos y retobados, vamos dibujando pasos de baile al caminar. Vale entonces conceptuar aquello de “En Buenos Aires se funden el transitar sensual de las “grelas”, con el andar cadencioso de hombres que se mueven al ritmo de la ciudad”.
Con todo, existe una vanguardia tanguera, que expresa su intención de renovar el tango, mediante la incorporación de formas más complejas y más elaboradas que las tradicionales, ejecutadas por formaciones heterodoxas.
Ante los frecuentes fracasos, sus cultores culpan de los mismos a “la mediocridad ambiental y a la “comodidad mental”, razones que sinceramente no entiendo. Y quienes los combaten dicen que esa música que pretenden imponer los vanguardistas no es sincera y trasunta un modernismo forzado.
Yo, sin combatirlos formalmente, me encolumno en ésta última posición.

Victor, para finalizar te diré, que si bien la nostalgia es tristeza exterior y alegría interior, no es menos cierto que “ella” es el precio que nos cobra la vida por habernos permitido transitarla, mucho tiempo más que el esperado.

miércoles, 1 de abril de 2009

Conversación con Rodrigo Montoya



Conversación

con

Rodrigo Montoya

Don Rodrigo es el músico más meritorio y de más trayectoria de Medellín. Ha estado presente en el acompañamiento de diversos artistas como él mismo lo refiere. Y ha vivido el ambiente músical de la ciudad desde hace muchos años. Es un excelso ejecutor de guitarra y lo hemos visto y escuchado junto a su hija, Alejandra, en diversos conciertos de tango donde su presencia es la música misma.
Serio y dedicado a su arte, nos hace saber que el músico solo se hace con la férrea disciplina que él mantiene. Y que lo ha convertido en una presencia en la ciudad.
Con él hemos compartido varias conversaciones, con él hemos estado presente en este regreso del Festival de Tango, con
él, ahora, iniciamos una larga conversación que nos dará una visión del Medellín musical que el ha vivido.
Amabilidad y seriedad son esos signos de todo un caballero. Él nos ha regalado su amistad y su memoria.
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Don Rodrigo y Alejandra




Quinteto de tango

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Víctor Bustamante: ¿Dónde nació y dónde estudió don Rodrigo Montoya?
Rodrigo Montoya: Nací en la ciudad de Medellín y estudié en el colegio Fray Rafael de la Serna, después en el Instituto Técnico Superior Pascual Bravo.
VB: ¿Cómo se enrutó por la música?
RM: Desde niño sentí el gusto por la música, porque en mi casa se escuchaba música clásica y colombiana, y afuera lo más común era escuchar los tangos.
VB: ¿Qué maestros tuvo en la música? Siempre toca la guitarra? Otro instrumento?
RM: Tuve la suerte de estudiar con grandes maestros. Estudié bandola con el maestro Gonzalo Hernández integrante del Trío de los Hermanos Hernández.
Luego estudié con Rufino Duque (guitarrista clásico), continué mis estudios de guitarra clásica con el maestro Eduardo Gaviria, y en el conservatorio de la Universidad de Antioquia con el Maestro George Sakellariou (Griego), estudié Violoncello con Gino Pacquiao (italiano), Guillermo Cano, Alberto Marín Vieco. Armonía con Mario Gómez Vignes.
VB: Tengo entendido que estuvo vinculado con Bellas Artes. ¿Cómo fue su experiencia allí?
RM: Estuve como profesor de Guitarra clásica, contrabajo y Armonía durante 20 años. Fue una experiencia que me he hizo entender la capacidad que tenía para la enseñanza.
VB: ¿Desde siempre fue el tango o qué otro tipo de música.
RM: He trabajado con diferentes tipos de música.
Recitales de Guitarra Clásica.
Música de los grandes compositores colombianos en todos sus géneros, música Bailable internacional, Música Brasilera.
Acompañando a artistas en presentaciones en vivo como: Fausto, Elena Vargas, Carmenza Duque, Claudia de Colombia, Miguelito Valdés, Celia Cruz, Armando Manzanero, José José, Rolando Laserie, Yaco Monti, Piero, Alberto Granados, Víctor Hugo Ayala, Orlando Contreras, Leo Marini y otros.
Y en grabación acompañé a: Ricardo Fuentes, Pacho Galán, Rodolfo Aicardi, Fausto, Elena Vargas, Carmenza Duque, Pìper Pimienta, Raúl Garcés y muchos artistas más.
VB: ¿Cómo ha sido Medellín tanguero desde que está en la música?
RM: Fue muy tanguero en otra época, actualmente son pocos los programas en la radio y los bares donde se escuche el tango.
VB: ¿Cómo le han parecido los festivales de tango anteriores y los actuales?
RM: Los festivales de tango anteriores fueron muy superiores a los de ahora, en ese momento estaban los mejores intérpretes del tango, venían orquestas y cantores como:
-Alfredo de Angelis, Miguel Caló, Enrique Rodríguez, Aníbal Troilo, Osvaldo Pugliese, Sexteto Mayor del Tango, Sexteto Tango. Cantores: Edmundo Rivero, Jorge Maciel, Oscar Larroca, Oscar Ferrari, Eduardo Adrián.
A mí me tocó Acompañar a la orquesta de Armando Lacava (pianista argentino) en uno de aquellos festivales en la Macarena.
Los festivales actuales no están a la altura de los festivales anteriores, porque la calidad de las orquestas argentinas que han venido son muy regulares.
VB: ¿Qué significa ser músico en Colombia?
RM: Colombia es un país donde desafortunadamente se valora muy poco el arte.
VB: ¿Con qué maestros del tango ha alternado?
RM: Pianistas: Pepe Márquez, Alberto Balbarrey.
Bandoneonistas: Tito Castro, “Lucho” Pèrez, Oscar Pelayes, Paulino , Alberto Nuñez.
Cantores: Alberto Podestà, Armando Moreno, Pepe Aguirre, Juan Carlos Godoy, Roberto Mancini,Carlos Alcorta, Oscar Ferrari, Lalo Martel, Argentino Ledesma, Marcelo Biondini.
VB: ¿Cuál es el Medellín que más recuerda?
RM: El Medellín que más recuerdo fue la época donde las emisoras como: la voz de Antioquia, la voz de Medellín tenían orquestas que tocaban en vivo en directo.
Teatros como el: Lido, con su temporada de conciertos de música clásica, los teatros Junín y Pablo Tobòn Uribe con sus programas de ópera y artistas internacionales, en los teatros Granada y Medellín se presentaban artistas internacionales de distintos géneros de música como Miguel Caló, Alfredo De Angelis, los Tres Ases, Cuarteto Armónico, los Indios Tabajaras y muchos más artistas con altura y exquisita música. Algo inolvidable.
VB: ¿Ha compuesto algún tipo de música?
RM: Sí, pero aún está inédita.
VB: ¿Cómo ve el ambiente tanguero en la ciudad en este momento?
RM: Ahora el ambiente tanguero ha disminuido notablemente.
VB: ¿Si es verdad lo del mito tanguero de Medellín o hay otra ciudad en Colombia donde se viva más el tango?
RM: La muerte de Gardel ha posicionado ha Medellín como una de las ciudades de Colombia donde más se vive el tango, pero hay otras ciudades en Colombia, como Cali, El eje cafetero donde también el tango es muy apreciado y escuchado.
VB: ¿Qué tangos colombianos y autores le interesan?
RM:Autores. Carlos Vieco(mùsico), Tartarìn Moreira (poeta).
“Lejos de ti” lo escuchó Raúl Garcés en una gira con la Orquesta los Caballeros del Tango al autor (Julio Erazo) con su ritmo original de bolero y luego Raúl Garcés lo convirtió y lo grabó en tango.
VB: ¿Ha sido músico de bohemia o disciplinado?
RM: He sido más disciplinado que de bohemia.
VB: ¿A qué crítico de tango le gusta leer o solo se dedica a la música?
RM: me gusta leer las críticas del Dr. Jaime Jaramillo Panesso y otros. Y el resto me dedico a la música.
VB: Entiendo que dirige el quinteto de Pedro Laurenz. ¿Quiénes lo compone y que música tocan. ¿Cuánto tiempo tiene de conformado?. ¿Han grabado música?
¿Un homenaje a él por qué?
¿Es difícil mantener un grupo de música unido o cómo lo hace?)
RM: Desafortunadamente aquí es muy difícil tener una orquesta estable con buenos músicos como a nosotros nos gustaría.
Segùn la presentaciòn o la persona que contrate formamos el grupo, actualmente trabajamos mucho a dueto (guitarra y bandoneón) otras veces vamos en cuarteto con un pianista de Pereira, y así sucesivamente.
El nombre de Pedro Laurenz lo sugirió Marco Quiròz, porque admirábamos mucho a este gran bandoneonista.

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Maestro Gonzalo Hernàndez y su grupo de estudiantes entre ellos Rodrigo Montoya parte superior lado derecho



Grupo instrumental comlombiano:

-Delio Hoyos. Flauta
-Alberto Sànchez. Percusiòn
-Pedro Nel. Arango. Clarinete
-Ramòn Hernàndez. Tuba
-Rafael Ortìz. tiple
Rodrigo Montoya. Guitarra



Acompañando a Alberto Podestá en El Viejo Almacén.