domingo, 19 de abril de 2015

JUAN MOSTO: “EL CABALLERO DE LOS VALSES” /Carlos Alfonso Rodríguez





JUAN MOSTO: “EL CABALLERO DE LOS VALSES”

 Carlos Alfonso Rodríguez


     El 19 de diciembre de 2014, falleció Juan Mosto, destacado compositor e intérprete de sus propias composiciones, era lo que bien se dice un cantautor. Se había trasladado a ciudad de México en donde se habían residenciado sus cuatro hijos y su esposa Marina Viale Fiestas, cuando ese día aciago de diciembre lo sorprende la muerte en México de un cáncer que lo aquejaba desde hacía buen tiempo.
    La muerte de un artista suele ser doblemente dolorosa, sobre todo cuando un creador no ha realizado su obra. En el caso de Juan Mosto, eso por fortuna esta vez no se cumple; porque si algo debe consolarnos de su ahora irreparable pérdida, como de su ausencia física, es que Juan Mosto Domeq hizo su obra artística, a pesar de las muchas dificultades e imponderables que nunca faltaron en su vida hasta en sus últimos días.
     En Juan Mosto como en casi todos los compositores de su generación o anteriores a él, se nota la presencia de Felipe Pinglo Alva como un antecedente sentimental, lírico, social y humanista.
Pero a diferencia de Felipe Pinglo Alva, Pablo Casas Padilla, Chabuca Granda, Augusto Polo Campos y Mario Cavagnaro, que fueron grandes autores y compositores, Juan Mosto fue autor, compositor e intérprete de sus propias canciones. Además en el escenario era un elegante actor que seducía con su aterciopelada voz, con pocos, finos y precisos gestos.
     Hay que agregar algo más a este singular artista e intérprete de la canción popular, que otros autores no han hecho ni de su vida ni de su obra ni de su arte, es que Juan Mosto defendió de manera particular y única su condición de poeta o escritor de canciones, publicando dos libros de poemas y canciones: “El poeta de la canción” y “Canciones de Juan Mosto”.
     Autodenominarse o titularse “poeta” en la canción popular suele ser, a veces, un mero cumplido o un afán de figuración en el mundo de las letras; en el caso de Juan Mosto, esto no fue así, él fue siempre consciente que era un poeta  y un escritor de cantos. Nunca menoscabó su arte bajo ningún precio ni de ninguna amenaza, ni siquiera cuando fue directivo de la asociación de autores de la cual fue activo dirigente y Presidente, cargo del cual fue defenestrado en esos violentos y corruptos años de la política local –para de esta manera no describir el funesto período de aquellos años ni de mencionar el apellido del tirano de turno que la Historia y las leyes se encargaron de sancionar o encarcelar–. También para no empañar ni desviar esta semblanza de un gran creador como Juan Mosto, a quien sus admiradores, amigos y seguidores sabrán restituir en la verdadera dimensión que le corresponde en la cultura nacional.
     Hay algo que fue muy notorio en la fina personalidad de este autor, pues estaba impregnado de una alta caballerosidad, era como dice la canción un hombre de fina estampa, un caballero de noble figura. Digo esto, porque estos valores ya no distinguen a los artistas y creadores, ni a un gran público de manera general. En ese sentido él fue un artista de otro tiempo, de otra época, de otra cultura, pero también de todos los tiempos.
     En su juventud Juan Mosto fue un futbolista del Sport Boys del Callao, equipo en el que militó en la primera categoría logrando el título de esos años, alternando con grandes y destacados jugadores, lo que demuestra que el futbol y el arte van siempre de la mano y caminan juntos, por lo menos en algún momentos de nuestras vidas, obsesiones o pasiones.
     De manera personal en más de una vez fui testigo de excepción que Juan Mosto era un asiduo consumidor de literatura y poesía, pues adquiría revistas, cuadernillos o cantos de las nuevas generaciones de autores. Tampoco se puede olvidar que fue amigo y admirador del poeta Juan Gonzalo Rose, a quien le escribió un bello vals “Se llamaba Juan…era poeta”.
     Creo, que el lugar que le corresponde a Juan Mosto en el cancionero popular peruano, es el mismo que ocupó José Santos Discépolo en Argentina, a quien le decían el filósofo de la canción por la profundidad de sus tangos. Juan Mosto fue el pensador de la canción y del vals peruano, por eso le decían “El poeta de la canción”, porque no solo inventaba cantos, sino que hacía filosofía en sus versos. Precisamente uno de los valses más populares de este gran autor es “Que importa” que es como el manifiesto condensado de una filosofía cotidiana y sencilla. No es la primera canción que escribió, pero sí fue la primera que lo hizo popular y con la que ganó un afamado festival de la Canción en 1970. Desde entonces Juan Mosto y sus canciones pasaron a formar parte de la cultura  y del sentir nacional.


QUÉ IMPORTA (Juan Mosto Domeq)

Un fracaso más qué importa,
Si en la vida nunca fui feliz.
Una pena más es una gota
De agua en el océano para mí.
Un fracaso más qué importa,
Que importa si todo en mi vida
Sólo fue tristeza, perdí tu cariño,
nada me interesa,
Un fracaso más qué importa...

    En un mundo en donde la norma general y el orden establecido es ser exitoso y lograr grandes fortunas de dinero a cualquier precio, Juan Mosto reflexionaba hondamente sobre el fracaso y lo efímero del éxito, lo baladí de la vida y la superficialidad de las relaciones humanas, la necesidad de la comunicación más íntima y el permanente diálogo entre las gentes, pero también el derecho a la duda del ser y de la existencia.

NO SÉ QUIÉN SOY (Juan Mosto Domeq)

Anoche hablé conmigo mientras dormía,
Me pregunté mil cosas que no sabía.
No sé quién soy, me pregunté,
¿Por qué mi canción es triste?
¿Por qué no río?
Tal vez fue un amor
Que en mi vida dejó esta pena,
Esta pena que llevo en el alma
Y que hoy me condena.
Yo con ella me voy a la orilla del mar,
Voy a hablar con la noche
Y oigo el viento cantar con la brisa del mar
Y al final me pregunto: ¿quién soy?

     Con el vals “Quiero que estés conmigo” obtiene el primer lugar en el Festival Internacional de la canción de Trujillo en el año de 1974, el cual le permite extender su popularidad como autor, compositor e intérprete de sus propias canciones. Sin abandonar la tendencia de expresarse de manera natural a través de versos sencillos, sentidos y profundos que identificaron a toda una generación. No es que hiciera filosofía de manera ex profesa o convencional, sino que escribía en bellos versos las cosas que él sentía, pensaba o reflexionaba, que coincidía con lo que sentía y pensaba el común de las gentes. Así fueron apareciendo ante el público canciones como: “Que importa”, “No sé quién soy”, “Quiero que estés conmigo”, “Siempre te ayudaré”, “Otra vez corazón”, “Calla corazón”, “Mi mundo”, “Me quedo contigo”, “Rey y mendigo”, “Mi infierno”, “Te acordarás de mí”, “Tuya es mi vida”, “Llámame” y otras más.

QUIERO QUE ESTÉS CONMIGO (Juan Mosto Domeq)

Quiero que estés conmigo,
Cuando llegue el silencio.
Cuando me encuentre solo,
Quiero que estés conmigo,
Cuando no hayan aplausos,
Cuando no tenga amigos
Cuando llegue el ocaso,
Quieres que estés conmigo.

Compartiremos juntos
Lo mucho que nos queda.
Yo tengo para darte cariño,
Una vida nueva.
Mira, cuando llegue
Ese momento no habrá
Penas ni tristezas.
No habrá envidias ni rencores
Sólo sé que mis amores,
Siempre fueron para ti.
Quiero que estés conmigo, mi amor,
Siempre conmigo.
Cuando llegue el silencio, mi amor,
Siempre conmigo.
Cuando llegue el ocaso, mi amor,
Siempre conmigo.

     Aunque pareciera extraño Juan Mosto trabajó toda una vida en la Compañía Peruana de Teléfonos (CPT) como relacionista público, es decir era un empleado público, que en verdad fue el trabajo que le permitió organizar su vida, tener una familia y realizar su obra artística, que es algo que sin ninguna duda logró. Aunque su obra musical no era de consumo popular y masivo. Quiero expresar que su obra como la verdadera música fue in crescendo hasta erigirse en fundamental en la historia de la canción popular peruana, que ahora comentamos como admiradores y seguidores. Digo esto porque a los trovadores, juglares o cantautores como él, los perjudicó también la apertura que se extendió en los años 90 de la gran industria del entretenimiento mundial, pues hasta antes de esos años había un público consumía discos, que concurría a cines, cafés, teatros y auditorios, a presenciar espectáculos en vivo en los escenarios de las emisoras y en los canales de televisión, actividades de las cuales también vivían estos artistas, creadores y trabajadores, en los que se proyectaban al público y de esta manera los conocían las nuevas generaciones.
     Juan Mosto nació en el balneario de Chorrillos el 23 de Enero de 1936, en su adolescencia se trasladó a Magdalena del Mar, es decir siempre estuvo al pie del mar, las playas, muelles, malecones y barrancos que retrató en sus inspirados cantos y poemas. Los últimos días de su vida los pasó en Ciudad de México, en donde también fue admirado, conocido y reconocido por los grandes compositores del país Azteca, Armando Manzanero y Roberto Cantoral, entre ellos.  Murió en el final de su vida, próximo a cumplir 80 años de edad, pero bien sabemos que los grandes artistas, los grandes autores, los grandes poetas nunca mueren, viven en sus poemas, en su canciones y en sus obras eternamente.
                                                                                        


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