viernes, 28 de febrero de 2014

Estatua de Carlos Gardel de Alfonso Góez



Estatua de Carlos Gardel de Alfonso Góez

Monumento a Carlos Gardel. Estatua original dedicada al reconocido cantante, compositor, Carlos Gardel. Esculpida por Alfonso Góez Está ubicada en el barrio Manrique de la ciudad de Medellín. La obra en granito fue inaugurada en 1968, y reemplazada por la actual en bronce, según algunas versiones; al ser destruida por accidente en mayo de 1973, cuando dos borrachos se abrazaron a la estatua y la tumbaron.


miércoles, 29 de enero de 2014

martes, 11 de junio de 2013

Libertad Lamarque en Medellín de Jenaro Briñon






Libertad Lamarque en Medellín

Jenaro Briñon 

En Medellín se presenta en el teatro Bolívar. A la recepción ofrecida a la diva en el aeropuerto de la capital antioqueña, asiste como uno de sus admiradores Alberto González integrante del Trío Los Romanceros. Al año siguiente, en enero de 1948, regresa la cantante argentina a Medellín. Nuevamente hace presentaciones en el Teatro Bolívar. Su próximo destino sería la ciudad de Barranquilla. 

Al enterarse ella de que allá se baila mucho el porro, se muestra interesada en aprender algunos pasos para ejecutarlos en su presentación en esa ciudad. Al pedir que le indiquen quién podría enseñarle, le informan que Los Romanceros tocaban muy buenos porros y que ellos podrían ayudarle. Así fue en efecto, y Jorge Valle y Alberto González se encargan de darle la clase que ella buscaba. Con su guitarra Jorge Valle punteaba un porro, mientras Alberto con las maracas llevaba el ritmo y le enseñaba a ella los pasos. Contaba Alberto que mientras Libertad bailaba con ellos, su esposo el pianista y compositor argentino Alfredo Malerba, se mostraba muy contrariado, y le pedía insistentemente que diera por terminada la lección.

Ella en tono fuerte tuvo que decirle, que la dejara tranquila que ella lo que estaba haciendo era trabajar, aprendiendo un nuevo ritmo. En agradecimiento por la clase de baile la estrella le obsequió a Alberto una postal con el retrato de ella y con una dedicatoria autografiada.




viernes, 31 de mayo de 2013

Visita de Miguel Caló a Medellín década del 60

 
 



.
.

Visita de  Miguel Caló a Medellín década del 60

Miguel Caló (28 de octubre, 1907, en el barrio de Balvanera, Buenos Aires, Argentina - † 24 de mayo, 1972), Buenos Aires, fue un director de orquesta, compositor y bandoneonista argentino.

Estudió violín y bandoneón y trabajó en orquestas de gran importancia desde 1926; ese año integró la línea de bandoneones de la orquesta de Osvaldo Fresedo y al siguiente la del pianista y director Francisco Pracánico.

Formó su primera orquesta en 1929, que luego disolvió para ingresar a la orquesta del pianista y poeta Cátulo Castillo con la que realizó una gira por España en la que también participaron los hermanos Malerba y el cantor Roberto Maida.

De regreso en Buenos Aires formó una nueva orquesta con el bandoneonista Domingo Cuestas, los violinistas Domingo Varela Conte, Hugo Gutiérrez y Enrique Valtri, el contrabajista Enzo Ricci y el pianista Luis Brighenti, la que más adelante dejó para unirse a la orquesta de Fresedo con la que viajó a Estados Unidos.

En 1932 grabó por primera vez, registrando con la voz de Román Prince para el sello Splendid el tango Milonga porteña -música de Caó y Luis Brighenti sobre letra de Mario César Gomila- y el vals Amarguras de Miguel Nijensohn y Jaime de los Hoyos.

En 1934 formó una nueva orquesta, con un estilo claramente influenciado por Fresedo y un sonido que recuerda a Di Sarli. En el conjunto estaba el pianista Miguel Nijensohn, quien dejó un sello que perduraría por siempre en su estilo: su instrumento tenía a su cargo encadenar las frases musicales, con una cadencia y un ritmo ideal para los bailarines. Cabe destacar el aporte del cantor Carlos Dante, con quien registró 18 temas de una relevante belleza.

Desde 1937 contó con Argentino Galván como arreglador y en 1939 incorporó como cantor a Raúl Berón. También Alberto Morel y su hermano Roberto Caló fueron cantantes en esta etapa. En 1942 los directivos de la emisora donde tocaba Caló le sugirieron que desvinculara a Berón porque no les satisfacía, pero en ese momento apareció el disco que habían grabado para Odeón el 29 de abril de 1942 con el tango Al compás del corazón de Domingo Federico y Homero Expósito y el vals El vals soñador con tanto éxito que los mismos directivos revieron su opinión.

Caló era un gran director, capaz de convocar a un conjunto de músicos jóvenes de extraordinaria capacidad y solvencia, que con el tiempo pasaron a formar sus propias agrupaciones. Valga citar a Domingo Federico, Armando Pontier, Carlos Lazzari, Eduardo Rovira, Julián Plaza, José Cambareri (bandoneones), Enrique Mario Francini, Antonio Rodio, Nito Farace (violines), Ariel Pedernera y Juan Fassio (contrabajo

En 1961 junto a los bandoneones de Armando Pontier y Domingo Federico, los violines de Enrique Francini y Hugo Baralis, el piano Orlando Trípodi, y la voz de Raúl Berón y Alberto Podestá, Miguel Caló formó la orquesta que denominó "Miguel Caló y su orquesta de las estrellas" con la que actuó con gran éxito por Radio El Mundo y grabaron para Odeón 12 nuevos temas entre el 16 de abril y el 7 de junio de 1963.

Escribió los tangos instrumentales Milonga porteña, Mi gaucha, Garabito, Todo es mentira, Ternuras y Campanita oración y de tangos cantables como Me llamo Anselmo Contreras,, Si yo pudiera comprender, Que falta me hacés y Como le digo a mi vieja. En colaboración con Osmar Maderna escribió la letra y música de Jamás retornarás y Qué te importa que te llore que fueron grabados por Raúl Berón. También compuso el tango Dos fracasos, con letra de Homero Expósito y la milonga Cobrate y dame el vuelto con letra de Enrique Dizeo.

Escribe José Gobello que quizás haya sido Miguel Caló quien entre los integrantes de la llamada "guardia del cuarenta" del tango haya logrado más plenamente el equilibrio del baile, tango y música.1

Miguel Caló falleció en Buenos Aires el 24 de mayo de 1972.

Bibliografía:
-Wikipedia

Fotografías
cortesía de:

-Fotos antiguas de Medellín, Gabriel Carvajal,
Biblioteca Pública Piloto

sábado, 4 de mayo de 2013

El padre de Gardel de Georges Galopa, Monique Ruffié y Juan Carlos Esteban







El padre de Gardel
Georges Galopa, Monique Ruffié y Juan Carlos Esteban

Víctor Bustamante

Juan Carlos Esteban ha sido un acucioso investigador de tango, ahora leo de él, y sus coautores, Georges Galopa, Monique Ruffié un libro apasionante para el mundo del tango: El padre de Gardel. Es tan severa y seria la investigación, junto a sus otros libros sobre el tema del nacimiento de Carlos Gardel que cualquier otra impostura sobre su lugar de nacimiento solo da pie para decir que deberíamos leer sus libros para aclarar esta verdad de a puño: Carlos Gardel nació en Toulouse.
 Sus autores parten de un simple dato otorgado en una entrevista donde la madre de Gardel añade que el padre del cantor, Paul Jean Lasserre, era litógrafo en la empresa Sirven, los investigadores indagaron sobre su paradero, servicio militar, lugares de trabajo, así como sus amistades peligrosas y sus fechorías.
Por supuesto que ante la falta de evidencia porque la investigación es muy seria, queda as dudas sobre si en realidad Lasserre es el padre de Gardel, aunque todas las circunstancias  apuntan hacia él. Pero la seriedad de los investigadores piden pruebas de ADN para confirmar esta paternidad, eso sí anotando como la señora Gardes viajó desde Francia con su hijo Charles Romual Gardes hacia Buenos Aires.
En síntesis, una investigación apasionante que nos lleva al mundo inicial del que sería el afamado cantor del tango, buscado en archivos de ministerios, en partidas de bautismo, en declaraciones sobre la vida oscura de Lassere, sobre posibles viajes de este a Buenos aires pero siempre con el escepticismo ético de sus autores al faltar la prueba reina de ese posible encuentro entre: Berthe Gardes y Paul Jean Lasserre.

lunes, 29 de abril de 2013

Ovidio Barreiro

.
.

.
.

Ovidio Barreiro

Víctor Bustamante

Momentos de tango en el Homero Manzi. Esta noche canta Ovidio Barreiro quien no nos trae los conocidos tangos, que por supuesto son hermosos, sino que él sorprende con tangos poco conocidos para nosotros tangueros de mesa de licor, con el peso de las melodías que acongojan y golpean el espíritu. Él arriesga al hacernos conocer otros tango poco escuchados, y digo arriesga, por una razón de peso, quiere establecer una presencia distinta: su sello personal para tangueros ávidos de caminos poco transitados.

De tal manera su arte no puede estar mediado por los tangos más escuchados sino por los que nos harán admírarlo a partir de lo ya presente de su arte, de su voz, de sus cadencias y así de su investigación, de los caminos que propone. Es decir, un tango popular suena hermosa muchas veces. Ovidio Barreiro huye de esa facilidad y propone otros caminos, la dureza de aprender otros tangos poco populares o al menos de volverlos a escuchar en su voz.

Con Ovidio aún estamos en deuda de realizarle una conversación sobre sus caminos transitados del tango. No lo hemos olvidado. Por estos momentos disfrutemos de su arte que ya nos contará dentro de poco su andar, su presencia del tango en Medellín, por supuesto en su voz.

miércoles, 13 de marzo de 2013

UNIDOS POR LA MÚSICA -- ORLANDO RAMÍREZ-CASAS




UNIDOS POR LA MÚSICA
 ORLANDO RAMÍREZ-CASAS


Dr. Héctor Ramírez Bedoya
(Corporación Sonora Matancera)

“Recuerdos muy tristes me quedan al verte en la noche alumbrar” dice el bolero “En la orilla del mar” del cubano José Berroa que canta Bienvenido Granda, el que metió al Dr. Héctor Ramírez Bedoya en el cuento de la Sonora Matancera. “A mí me gusta la música de la Sonora Matancera”, le dije cuando nos conocimos en el taller de escritores de la Biblioteca Pública Piloto, “pero la música que tengo metida en el alma es el tango”. Él se sonrió y me dijo “A mí también me gusta el tango. Lo uno no quita lo otro”. Nos hicimos amigos por el colegaje de la afición por escribir, por el colegaje de nuestro amor por la música, por ser contemporáneos y compartidores de vivencias, y por venir los dos del barrio Buenos Aires que era el tema de escritura que me ocupaba por esos días. Acogió algún escrito mío que insertó en su libro sobre la cantante Celia Cruz, recibió con beneplácito algún otro sobre él y sobre la Corporación Sonora Matancera de Antioquia, que publicó la revista Melómanos Documentos de Cali, y se metió en mi libro "Buenos Aires, portón de Medellín" como protagonista de vivencias en el barrio que nos vio nacer.
En la noche de la presentación de su libro sobre Celia me presentó al Dr. Luciano Londoño López, un personaje del que yo no tenía conocimiento, y pude deducir que ya habían hablado sobre mí y sobre el libro que yo venía escribiendo. El Dr. Luciano hacía parte de la mesa que apadrinó la presentación del libro de Celia Cruz. La simpatía entre el Dr. Luciano y yo fue mutua e instantánea, cosa que con el tiempo vine a apreciar porque descubrí que, a diferencia mía, no era él precisamente amigo de andar confraternizando a troche y moche. Me manifestó su interés por tener un ejemplar fotocopiado del borrador de mi libro, y lo leyó al detalle, con lupa, convirtiéndose en un lector crítico y dedicado que me aportó innumerables sugerencias y precisiones al punto de que, podría decirse, fue casi un coautor de ese libro. Tomó por costumbre llamarme casi todos los días, casi a todas horas, para hacerme algún comentario sobre el libro, o sugerirme la ampliación de algún tema. Percibí su molestia, y él no era persona que se preocupara por ocultar sus sentimientos, cuando me vio en dificultades para conseguir quién quisiera escribir un prólogo para mi libro y me vio tocar dos o tres puertas con ese propósito. Entonces un día me escribió una carta ponderando las virtudes de mi libro y, tan pronto la leí, lo llamé y le dije: “Dr. Luciano. Esa carta es el prólogo que yo estaba buscando”. Fue así como se convirtió en mi prologuista, y como conseguí que hiciera una excepción en sus costumbres misántropas y accediera a asistir a su presentación. Poco a poco descubrimos que teníamos muchas afinidades, y empezó a mandarme, y yo a él, artículos periodísticos y comentarios ilustradores sobre una gran cantidad de temas. Supe que había encontrado en él un interlocutor de excepcional inteligencia y percepción, que enriqueció mi vida abriéndome horizontes y estimulándome a poner especial atención en ellos. En nuestras conversaciones hablábamos de cine, de política, de economía, de literatura, de música en general. Puedo afirmar, sin lugar a dudas, que es el interlocutor más inteligente que haya tenido en toda mi vida. Para bien o para mal, éramos dos meticulosos y perfeccionistas en las cosas que emprendíamos. Nuestras conversaciones nunca fueron banales, y siempre había un tema de interés sobre qué hablar, dejándome otro como tarea para investigar y poder después intercambiar ideas. Recuerdo la vez en que me preguntó “¿Qué sabes, Orly, sobre el manuscrito de Voynich?”. En mi vida había oído yo mentar tal cosa, y me puse en la tarea de averiguar, lo que me permitió hablar con él un buen rato al respecto. Siendo supremamente reservado y celoso de su privacidad, algún día me abrió las puertas de su casa y pude conocer también a Ligia, su esposa, y descubrir que ella era una espléndida anfitriona. Así supe que era él un estudioso y gran conocedor del tango, con un respetable prestigio bien ganado en la Argentina y en el Uruguay donde no sólo hizo parte de la Academia Porteña del Lunfardo y de la Academia Nacional del Tango, sino que llegó a ser considerado “el colombiano que más sabía sobre ese ritmo”, equiparándose a estudiosos y conocedores de allá con muchos pergaminos y kilates, con los que estableció correspondencia y amistad que fueron acrecentándose con sus aportes. Por esos conocimientos se hizo amigo de don Ricardo Ostuni, un indiscutible gurú del tema tanguero, y por su intermedio algún día resulté intercambiando correos con don Ricardo, a quien conocí personalmente en su primera venida a Medellín donde se ganó el apropiado apodo de “la biblia tanguera”. Nos presentó el Dr. Luciano.
A pesar de lo apretado de la agenda de don Ricardo en esa visita, pudimos sacar un rato para conversar en el hall del hotel, y la conversación derivó muy pronto hacia la amistad de él con el Dr. Luciano. Grabé esa conversación, y de allí salió una entrevista que fue publicada en varios medios en la que reafirmaba su posición de defensor de la tesis tacuarembista del nacimiento de Gardel. Allí me dijo don Ricardo algo que yo ya había descubierto por experiencia propia: “El Dr. Luciano es el interlocutor más inteligente que haya tenido. Con él se puede hablar de muchos temas y él sabe desarrollarlos con solvencia”. Esta frase, aplicada por don Ricardo al Dr. Luciano, es la misma que el Dr. Luciano pudo haber pronunciado aplicada a Dn. Ricardo. Eran un par de conversadores de primera línea, memoria prodigiosa, y seriedad en los planteamientos. De ellos aprendí el rigor histórico y el no transigir con consejas que se cocinaban en el difícil mundo del saber tanguero. Sus argumentos se ganaron mi respeto y, fiel a mi criterio de casarme con la verdad, no dudé en volverme también tacuarembista. De ellos aprendí lo de la teoría de los indicios en Historia, y aprendí a despreciar la historia que se escribe “de oídas” sin mayores confrontaciones.
Tres amigos relacionados con la música se han ido, y se llevan menos de un mes de diferencia en su partida. Cada uno de ellos agrega una cuota de dolor por la pérdida de un amigo que plasman los versos de Alberto Cortés: “Cuando un amigo se va, queda un espacio vacío que no lo puede llenar la llegada de otro amigo”. Cada uno de ellos es una pérdida grande para la música popular en la ciudad de Medellín: el Dr. Héctor especializado en la Sonora Matancera; Dn. Ricardo, que se vinculó a los tangueros de esta ciudad con sus conocimientos; y el Dr. Luciano, con los suyos sobre tango y sobre la música caribeña. Los amantes de la música formamos una cofradía y, por lo tanto, la música de Medellín está de luto y yo “Sueño con el pasado que añoro, el tiempo viejo que hoy lloro y que nunca volverá”.
-
-
Del sitio Festitango de Medellín: