lunes, 19 de octubre de 2026

QUÉ ME PASA CON GARDEL Juan Fernando Uribe

 

QUÉ ME PASA CON GARDEL

Juan Fernando Uribe

Gardel más que un mito es una presencia constante y definitiva. Escuchar al Zorzal es navegar en el alma del barrio y sus gentes, es saborear la ciudad que vibra en las emociones del que madruga a abrir su taller y en el que camina sus calles entre pregones y saludos de vecinos, es sentir el palpitar de la novia enamorada o el discurrir de las lágrimas por el rostro envejecido de una madre adolorida cuando entrega sus hijos a la fatalidad de la guerra. En la voz del Troesma evocamos la infancia de juegos, o las noches de fiesta con los muchachos. Sentimos de nuevo la nostalgia de los primeros adioses, las confesiones de un mal amor, la sabrosa intimidad del café, las animadas conversaciones de los amigos. Es en sus canciones camperas donde percibimos entre chacareras y estilos, el arrullo de la pampa y el embrujo de la luna, los caminos y el recuerdo del amigo muerto, el padre ausente y la soledad de las calles nocturnas, cuando ya todo duerme y el desvelo del amante furtivo emerge de las sombras llevando una rosa y un puñal. En la música del Morocho está el sentimiento y la poesía de un pueblo que esa voz impetuosa y dulce, muchas veces casi angelical, invitó a la contemplación y al silencio…o a la reconciliación y al olvido. En la obra del Imbatible está la vida misma, el pulso básico, la belleza, la melodía que nos recorre con alma de ciudad y la congoja de una pena, una súplica y un lamento.

En sus casi mil grabaciones y en las películas de cuyo set siempre fue el rey, estuvo envuelto en la luz de los mejores, para luego morir en su última gira y envuelto en el fuego de la gloria, en una Medellín que apenas nacía a la emoción de su recuerdo.