lunes, 17 de diciembre de 2007

Evocando a Roberto Goyeneche



Evocando a Roberto Goyeneche

Qué falta nos hacés, Polaco

Reinaldo Spitaletta

¿Quién era ese cantor que sugería silencios, cantaba el punto y coma, y se quería morir en cada irrepetible interpretación?, ¿quién era ese fraseador impecable que, según tantos, fue el vocalista con más calidad expresiva que ha tenido la canción de Buenos Aires? Roberto el Polaco Goyeneche (29 de enero de 1926-27 de agosto de 1994) cuando se murió, hace once años, era una leyenda popular, amado por rockeros y músicos de otros géneros, y, por supuesto, por los seguidores del tango. La leyenda continúa.
Entre los militantes de la logia tanguera (bueno, también entre los de la salsa, la ópera, el jazz...) siempre se dan discusiones, casi siempre bizantinas, muchas de las cuales pueden terminar a puñetazos: qué este es el mejor, que el dios es Gardel y los demás son sus querubines, que en el Olimpo están también Marino y Floreal y Dante y Durán y Rufino y Morán y Rivero y Sosa.
No importa. La lista de los elegidos es mayor. Pero, sin duda, el Polaco (bautizado así por el Paya Díaz) dejó un legado de excelente interpretación, un artista 'con vicios de cantor'. Poseedor de un oído absoluto, que jamás desafinó, ni siquiera en sus tiempos de decadencia, cuando su garganta con arena seguía atrayendo a los duendes de la noche porteña.
Goyeneche se inventó a sí mismo, con un estilo heterodoxo, respetuoso de la gramática y de las letras, que, como diría el periodista argentino Jorge Göttling, llenó el tango de sugestión y lo hizo más creíble. Su modo de cantar, de decir, hizo que, en diversos escenarios, lo compararan con Sinatra, con Maurice Chevalier o con Edith Piaf, como pasó en sus presentaciones en París. En su debut en el teatro Chatelet de la capital francesa, con un auditorio sapiente que no sabía español pero entendía la calidad del artista, Goyeneche cautivó tanto que en los diarios lo calificaron como 'el nuevo gorrión de París'.
Goyeneche es capaz de enmudecer al público leyendo la Biblia o la guía telefónica', según un comentario de Le Monde. Su estilo, tantas veces irreverente, hipnotizó en su patria tanto a los amantes del género como a los jóvenes rockeros, porque, para Goyeneche nunca el tiempo pasado fue mejor. Siempre estaba en renovación. 'Tanta fue la veneración popular que, sobre el final, con la respiración empaquetada por el rigor del enfisema, el público aplaudía hasta su tos', declaró Göttling.
Tal vez uno de los momentos cumbre del cantor fue su concierto de 1982 en el teatro Regina de Buenos Aires con Astor Piazzolla. A ambos siempre les molestó lo repetido, 'la naftalina', y ambos, a su modo, eran revolucionarios, vanguardistas. Piazzolla calificó ese encuentro como una 'unión de amor', de la cual quedan versiones como Balada para un loco, Garúa, Cambalache y Chiquilín de Bachín, entre otras. '...Siempre digo que al que no le gusta Piazzolla se embroma. Mi madre siempre decía que los caballos no comen bombones y eso va para quienes no lo entienden: Piazzolla fue puesto por Dios para que le coloque membranas auditivas a la gente, para que la gente aprenda a escuchar. Cuando Dios lo puso sobre la tierra le dijo: 'vaya y eduque a la gente. A los que tienen orejas de burro póngales membranas auditivas', decía Goyeneche.
Desde su aparición como cantor, en la orquesta de Raúl Kaplún, en 1948, hasta sus días finales, Goyeneche entregó todo por el canto: 'tu vida tiene un karma, cantar, siempre cantar', le compuso Cacho Castaña, en una creación que se volvió un bello retrato del viejo Goyeneche. Otro de sus momentos históricos fue en 1991 el espectáculo 'El rock homenajea al tango', en la Nueve de Julio, la avenida más ancha del mundo. El Polaco cerró una noche en la que habían desfilado, entro otros, Alejandro Lerner, Juan Carlos Baglietto, Fito Páez, Patricia Sosa. Cincuenta mil pelados lo ovacionaron largamente.
La vida del Polaco fue una extensa lección de interpretación. Charles Aznavour, por ejemplo, se fascinaba con el modo de frasear del argentino. De su paso por el mundo quedan múltiples muestras de excelsa calidad, de la cual dan cuenta 349 grabaciones, sus apariciones en películas como Sur y El exilio de Gardel y cada noche de su ciudad, en la que renace.Lo recuerdan, todavía, asuntos más elementales, como su barrio Saavedra, su equipo el Platense y alguna mesa de cafetín de Buenos Aires. El loco nos sigue invitando a volar por las cornisas con una golondrina en el motor. El día no amanece y es cuando hay que hacer un pedido inacabable: Polaco, cantanos un tango más.

miércoles, 12 de diciembre de 2007

De Borges y el tango



De Borges y el tango

(Ensayo sobre dos que bailan la realidad y la irrealidad).

José Guillermo Anjel R.

Dedico esta conferencia Benjamín Schneid, hombre de Belgrano que lee señales invisibles. Para vos, ché.

Introito.

No sé qué tenga el tango. Quizás sea una mujer que baila en las venas del hombre que la piensa y, mientras danza, lo tienta hasta la locura o el odio. Esta mujer, que se hace con las notas del bandoneón, para asombro de golondrinas y aves que llegan por ese mar amplio que se involucra en el río y se hace costanera delante de Buenos Aires, sonríe y llora al mismo tiempo. En términos de Borges, sería una mujer que se mira en el espejo dominado por el tigre. O que son los ojos del tigre.

El tango y Borges nacen por el mismo tiempo. Y se hacen de Buenos aires. Y cuando el bandoneón deja de asistir difuntos y mejor se integra a historias de hombres y mujeres vivos, de acción en ciudad y laberintos, Borges también inicia su baile de las letras. Los dos, música de tango y literatura de Borges, tienen el encanto del sonido y las palabras. Y el de la memoria y la imaginación. Van juntos los dos, como dos que se quieren y se desquieren, todo depende de la hora. Y de los inmigrantes que entren en esas músicas del bandoneón y de las palabras escritas.

Del tango se ha dicho que es canción de cuchillos y de lupanar. Que nació en el crimen y en el sexo que se compra. De Borges yo diría lo mismo, su literatura nació cuchillera y lujanera. Luego se vistió de inmigración decente. Y al final, el tango acabó haciendo lo mismo. Uno en el otro, los dos siguiéndose, amparándose, Borges habitando el no tiempo y el tango habitado en ese mismo lugar. Que el tango es eso, un no lugar, un no tiempo, esto que en física llaman reposo o intervalo, para justificar el movimiento.

Evaristo Carriego y Palermo.

En un texto sobre los espíritus del tango y los suburbios, que luego se hizo un arrepentimiento para Borges, eso fue lo que dijo (o le inventaron) y a lo mejor fue una burla, le gustaba la burla al Borges, el escritor asimila una ciudad iniciada que se canta en los versos de Carriego, que habla de la formación de las sombras y de la construcción de los silencios. También de los desaciertos, los odios y las palabras que no alcanzan para otra cosa que delirios y desmesuras. Y para sentir al Buenos Aires que crece y se hace en la inmigración. Carriego le canta a los compadritos y a los bulines, a los boliches y a la calle. Y a un Palermo quilombero, lugar de agravios y de inicios de batalla. En ese Palermo, que hoy es un espacio verde que se toca con el mar, Borges sueña y legitima al abuelo guerrero. Palermo en Borges no es una extensión de la pampa sino un campo inglés, sincrético, donde las historias del criollo y el gringo se funden. Y donde habitan sus tigres, que por esos pagos estaban las fieras.

Los espacios de Palermo, cantados por Carriego e imaginados por Borges para hacer de esos campos un lugar de lo mítico y lo cuchillero, se hacen posibles en la milonga, el malevaje y la putada. Allí, en ese Palermo, los criollos se matan a punta de versos de guitarra y olor a mujer dispuesta. Y los gringos, casi todos calabreses, mantienen vivo el rencor y la cuchillada tardía y traicionera. Letras milongueras las que escribe Borges rememorando a Palermo, y viviéndolo en la imaginación y la memoria cuajada de nativos y extranjeros que se relegan la cuchillada como en una carrera de postas. Y que cuando no hay quilombo, se funden en sus amplitudes y estrecheces. Caserones amplios y frescos, para los criollos: casas estrechas y sucias las de los gringos. Los primeros con la poesía limpia en la boca, los segundos con los versos sucios de la pobreza. Y en los dos, la tristeza y los rencores, los amores a medias y las visiones de lo imposible. Palermo es campo mítico, donde lo bueno y lo malo no existen, como en las tesis de Spinoza, sino que se vive por lo que venga, sin que D-s medie para nada. Es la guitarra y el facón, la voz que se alarga y el puñal fino. Y las mujeres que esperan la danza y el crimen por amor. Danza entre hombres, danza de machos que cortejan como gallos, que se lucen en las fintas y los firuletes, en el taconeo y el brillo de las espuelas. Se baila el sentimiento, el deseo, la muerte que se cuaja en el aire y en las miradas. Es como si de esas guitarras salieran diablos para revolver las sangres. Es que los días de ese Palermo de Borges y Carriego son los del caos inicial, los de la formación del mundo donde los opuestos se enfrentan y de dos verdades brota la tercera, que es como se crea el camino de la esperanza y el de las palomas al cielo. Y el del brillo de los cuchillos, capaces de desollar un toro o a quien se cree el toro.

Con Carriego y los versos de lo acontecido en la realidad y la irrealidad, afloran los sentimientos cuchilleros de Borges, las penumbras apenas iluminadas por la hoja de metal puntudo, las manos que a más de domar potros y enfrentar vientos duros, buscan también la sangre del otro. Es que en la sangre se fundan las ciudades y la primera piedra, antes que el inicio de una casa, es una lápida o un mojón con una bendición encima. En ese Palermo de Carriego y los asombros de Borges, Buenos Aires se hace desde el Norte dejando el Maldonado que se ha hecho en las fronteras de las peleas y las guitarras. Ese Maldonado milonguero, de mataderos y gente de cuchillos cortos (que los largos eran de gente sin clase), que se extendió por manzanas enteras haciendo correr historias prostibularias y de guapos que morían sin soltar prenda, de malevos a caballo y luciendo chambergos propicios para lucir en el lance y en caso de ser difuntos, también es barrio decente, donde la moral apenas tocada se convierte en deshonra. De todo sucede allí en esos inicios de Buenos Aires. Y los opuestos, como pasa con la letra álef, son la creación que ya no se detiene. De una muerte barrial nace la ciudad. De un barrio que se olvida y del que no queda más que una memoria fabularia, aparece la Buenos Aires de un Borges que trajina por el no- tiempo, única medida de la eternidad y lo borgiano. "Porque Buenos Aires es hondo, y nunca, en la desilusión o el penar, me abandoné a sus calles sin recibir el inesperado consuelo, ya de sentir irrealidad, ya de guitarras desde el fondo de un patio, ya de roce de vidas", escribe cuando concluye su capítulo sobre Palermo, que a mi me parece que es el alma del tango y de la milonga, la del amor y de la muerte, la de la nostalgia y el honor partido en dos por un cuchillo o la traición de una mujer. También por la cobardía de uno que mató desde la sombra y así se hinchó de miedo hasta reventar.

En ese Palermo, donde los tangos y las milongas hacen parte de los ambientes de luz y de sombra, de cuchillos y de percales, de dones y de don nadies, de guapos que vienen a acuchillarse y de mujeres que se juegan las ilusiones y los pesares, Borges escribe sus relatos más tangueros. El hombre de la Esquina Rosada y El Sur. Y la prosa El Puñal. En el primero, donde el crimen pasional es la línea, y todo por una mina de todos, por una jermú del más guapo, ganada con baile y billetes, el tango y la milonga están presentes en un segundo espacio. Sin esa presencia musical, el relato se habría quedado sin ambiente propicio y Francisco Real hubiera sido una sombra: " y luego la abrazó como para siempre y le gritó a los musicantes que le metieran tango y milonga, y a los demás de la diversión, que bailáramos. La milonga corrió como un incendio de punta a punta. Real bailaba muy grave, pero sin ninguna luz, ya pudiéndola. Llegaron a la puerta y gritó: -¡Vayan abriendo cancha, señores, que la llevo dormida!-. Dijo, y salieron sien con sien, como en la marejada del tango, como si los perdiera el tango". Luego, ya se sabe, al Francisco Real, le llega la muerte y de la boca le sale: "tápenme la cara". Y acota el Borges: "Sólo le quedaba el orgullo y no iba a consentir que le curiosearan los visajes de la agonía". Y del asesino anota su reflexión: "en cuanto lo supe muerto y sin habla, le perdí el odio". Y concluye diciendo del arma homicida: "Borges, volví a sacar el cuchillo corto y filoso, que yo sabía cargar aquí, en el chaleco, junto al sobaco izquierdo, y le pegué otra revisada despacio, y estaba como nuevo, inocente, y no quedaba ni un rastrito de sangre". En este punto, leo en Borges la síntesis del tango duro, del apache, de ese que refiere las historias de los malevos y los desamparados. De ese tango y esa milonga donde todo se asume con honores y de frente, para que se sepa que hay dignidad. Y que el cuchillo nada tiene que ver cuando no se está a amando con la mano. Esta historia ha sido musicalizada por Piazzolla, para que la música asuma la calidad de testigo y de memoria, para que se baile el cuento, para que se sienta y se maldiga o se bendiga, no lo sé muy bien, que en la historia imaginada de Buenos Aires todo es posible. Igual que en la Lujanera y Rosendo Juárez. Lo mismo que en el tango y la milonga, en el candombe y el valsesito criollo, músicas a las que hay que perderles el temor porque habitan en nosotros desde el séptimo día, horas en que se criaron los miedos.

En El Sur, la historia es la de un miedo y una fascinación. Y un alter ego de Borges que asume una historia de tango y de los inicios en la locura y el aburrimiento. En este cuento donde el gringo y el criollo son uno y por eso aman los libros y los cuchillos, las realidades y las irrealidades, los delirios y los terrores, Juan Dahlmann va en busca de la sensación de muerte. "-Vamos saliendo-, dijo el otro. Salieron y, si en Dahlmann no había esperanza, tampoco había temor. Sintió que al atravesar el umbral, que morir en una pelea a cuchillo, a cielo abierto y acometiendo, hubiera sido una liberación para él, una felicidad y una fiesta...". Luego es Dahlmann que empuña el puñal que no sabe manejar, la daga que misteriosamente apareció a sus pies, que alguno tiró para que no hubieran injusticias, y sale para que la llanura le vea la muerte, para que el Sur lo inicie en la memoria y alguien le cante el lance. Lo demás, más allá, es Buenos Aires que se lee la suerte en las líneas de la mano de una grela que no admite que se está quedando sin carnes.

En el Puñal, todo lo tanguero bravo y lo milonguero, está definido en dos renglones que concluyen una historia corta sobre un cuchillo que habita un cajón: "A veces me da lástima. Tanta dureza, tanta fe, tan impasible o inocente soberbia, y los años pasan, inútiles". Así ve a ese cuchillo creado para matar, como un agazapado en el olvido, pero con memoria para cuando lo aferren con los dedos. Un cuchillo que es el de Palermo y la guitarra, que lleva a sueños atroces y a horizontes brillosos de amores rojos, ya de pasión, ya de sangre, como pasa en La Intrusa y en la muerte de los dos hermanos, como pasa en las milongas que escribió Borges haciendo la lectura de Evaristo Carriego y del Buenos Aires pulpero y de calles empedradas, cuajado de sueños y de dolores, de inmigrantes y de criollos listos a sacarse la vida de las venas. Esa ciudad inicial, es de tango y de milonga, es de burla y de miedo, es una emboscada, una tocaia grande como diría Jorge Amado, que es hombre de candombes. Y de delirios propicios a la escritura.

Borges y el tango que no vemos.

El tango es de lupanar, pero también de gran salón. Es de cuento entre putas, pero igual lo comentan matemáticos y filósofos con la carne viva. El tango es la ciudad que registra en las voces de la calle sus peores memorias. Y las más bellas, para que los sueños sigan vivos. Es la bella Emma Zuns, mujer que acciona la pistola para vengar a su padre y la deshonra a la que la han sometido los ojos de un cerdo con gafas. El tango son los días duros de la Historia Universal de la Infamia y de las Ficciones, donde se lucen los cadáveres al viento y a los peatones, ya los de Billy the Kid y la viuda China, ya los de esos desconocidos que habitan bibliotecas circulares y ecuaciones infinitas.
El tango, decía, es danza de lugares contrarios, es caminos que se bifurcan, que el uno se baila con furia en Boedo y el otro con champán en Paris. E igual es Borges, que en su literatura asumió lo de arriba y lo de abajo, asumiendo en ambos espacios la similitud, como los cabalistas, que es lo mismo lo que está arriba que lo que está bajo. Y del jardín que se mira, se ven las estrellas, como defendía Giordano Bruno, el hereje.

Para algunos intelectuales, Borges se desacredita en el tango. Y lo alejan de este lugar de bandoneón y cantor, para situarlo en el laberinto de lo nórdico y lo ginebrino, de lo arcaico en el cielo y lo miliunanochezco. Esta ubicación (o desubicación), nace del desprecio por el pecado cometido con dignidad, por el miedo al placer comprado y la ira sangrienta que se cuece en los traicionados. Entonces, desde el eurocentrismo, Borges carece de tango y de milonga y más que un conocedor de la ciudad en sus inicios es un cadáver momificado y acético a toda desmesura. Pero, para ira de los que defienden esto, Borges se mantiene inmerso en el tango. Y desde él construye la eternidad apoyado en sus tigres y sus espejos, que el tigre es el guapo elegante y ágil que mantiene la muerte a mano. Y los espejos, esto que somos aunque lo disfracemos.

En ese tango que no vemos, que suena y se toma las azoteas de Buenos Aires, que lee las estaciones desde el bandoneón de Piazzolla y las desgracias desde la pésima orquesta de Malingo, veo al Borges de la Memoria. Y al de la imaginación, que es como la danza, donde todo depende de los firuletes y los quiebres de mirada. Colángelo habita Borges y lo habita la orquesta de Daniel Baremboin. Y lo habitó Yehudi Menuhin con su violín tanguero, más agresivo que el de Gidon Kramer porque asumió esta música desde el fondo. No tuvo Menuhin ascos para que las cuerdas de su violín interpretaran una milonga y un tango apache, canciones que le rememoraron sus tiempos de inmigración. Y en el trabajo que realiza con Piazzolla, se nota al Borges de los compadritos y las putas de las pulperías, y también al de la ciudad que se desarrolla entre memorias de lenguas olvidadas y por eso sagradas y demoniacas, como las claves lunfardas de los marinos y las grelas que estiran la noche para que la evidencia no las atrape y las disuelva con la luz del sol.

Bajo esta posición herética, la de un Borges en el tango que no vemos pero que leemos, asumo al Borges aventurero y policiaco, al traidor de las memorias de museo y amante de escribir sobre mujeres con tintes criminales, perversas y macabras, meras grelas, que son las de la memoria y esas que representan todas las expulsiones del Paraíso. Personajes como Isidro Parodi, el detective preso que todo lo resuelve desde su celda a través de intuiciones, ya son un tango en sí mismos, que en el tango se magnifica el criminal y en esta magnificación lo convierte en un antihéroe que termina representando la inteligencia práctica (la frónesis, según Aristóteles) de un colectivo que delinque y en este acto, el delito, demuestra que está vivo y en movimiento.

En la biografía que Borges hace de Evaristo Carriego, ese poeta que descendía de un abuelo que escribió unos papeles olvidados y que murió de tuberculosis o de tisis, hablo de Carriego, el mundo es de tango y de curiosidad. Carriego, habitado por Borges, es el territorio de los compadritos y las milongas que hablan de putas y dagas, de guitarras y casas donde hay una nostalgia de guerra. Y, a la par, de un deseo irredento de tener Buenos Aires de frente pero sin entrarle, esperando a ver quién sale primero al baile. Y, en todos estos poemas que se convierten en Misas Herejes, en el lápiz de Carriego, Borges pone a reinar el cuchillo, ese tango interno que no lo deja, que convierte en espada de saga o en cálamo de sabio musulmán que se niega a terminar la historia. O en la letra álef, que es filuda e indica todos los silencios y todas las aperturas. Borges, en Carriego, asume el tango y la milonga, los amores turbios y las muertes difusas, las incertidumbres y el canto que habla de historias, propicias para el bailongo y para que los negros del Abasto hagan sangrar los dedos que le danzan a las cuerdas de la guitarra. Es que Carriego lo marca, que el tango es baile que no se olvida, que es amplio como la pampa y extenso como el cuerpo de la mujer que se ama con pasión desmedida y notas de bandoneón. Y con los pasos de dos que se cruzan los cuerpos.

Borges en el nuevo tango.

El tango de Piazzola y el que canta el polaco Goyeneche, el de Colángelo y el que tirita en la voz de la Varela, nombrada Adriana, el que suena bajo las manos maestras de Daniel Barenmboim y el que se entrteeje en el violín de Menuhin y en el Kremer, conducen inevitablemente a Borges, a lo prostibulario y al mundo de las ideas, a la milonga de Jacinto Chiclana y a la soledad de sus mujeres. Y que el tango es Buenos Aires con sus inmigrantes criollos y gringos, que al inicio fueron italianos y después fueron rusos y polacos, árabes y judíos, todos aportándole letras e instrumentos al tango. Y a la literatura de Borges, que se nutrió del asombro de estas inmigraciones y de las de él mismo por los pagos de Europa.

El nuevo tango es música que narra la ciudad y sus fantasmas, sus delirios e ilusiones. Y en esta narración de estaciones y milongas (la milonga es el sitio donde se baila el tango) al son de los violines y el bandoneón, el piano y el contrabajo, asumimos a Borges. Y lo asumimos porque Borges, al igual que el tango, es Buenos Aires. Y sólo desde Buenos Aires puede entenderse ese tango que está en Borges, que gravita en él y sus escritos, en la poesía que describe a Spinoza y la cábala, en el humor y la memoria. En ese tango nuevo que se baila en la plaza Dorrego en San Telmo o que dos muchachos ensayan en la Boca (en la república del riachuelo), en el que silba un judío ortodoxo sin que lo oigan los vecinos mientras se hace el que lee el Talmud, está Borges con sus laberintos, sus tigres y sus espejos. Y con sus burlas, que hacen firuletes y se lucen de esquina a esquina en lo de Hansen, como en los viejos tiempos, en los del farol y el chambergo, en los de la dama de todos y el cuchillo, llámese facón, puñal o rebenque. O Chaira, si está en manos de alguno que corte carnes para el asado.

El nuevo tango, ese que se exiló de San Juan y Boedo, dejando atrás a Pugliese y a Canaro, sin la traición del olvido, es el Borges del libro de arena y el informe Brodie, el de Funes el memorioso y la Fundación Mítica de Buenos Aires. Tangos de bibliotecario ciego y de imaginador que navega por las letras de lenguas tan perdidas como las diez tribus de Israel, que se presume que están al otro lado del Sambatión, río misterioso que suena igual a la tecla 36 del fuelle.

A Borges lo entiendo en el tango y oyendo tangos lo leo y lo sueño en esa eternidad que carece de tiempo y por eso permite que el baile sin inicio no termine nunca. Y ambos, tango y Borges, me sitúan en el Buenos Aires que no se me va de la memoria y a la que imagino como una mujer bien vestida que toca el timbre de una puerta mientras se pasa una mano por el pelo rubio. A su lado, un babilónico que la mira pecando.

A Borges lo asumo dejándose maravillar por la voz de gramófono de Gardel y deseando bailar una milonga, bailándola con el corazón y los dedos sobre la mesa. Era un tímido el Borges y, por eso, un ansiador de tangos y de cuchillos, de guapos y de milongas (milonga también es puta) trenzados al compás del dos por cuatro. De no ser así, no habitó Buenos Aires ni sus noches, tampoco las madrugadas cuando los rezongos de un bandoneón levantan negros montivedeanos y gringos que todavía no están seguros de haber atravesado el mar, tanto es el asombro que brota de la ciudad donde se pierden y añoran.
Antes que ciego y delirante, Borges era un sentidor. Y esto pudre a muchos que lo miran desde París y Ginebra, Londres y Madrid. Y que les duelen los tigres y los espejos, espacios donde sólo es posible ver a dos que bailan el tango. Y que se acuchillan para sentirse la sangre y la vida. También en esos espacios del tigre y el espejo, está la dama que mira sin ser tocada y por eso se desvanece mientras bebe un té. Y el sabio perdido que se multiplica y en esta multiplicación se quiere devorar porque sabe que no pierde más que una proyección.

No hay que temer a Borges ni al tango. Los dos comenzaron al mismo tiempo y los dos siguen en el tiempo. Y en el tango de la vieja guardia vemos al Borges del abuelo que luchó en Junín y hundió el puñal en el tigre. Y en el nuevo, al Borges que habita el laberinto y la biblioteca eterna de Babel. No hay que temer a Borges ni al tango, los dos están el uno en el otro, amándose y odiándose, bailando entrepiernados, asimilando al fin los caminos que se bifurcan.

Escrito en Medellín, oyendo tangos y a María José que llora.
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La foto de José Guillermo Anjel R. es de Juliana Arango

jueves, 6 de diciembre de 2007

El día mundial del tango



Manos en el fuego

El día mundial del tango

Jaime Jaramillo Panesso

El tango es una manifestación cultural de las ciudades rioplatenses, Buenos Aires y Montevideo. Después de su nacimiento hacia 1880, se consolidó explayándose por todo el mundo, no solo en los países hispanoparlantes, sino en todas las comunidades que lo apreciaron como una música, una danza y unas letras acogedoras y entrañables, algunas teñidas de lunfardo, ese léxico de barriada y de avería que se transformó, a los pocos años, en coloquial y popular. Luego de triunfar en las grandes capitales y de canalizar su expresión artística por los nuevos medios de comunicación de entonces, el cine y la radio, los tangueros clásicos bonaerenses acuñaron el 11 de diciembre de cada año, como el Día Mundial del Tango, aunque en su comienzo el primer círculo se circunscribió a una conmemoración nacional.
El Día Mundial del Tango comenzó por una propuesta de la Asociación Gardeliana Argentina y del editor Ben Molar en 1977, la cual se plasmó en una manifestación administrativa del intendente o alcalde de la ciudad de Buenos Aires, para luego ser acogida por las organizaciones que promueven el goce y el conocimiento de la música ciudadana en otras latitudes. La justificación para la fecha citada está en que el cantor emblemático Carlos Gardel y el compositor, violinista y maestro Julio de Caro nacieron en 1890 y 1899, respectivamente, pero ambos el 11 de diciembre.
De Gardel es necesario aclarar que aún sigue siendo parte del debate su lugar de nacimiento y aún la fecha misma, puesto que el artista creó un manto sutil de misterioso encanto alrededor de sus orígenes, posiblemente por lo oscuro de su nacimiento que bien pudo ser en el Uruguay, ciudad de Tacuarembó e hijo extramatrimonial del coronel Escayola. O, como suele afirmarse en la historia “oficial”, su nacimiento ocurrió en Toulouse, Francia, con los mismos signos de padre desconocido. Lo irrebatible en la vida de Gardel es su muerte, así suene crudo, pues no hay lugar a dudas que ocurrió en Medellín, el 24 de junio de 1935. Desde la tanguedad, Gardel será el gran pionero del género que, como dicen sus admiradores, “cada día canta mejor”, lo cual es cierto por la técnica aplicada a sus viejas grabaciones que la remozan y embellecen.
Julio de Caro es otro asunto. Su perfil de violinista, compositor, director y arreglador lo proyectan como una de los grandes reformistas del género tanguero. Su aporte estético y sus renovadoras concepciones musicales lo sitúan como creador de una escuela, la escuela decareana. Como intérprete del violín se codeó con los más notables de la década de los años veinte y treinta del siglo XX, como Vardaro y Puglisi. Famoso por ejecutar el violín corneta, instrumento compuesto por un violín al cual se le agregaba una especie de bocina o cornetín, similar al de las victrolas, pero de menor tamaño, con el fin de amplificar las notas. Julio de Caro conformó un sexteto con sus hermanos, donde cumplió su papel de director y compositor de gran talento, aunque también hizo parte de otros conjuntos similares como las orquestas de Fresedo y Juan Carlos Cobián. Escribió un extenso libro, El tango en mis recuerdos, fuente importante para investigadores y estudiosos. Los tangos que mejor lo representa son Boedo, Tierra Querida y Mala Junta. Murió el 11 de marzo de 1980.
Así que los 11 de diciembre de cada año el mundo del tango remarca su compromiso musical, sentimental y estético con la más depurada expresión popular de América Latina, aunque entre nosotros haya perdido fuerza, no solo por la avalancha de la denominada música internacional, sino, además, por la labor conservadora de muchos cantantes y promotores barriales de la música ciudadana que se quedaron mirando al pasado. No ocurre lo mismo, como paradoja, con los hombres y mujeres que bailan. Son los jóvenes danzarines que alcanzan inclusive premios internacionales y que están obligados a comprender la historia, los compositores, los poetas en el tango, para que la cultura del género pase de los pies a la inteligencia argumentativa.


miércoles, 14 de noviembre de 2007

Centenario de Homero Manzi






Homero Manzi
Homero Nicolás Manzione, Homero Manzi, nació en Añatuya, Santiago del Estero, estudió en el Colegio Luppi, en Centenera y Fray Mamerto Esquiú, e hizo del barrio de Pompeya la escenografía de la mayoría de sus sueños. En las inmediaciones de ese lugar se desarrolla “Manoblanca”, un bellísimo tango curiosamente optimista sobre un “carrerito del Este” que se ufana de la mujer que lo ama y dice: “esta noche me esperan sus ojos en la avenida Centenera y Tabaré”.
El fue quien evocó un pasado mítico en el sur porteño, cantó a los amores perdidos y a los cielos añorados, y fue el culpable de que hoy Boedo sea un barrio en la nomenclatura porteña y no sólo una calle que se cruza con San Juan.Junto a su pasión lírica, que dio títulos imborrables en la memoria rioplatense, Manzi fue también lo que en los 60 se llamó “un intelectual comprometido”. Su camino político fue paralelo al de Raúl Scalabrini Ortiz y Arturo Jauretche, quien declaró públicamente que lo consideraba su guía, y al de otros jóvenes intelectuales que venían de la Década Infame preocupados por el destino y la identidad del país.
Como poeta y contemporáneo de Enrique Santos Discépolo no incursionó en el lunfardo; su tango no es el de las orillas metafóricas o concretas, sino el de una clase trabajadora que se iba perfilando en la década del 40. Todo el mundo recuerda “Sur” y “Barrio de tango” cuando de él se habla, porque pocos escribas pudieron alcanzar sus alturas con algo tan vecinal como “la esquina del herrero barro y pampa” o “el misterio de adiós que deja el tren”.
Esos tangos con música de Aníbal Troilo no pueden opacar brillos menores, pero brillos al fin, como “Malena” y “Mañana zarpa un barco”, con Lucio Demare, “El último organito” con su hijo Acho o el vals “Romance de barrio”, también con Pichuco.
Su primera y olvidada composición, “¿Por qué no me besas?” (1921) significó su acercamiento posterior a Troilo por medio de su coautor, Francisco Caso, lo que facilitó la aparición de un dueto autoral incomparable, interrumpido por su prematura muerte el 3 de mayo de 1951. También la milonga estuvo entre sus creaciones: con Sebastián Piana dio a conocer delicias como la trilogía “Milonga sentimental”, “Milonga triste” y “Milonga del 900”, que integran un stock de más de un centenar y medio de composiciones.
Homero fue brevemente periodista y trabajó como profesor de literatura, pero en 1930 fue expulsado por la dictadura de Uriburu, que también lo encarceló un tiempo. Entonces organizó una compañía de danzas que recorrió varias provincias y países limítrofes.Trabajó en teatro, radio y cine; fue mentor y cofundador de Artistas Argentinos Asociados -con Lucas Demare, Enrique Muiño, Francisco Petrone y Sebastián Chiola- cuyo primer título fue “La guerra gaucha
(1942).Guionista de “Nobleza gaucha”, “Con el dedo en el gatillo”, “El camino de las llamas”, “Todo un hombre” y “Pampa bárbara”, entre una veintena de títulos, también se dio el gusto de dirigir. Fue en “Pobre mi madre querida” y “El último payador”, ambas con Hugo del Carril, en las que recreó a José Betinotti como personaje, el payador que acercó la música de origen rural al medio urbano.

(La Gaceta)

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En el Homero Manzi, noviembre 3, fue celebrado el natalicio del gran compositor argentino.
El crítico musical Gustavo Escobar y José Rua dieron una conferencia sobre diversos aspectos de la vida y de las composiciones de Homero Manzi, así como la anotación de que Manzi compuso un porro en compañía de Efraín Orozco.
A continuación David Gutiérrez interpreto algunos tangos acompañado por el maestro Rodrigo Montoya y su hija Alejandra.



Gustavo Escobar y José Rúa en plena conferencia.


David Gutierrez acompañado por el amestro Rodrigo Montoya y su hija Alejandra


La guapa Luz Ofelia Gallo se roba la escena, Harold Dávila acompaña en esta noche de tango.

La envidiada vanidad Natalia Fernanda Álvarez Arenas y Elizabeth Benjumea López.














sábado, 27 de octubre de 2007

Aquí también se canta el Tango




Aquí también se canta el Tango
de
Alberto Burgos Herrera


Víctor Bustamante

La cultura del tango en Medellín mantuvo un bajo perfil desde la época del narcotráfico en que se tomaron medidas como controlar los horarios de los establecimientos públicos y, además de esto, la desaparecieron de las emisoras de algunos programas dedicados a las melodías. Pero en el reciente Festival Internacional del Tango celebrado en Medellín, vemos que esa presencia se mantiene intacta. Una cos es el gusto popular manipulado por las disqueras y las emisoras y otra la presencia real, el tango vive en la ciudad
Todo lo anterior para hablar de un texto fundamental, Aquí también se canta el tango de Alberto Burgos. Este texto es esencial debido a que sitúa todo el ambiente alrededor de este aire musical que recaló en Medellín y del cual se apropiaron los paisas debido a que cantó y expresó un sentimiento y una afinidad con Buenos Aires y el mundo de popular de los emigrantes.
El texto deja de lado el accidente de Gardel, y la mitomanía que gira alrededor de él, con el propósito de mostrar el posterior desarrollo del tango, los compositores, los cantantes, los lugares donde se escucha, la bohemia posible y la irrupción de otras voces y, como llegaron cantores del gran Buenos Aires y como Medellín creo un tango y un gusto por esta música.
Alberto Burgos ha escrito lo que debieron investigar los historiadores locales, apresados en la cuestión del método donde fue mas importante la manera en que lo teorizaba Marx, la bella escritura de Foucault y sus atrevimientos, y hasta los epígonos que buscan en Paris a Serres o los alumnos estólidos de Deleuze y Guatari, todos olvidaron que una cosa es el método y otra cosa son los detalles, aquellos que nunca investigaron porque les falto pasión y si estuvieron muy apegados a lo académico, a ellos les ganó Alberto Burgos que investigo, recopiló esta presencia y gusto por el tango en la ciudad así como todo el ambiente que alrededor de él se ha generado.
Para los historiadores antioqueños, y en general del país, es más importante cómo plantean sus temas los teóricos mencionados que el tema en si por algo para ellos plausible: el complejo de inferioridad que los lleva a decir que aquí no existe nada.
Este vacío lo ha llenado sin ningún alarde académico el médico Alberto Burgos, y no solo eso ha escrito diversos libros sobre el devenir musical rescatando la presencia de la música popular en nuestro medio.
He hablado de lo popular, desde ahí se establece una mentalidad, desde ahí se perpetúa un canon, desde ahí vemos que una manera de sentir lo expresa la música, esa que llega sin ser invitada desde cualquier lugar, en la calle o en una emisora y que buscamos cuando la dulce melancolía nos arredra.
En este libro está ese otro Medellín y su tejido social, los barrios, los bares, los cafés, que hacen posible esta presencia del tango, así como la noche y el livor pero sobre todo esa historia que se deshace ante nuestra perplejidad.
Cierto. Alberto Burgos ha escrito uno de los libros fundamentales sobre el tango en Medellín.

martes, 9 de octubre de 2007

MEDELLÍN Y EL TANGO




MEDELLÍN Y EL TANGO


Luz Mary León Herrera
Marionh2007@yahoo.es


Es un acierto que en la ciudad se haya celebrado “El Primer Festival Internacional de tango Ciudad de Medellín. Este esfuerzo se debe a la actual administración que por el acuerdo municipal 065 de 2005 llevó a cabo este magnifico evento. Estoy convencida de que hay que recuperar los hilos de la historia de la ciudad, marcada profundamente por su relación con el tango para comprender las razones por las que muchos habitantes de esta ciudad lo escuchen, se identifiquen con sus letras y lo adopten como su estilo de vida. El tango como una de las manifestaciones artísticas modernas más bien logradas dentro de la danza, es un ritmo que ha permanecido vigente en la idiosincrasia de muchos habitantes de Antioquia y la zona cafetera, en especial los que viven en el Valle de Aburra donde más se le ha rendido tributo a este género, ya que ha manifestado el sentir del pueblo, la realidad y el sufrimiento de los hombres, permitiendo una relación cotidiana con temas cercanos a la mentalidad de la gente que habita en esta región. Las diferentes problemáticas planteadas por este, son inherentes a la condición medellinense con anterioridad a la muerte de Carlos Gardel. La crisis económica desatada en la ciudad después de la segunda guerra mundial, agudizándose en la década de 1920 a 1930, desató una problemática social que se manifestó en migraciones de desplazados y campesinos, cinturones de miseria creciendo tanto en el centro como en la periferia. Barrios y calles de tolerancia, prostitución entre otros, que desencadenaron aquellas condiciones para que se proliferara el tango.

El señor Roberto Jaramillo, quien en la actualidad tiene noventa y seis años, nació y siempre ha vivido en Medellín, coleccionista de tangos y música antigua, lleva puesto su cabeza un sombrero que oculta una escasa cabellera. En su piel moreno están dibujadas las huellas del inexorable tiempo. Me llama la atención su prodigiosa memoria al recordar con precisión algunos datos, cuando me narra algunos pasajes de su vida: “Me aficioné al tango en mi niñez, escuchaba a mi padre cantarlos en nuestra casa. Cuando estuve en la juventud, fueron muchas las noches que compartí unas copas con él. Hablábamos de muchos temas, él era un músico ilustrado y estaba involucrado en la vida cultural de la ciudad, en la época en que esta era un incipiente pueblo. Lo escuché afirmar en varias ocasiones que los tangos llegaron a Medellín cuando los antioqueños: Alejandro Wills y Alberto Escobar viajaron a la ciudad de Buenos Aires, escucharon esas melodías de arrabal y se apasionaron por ellas. A su regreso, las trajeron en discos de acetato. Con exactitud no recuerdo el año pero fue a comienzos del siglo XX”.

“La música que se escuchaba en aquella época en Medellín incluía: pasillos, polkas, valses, tangos, bambucos, operetas y música bullanguera, acompañada de tiples, pianos y guitarras entre otros. Éstas eran interpretadas por las bandas callejeras que se ubicaban en la carrera Junín. La Banda Departamental deleitó las celebraciones que se realizaban en la ciudad. Durante varias generaciones, la tradicional familia Paniagua amenizó en las fiestas patrias y amenizó las funciones de cine u otros espectáculos que se presentaban en El Circo Teatro España. Ellos interpretaban en el trayecto de las películas que por aquel entonces eran de cine mudo, un variado repertorio que incluía tangos y otros ritmos. Con la importación de los gramófonos y vitrolas se difundió más la música de otros países y esto sucedió con el tango. Antes de la década de 1920 se escuchaba a Juan Pulido, algunas de sus canciones fueron: “Medias de seda”, “Cicatrices”, “Júrame” y “Galleguita”, y a otros cantantes que no recuerdo ahora. Con el surgimiento de Carlos Gardel, quien le dio al tango un estilo propio y revolucionario con los registros de su voz viril y melodiosa que atraía a las multitudes aunque no entendieran sus expresiones lunfardas, se rompe en dos la historia del tango en Antioquia. Al morir en esta ciudad se convierte en leyenda para sus habitantes y surge el hombre que posee la particularidad de permanecer en el tiempo y el espacio”.

En los archivos fotográficos que he apreciado de aquella época, los hombres adoptaron un estilo en su forma de vestir similar a la del Zorzal Criollo que incluía los cachacos, camisas y corbatas pero ante todo el famoso sombrero Gardeliano. He observado que en muchos bares de Antioquia y la zona cafetera, se conserva la foto de Gardel exhibida en alguna pared. Además somos muchas las personas que admiramos su voz. Otros opinan que “Gardel cada vez canta mejor”.

William Echeverri (Billy). Extraordinario músico de rostro moreno que adquiere una expresión particular cuando ríe y deja ver dos hileras de blancos dientes. Interprete de nigro spirituals y jazz, ha heredado la profesión de su padre y ha estado involucrado con la música desde su infancia, sustenta: “Con el surgimiento de la radio se fundaron dos cadenas radiales con orquestas fijas. Caracol con su emisora La voz de Antioquia tenía de director de orquesta a José María Tena. Pietro Mascheroní era el director de orquesta de La voz de Medellín que pertenecía a la cadena radial RCN. De esta manera se enriquece musicalmente la gente que habita en Medellín. El tango en la ciudad se constituyó como referente musical entre los años de 1930 a 1950, porque era la música predilecta del pueblo. Los tangos que más se escucharon en esta ciudad fueron los interpretados por José Borh: “Farolito” y “Son Cosas de la vida”. Los interpretados por Rosita Quiroga eran populares, pero los que más le gustaban a la gente eran los interpretados por Ignacio Corsini, entre ellos “El adiós” y “Sombras”. Estas canciones estuvieron de moda durante algún tiempo.

Posteriormente surgen las canciones de Carlos Gardel: “Tomo y obligo”, “Mano a mano” y “El día que me quieras”. Él había filmado cinco películas en New York entre 1934 y 1935. Como esto era novedoso para las personas que pudieron apreciarlas, se difundió de manera extraordinaria su música. En la década de 1940 surgen cantantes de todos los géneros y se escucha a Juan Arbizu, Joaquín Arias, Carlos Vieco, Gonzalo Vidal, Ortiz Tirado. También se escucha música de la región Andina, fox trots, operetas y zarzuelas, pero el tango continúa aún vigente en la ciudad tanguera”.

Quiero resaltar la influencia que ejerció el tango, asimilándose de tal manera que varios compositores de Antioquia entre ellos: Julio Erazo y Libardo Parra Toro, más conocido como Tartarín Moreira escribieron canciones para varios cantantes como Carlos Gardel y Agustín Magaldi”. Además en esta década se abrieron en el Valle de Aburra varios sitios donde aún se escuchan tangos, entre estos: El Patio del Tango en Medellín. El Torrente y el Viejo café en Bello. El Bar ATLENAL en Envigado.


El señor Aníbal Rojas, asiduo cliente del Bar ATLENAL desde hace treinta años y su propietario desde hace siete años. Coleccionista de música antigua pero en especial de tangos sostiene: --“Este bar ubicado en carrera 38 sur No 37-3, fue fundado en 1937 por el señor Ernesto Álvarez con el nombre de Don Quijote para escuchar tangos, aquí se ha escuchado esta música por tradición. Él lo vendió a otro propietario hasta terminar en manos del señor Arnoldo Urdinola, quien en 1965 le cambió este nombre por ATLENAL (Atlético Nacional). Urdinola lo conservó hasta el año 2000 cuando lo negociamos”.

Me llama la atención de este sitio que conserva la misma edificación desde su fundación en una ciudad donde la construcción esta en pleno auge. Está decorado con un antiguo piano y un mostrador de madera. En las paredes se exhibe las fotos de varios intérpretes de tango, afiches y objetos del Club Atlético Nacional.

Recuerda Don Aníbal: “Varias personas me han hablado de “EL Patio del Tango”, cuando estaba ubicado en un sótano en Junín entre Amador y Maturín. Las personas que lo conocieron afirman que se presentaban en este establecimiento los mejores espectáculos de tango de la ciudad. Su propietario era el señor José Aníbal Moncada, apodado el Gordo Aníbal, quien después de haber tenido otros negocios en varios sitios, estableció El Patio del Tango en el barrio Antioquia. No conocí este bar cuando estaba ubicado en el centro de la ciudad, pero he ido en varias oportunidades al Patio del tango del barrio Antioquia y conocí a su propietario El Gordo Aníbal, era un personaje de estatura mediana, contextura robusta, piel blanca y ojos claros. En varias oportunidades pude apreciar sus espectáculos de tango. Poseía una voz especial para hacer de maestro de ceremonias, se vestía con cachacos de colores llamativos para anunciar los números de los artistas”.

“La primera vez que visité El Patio del Tango, lo hice con un amigo de ambos. Observando la foto de Carlos Gardel me di cuenta de que estaba perforada, le pregunte que le había sucedido a este cuadro. El Gordo con una sonrisa en su rostro nos narró una anécdota que le sucedió cuando este negocio estaba ubicado en el centro de Medellín: “Cierto día apareció un hombre un poco ebrio, se paró en la barra y se tomó varios aguardientes y se emborrachó. Se acercó al escenario y sacó su revolver, le hizo dos tiros al cuadro de Gardel. Las personas que estaban en el negocio se tiraron al piso para protegerse. El borracho guardó su arma y le dijo a los concurrentes: “Tranquilos muchachos que este problema no es con ustedes, sino con Gardel”. Este hombre sacó unos billetes que lanzó al escenario y se marchó. El Gordo Aníbal jamás se deshizo de este cuadro, por el contrario, lo trasladó a los negocios que tuvo hasta parar en una de las paredes del Patio del Tango del barrio Antioquia”.

He apreciado en la literatura de nuestra ciudad que por aquellos años surgieron una serie de personajes que tuvieron que ver en el mundo del malevaje. Matones diestros en manejar los cuchillos. Estas situaciones se pueden apreciar en la novela “Aire de tango” del escritor Manuel Mejía Vallejo.

AL FIN UN FESTIVAL INTERNACIONAL DEL TANGO INVOLUCRA A TODAS LAS ESFERAS DE LA CIUDAD

Quiero resaltar ese hecho trascendental del pueblo antioqueño y es esa buena energía para difundir a las generaciones ulteriores la pasión por el tango. Como antecedente de este festival esta el enorme esfuerzo de la ciudadanía en anteriores años cuando se realizaron otros festivales. El Festival Internacional de Tango Ciudad de Medellín lo realizó La Secretaria de Cultura Ciudadana. Tuvo por objetivo difundir el tango y llevarlo a los lugares públicos para el gran número de habitantes que viven al margen de la vida cultural por sus dificultades. Se inauguró el viernes 22 de junio de 2007, en la carrera 45, en el barrio Manrique, en un negocio conocido como Palos Verdes. Esta vía se reconoce como el epicentro del tango. En este sector esta ubicada La Casa Museo Gardeliana, inaugurada en 1972. Su fundador es el Argentino Leonardo Nieto, un extranjero que se quedó viviendo en esta ciudad.

El señor Leonardo Nieto me confirmó la visita de algunas personalidades a la Casa Museo Gardeliana, entre ellas escritor Jorge Luís Borges. Cuando el escritor estuvo de gira por Medellín del 18 al 21 de abril de 1978, invitado por La Biblioteca Pública Piloto, se le realizó un acto de reconocimiento en este museo, ya que el escritor era un apasionado por los tangos, incluso interpretó algunos, pero sólo gustaba de aquellos que surgieron antes de Carlos Gardel, no le agradaban su melodías, ni aquellos interpretes posteriores a él. Estuvo en este establecimiento por varias horas, no le agradó la música de esa noche, pues de los tangos que el escritor solicitó sólo habían algunos y prefirió marcharse.

En la inauguración del festival participaron las orquestas Argentinas de Jorge Dragone y Los Reyes del Tango. Las orquestas colombianas: Luces de Buenos Aires, Fantasía Argentina y Neotango. Además de bailarines argentinos y colombianos. Un hecho trascendental para la historia del tango en nuestra ciudad fue que mientras se inauguraba El Primer Festival de Tango Ciudad de Medellín, uno de los más fieles seguidores del tango, el señor José Aníbal Moncada murió a las nueve y media de la noche. Cuando se confirmó la noticia de su fallecimiento, el secretario de cultura de Medellín: Jorge Melguizo informó la noticia al presentador para que la transmitiera al público. El animador pidió un minuto de silencio a los asistentes y más de veintiséis mil personas se negaron y por el contrario prorrumpieron en aplausos. El Gordo Aníbal estaba muy enfermo y sus setenta y ocho años dejaron huellas en su cuerpo, presentando varias complicaciones que le desencadenaron la muerte. Quiero Rendirle un justo homenaje, destacando que con su muerte, se nos fue un personaje que hizo historia del tango en Antioquia y en el país. Porque fue un apasionado por esta música y le rindió tributo durante toda su vida. Fueron muchas las generaciones que visitaron sus establecimientos, disfrutando de los mejores espectáculos y tangos que llegaron a Medellín.

Me parecieron de excelente calidad las presentaciones realizadas en este festival, más de cuarenta espectáculos que incluyeron: maratones de tangos y milongas, exposiciones, conciertos, ballet, cantantes, tablados, bailarines. Gabriel Soria Vicepresidente de la academia de tango y productor del canal Solo Tango llegó a la ciudad con una delegación de treinta personas entre las que se encontraban músicos, bailarines y cantantes entre otros. El público las disfrutó y además hizo acertados comentarios sobre las maratones de baile y el concurso: “La Voz del Tango” ya que la asistencia fue masiva.

Algunos de los espectáculos que me llamaron la atención tanto por su calidad como por la afluencia de público fueron: El sábado 26 de junio se dieron clases gratuitas de baile de tango en varios parques y espacios públicos de la ciudad: Manrique, Aranjuez, La Milagrosa, Campo Valdés, Villa Hermosa, Boston, El Poblado, La Floresta y el corregimiento de Santa Elena entre otros.

Ese mismo día se presentó en el teatro Metropolitano el intérprete de tangos Sergio Bermejo, conocido como Malevo, quien es llamado El padre del tango electrónico. Por tal razón se le considera el heredero de Piazola. Varias personas que apreciaron este espectáculo tienen opiniones encontradas sobre el nuevo tango. El señor Martín Puentes, secretario de la Asociación Gardeliana de Colombia, con sede en La Casa Cultural del Tango Homero Manzi, sostiene: “El tango que interpreta Malevo ha perdido la esencia, ya que el tango electrónico no va bien con el tango tradicional”. El cantante y conocedor de tangos argentino Luís Ferrer considera:”El tango electrónico no ha perdido su naturaleza. Hay público para todos los gustos, no hay que ser intransigente y pegado a lo tradicional. En Argentina se esta haciendo un nuevo tango para esta generación. El tango tradicional se ha quedado en Colombia, Perú y Chile. La idea de que la gente se quede con lo antiguo no es más que una estrategia empresarial para que sólo se escuche lo que ya esta grabado y no se contraten nuevos cantantes y orquestas”.

Me pareció acertado por parte de los organizadores, el justo homenaje que se le hizo a Carlos Gardel, el domingo 24 de junio a las cuatro p.m. en el aeroparque Enrique Olaya Herrera. Participaron en este evento los Argentinos Roberto Ayala, Hugo Marcel, José Luís Rocha, Mabel Aguilar y los colombianos David Gutierrez, Alexis Trejos y Ada Román, además de orquestas y bailarines argentinos y colombianos. Los asistentes disfrutamos como nunca la calidad de las parejas de baile y los cantantes que con sus extraordinarias voces rememoraron al Zorzal.

Uno de los espectáculos que más disfruté fue la presentación de El Ballet Folclórico de la Republica de Argentina, realizada el lunes 26 de junio, en el Teatro Pablo Tobón Uribe. Rescato la forma como este ballet se ha dedicado al estudio de las obras del folclore tradicional y costumbrista de Argentina. Sus directores son Alba Rodríguez y Alejandro Mendoza. Esta función se dividió en dos partes. En la parte inicial presentaron un complejo repertorio de las danzas más representativas de Argentina: gato, zamba, chacarera, escondido, malango con facón entre otras. En la segunda parte presentaron un performance de la evolución del tango, desde sus inicios hasta alcanzar un alto pedestal en los salones de la burguesía y difundirlo en varios países europeos y el Japón entre otros, donde han surgido excelentes orquestas y cantantes de este género musical. Finalizó la función con la presentación del rítmico baile de zapateo. Quiero resaltar el extraordinario manejo de las luces, de gran impacto visual que dieron los cambios de tonos a los trajes de los bailarines y sus acompasados ritmos que impactaron a los espectadores, quienes les otorgaron un merecido aplauso a los artistas.

Creo que una de las presentaciones que más defraudó a los espectadores fue la que realizó Daniel Melingo, el miércoles 27 de junio en el teatro Metropolitano. Su orquesta interpretó unas milongas de tonos lúgubres que fusionan composiciones propias y ajenas, inspiradas en el Buenos Aires contemporáneo. Esta velada no llenó las expectativas ya que el público de Medellín no esta acostumbrado a esta variedad de tango. El señor Martín Puentes sostiene “Esta clase de tango no gusta por el momento en Medellín, más de la mitad del público se retiró antes de terminar la función.

El jueves 28 de junio se presento en el teatro Pablo Tobón Uribe una función de tango sinfónico de La orquesta filarmónica de Medellín. Bajo la dirección de Diego Ospina interpretaron arreglos de los tangos tradicionales: “Volver”, “El día que me quieras”, “Cuartito azul”, “Adiós muchachos”, “Adiós Nonino” de Piazola entre otros. Hernando Velásquez, músico egresado de la Universidad de Antioquia, opina: “El tango sinfónico en general estuvo bien, tanto desde el punto de vista interpretativo como en el los arreglos que se hicieron de estas obras. Lástima que no hubo interpretaciones a nivel vocal, sino solamente instrumental”. Considero que esta fue una extraordinaria presentación para aquel público amante del tango clásico. El teatro se llenó y los asistentes hicieron acertados comentarios de la función.

Creo que lo que definitivamente, motivó al público medellinense a participar y asistir masivamente al festival fueron las excelentes presentaciones brindadas por las parejas de baile de tango, tanto de escenario como de salón. En la maratón de tango que se realizó el viernes 29 de junio en el pasaje Carabobo, entre las cuatro de la tarde y las dos de la madrugada, participaron 97 parejas, de las que se seleccionaron 24 para la final del campeonato que se realizó el domingo 1de julio en el Cerro Nutibara, en el teatro al aire libre Carlos Vieco. Concluyó con la elección de los ganadores de las dos modalidades. Los finalistas del campeonato de parejas en la categoría Tango Salón fueron: primer puesto: Diego Benavides y Natacha Agudelo. Segundo lugar fue para la pareja de Marcelo Mesa y Laura Isabel Vargas. Tercer puesto: Augusto Giraldo y Natalia Restrepo. Se otorgó una mención especial para Mauricio Londoño y Natalia Restrepo. Categoría Tango Escenario: Primer puesto: Adelaida Mejía y Jhon Alexander Blandón. Segundo puesto: Cristian López y María A. Sánchez. Tercer puesto: Natalia Pérez y Mauricio Galarzo. Mención de honor para Byron Torres y Vanesa Hortúa. El cantante Luís Ferrer opina “El nivel de baile de las parejas fue excelente y brindaron a los asistentes un buen espectáculo”.

La final el concurso. “La voz del tango” se realizó el sábado 30 de junio en el cerro Nutibara. Los ganadores fueron: primer puesto: Juan David Gutiérrez. El segundo puesto lo ocupó Juan Sebastián Gutiérrez. El tercer puesto: Stella Tobón. Resalto la calidad de las voces de los participantes que brindaron lo mejor a un público deseoso de escuchar nuevos talentos. Las eliminatorias fueron reñidas y fue justa la elección de los jurados al escoger estas prometedoras voces. Aunque algunos participantes entre ellos Luís Ferrer no estuvieron de acuerdo con dicha elección, argumentando que no favoreció para nada la distancia con la que el jurado apreció a los participantes.

El festival se clausuró el lunes 2 de julio con la premiación a los participantes. El señor Martín Puentes, sostiene: “Es la primera vez que en Medellín se realiza por Acuerdo Municipal El Primer Festival Internacional del Tango Ciudad de Medellín. A este se le puso ganas y aunque se habían realizado otros festivales, no tuvieron la trascendencia de este, por dos razones: la primera fue por su organización. Los espectáculos fueron masivos y las actividades programadas se realizaron para la comunidad que quiso hacerse presente, se motivó a las nuevas generaciones a involucrarse con el tango e invitar a los mayores para rememorar la música que escucharon en su juventud. En segundo lugar porque se logró garantizar la continuidad de este festival que pasará a la historia”.

Resalto el compromiso de los organizadores de este festival, se presentaron una variedad de espectáculos en Medellín, la ciudad de los contrastes, la prisa, la violencia, la indiferencia y las conquistas. Sus habitantes se olvidaron por unos días de su problemática y se dieron cita en este festival, asistieron masivamente a los espectáculos programados. La gente disfrutó de los parques, centros comerciales, recintos, plazoletas y bares entre otros y se les rindió un merecido homenaje a los principales promotores del tango en esta ciudad: Hernán Caro, Leonardo Nieto, Aníbal Moncada y Jaime Jaramillo Panesso.

Agradeciendo a las personas que hicieron posible esta crónica y aportaron sus testimonios.

Septiembre 27 de 2007

Noche de Tango en el Ateneo






El pasado 10 de octubre el Comité de Tango de Medallón, efectuó una velada para darle un saludo y un brindis a la candidatura para el concejo a JohnFredy Toro. Se proyectó una película y cantaron Jenny Lorena Restrepo, Alexis Trejos, David Gutierres y Wilson Vélez.
Fotografías de Verónica Ramírez








































domingo, 7 de octubre de 2007

Octubre 10 en el Ateneo encuentro de Tango





Reunion en el Homero Manzi del Comité de Tango de la ciudad, con el concejal John Fredy Toro, hace unos días.
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El día 10 de Octubre, miércoles, a las 7 y 30
de la tarde, habrá un encuentro con
John Fredy Toro y la gente de tango en
El Ateneo Porfirio Barba Jacob






Delegación colombiana de tango en Buenos Aires


En esta fotografía Wilson Vélez realiza gestiones con el Plenario de la Academia Nacional del Tango ( dedicada a ciertos tangueros)




Wilson Vélez y Delegación de Bailarines de Medellín .



Delegación de Medellín en la Academia Nacional del Tango.



Wilson con Diego M. Rivarola, Director para Latinoamerica de la Cumbre Mundial del Tango.

domingo, 2 de septiembre de 2007

Notas de Bandoneón


Manos en el fuego


Notas de Bandoneón

Jaime Jaramillo Panesso

El símbolo de la música ciudadana es el bandoneón. Mejor dicho, el tango se distingue por el bandoneón, un instrumento musical aerófono, portátil, que suena gracias a un fuelle de cartón plegado, revestido de papel. El bandoneón se ejecuta con las dos manos que accionan sobre botones situados en ambos extremos del instrumento, extremos donde están sendas cajas armónicas y en cuyo interior vibran, por la presión del aire, un conjunto de lengüetas metálicas.

Los bandoneonístas profesionales utilizan el bandoneón acromático que emite distintos sonidos según entre o salga el aire, es decir, cuando el fuelle se amplía o encoge, alternativamente. El bandoneón cromático da una misma nota al abrir o cerrar el fuelle. El modelo estándar de bandoneón tiene 71 botones en total, 38 de ellos situados en el lado derecho que corresponden a los cantos o notas principales temáticas. Y 33 botones al lado izquierdo pertenecen a los bajos. Las cajas armónicas están construidas con maderas preciosas como haya o pino abeto y enchapadas con maderas finas como abedul o jacarandá. Generalmente son negras, con incrustaciones de nácar. Pero también existen bandoneones marrones, amarillos y blancos, estos últimos denominados “lecheritos”. Los ángulos de las cajas terminan ochavados y adornados con una lira. Los ejecutantes se ajustan a las manos un tipo de correas que están en la parte media de las cajas y los dedos quedan sueltos para presionar los botones. La entrada y salida del aire están reguladas por una válvula situada en la caja derecha.

El bandoneón es de origen alemán, pariente de la concertina y el acordeón. Su primer fabricante en l864, Alfred Arnold quien marcaba su producción con las letras “AA”, doble A. De allí que Piazzolla haya denominado uno de sus tangos de la misma manera. Arnold murió en 1933 y la tarea continuó en manos de su hijo Ernest quien perdió la fábrica en 1949 por expropiación del régimen socialista para ponerla a producir bombas para motores diesel. En Argentina intentó producir bandoneones Luis Mariani, pero el matrizado de las voces, es decir, de las notas precisas del instrumento, lo sacó de la producción.

Los ejecutantes del bandoneón lo hacen sobre sus muslos, sentados en una silla. Para evitar el deterioro de sus pantalones, los cubre con una manta de terciopelo. Otra forma de hacerlo sonar es en posición de pies o erecta, pero apoyando la pierna izquierda flexionada en una silla.

Probablemente el bandoneón llegó al puerto de Buenos Aires a finales del siglo XIX en la maleta de algún marinero alemán, cuando el tango primitivo, en su nacimiento, se interpretaba con violín, arpa o guitarra y flauta. Después de los primeros tríos, poco a poco se fue conformando la orquesta típica con el bandoneón, el piano y los cantores de estribillos, pues el tango con letra completa o tango canción, solo llegó en l917 con Gardel. Pero el tango venía de una evolución desde el surgimiento en l880 aproximadamente.

Entre los bandoneonístas precursores se destacan, por allá en los años de la vieja guardia, José Santacruz, el “Pardo” Sebastián y Ciriaco Ortiz. En la camada del treinta se destacan Pedro Maffia, Pedro Laurenz y Gabriel Clausi, “El Chula” que aún digita. En los cuarenta Aníbal Troilo, “Pichuco”, Julio Ahumada, Juan Sánchez Gorio y Héctor Varela. Una tradición que va en manos de la vanguardia y que continuaron el extinto Astor Piazzolla, renovador del estilo, Rodolfo Mederos, Leopoldo Federico, Osvaldo Ruggiero, Armando Pontier, Eduardo Rovira y muchos más. Cuando los dedos de un bandoneonista se posan sobre los botones del instrumento quejoso y sentimental, corre un río de notas que penetra en el alma de la ciudad.



lunes, 20 de agosto de 2007

EL FÚTBOL Y EL TANGO: DOS SENTIMIENTOS, UNA SOLA PASIÓN











EL FÚTBOL Y EL TANGO:
DOS SENTIMIENTOS, UNA SOLA PASIÓN

Gonzalo Medina Pérez,
PERIODISTA Y PROFESOR DE LA UNIVERSIDAD DE ANTIOQUIA.

El fútbol y el tango han recorrido caminos similares en su proceso de reconocimiento, comenzando por su origen y terminando por los escenarios en los cuales han recibido su carta mundial de ciudadanía.

Esta relación se ha ratificado en el caso del ambiente argentino, en donde uno y otro han crecido de la mano, enfrentando carencias y resistencias pero a la vez prodigando alegrías, sobre todo entre los miserables concentrados históricamente en el sur de Buenos Aires, el mismo sur en el que se han inspirado poetas como Homero Manzi.

Mientras que para algunos el tango es un sentimiento triste que se baila, para escritores como el uruguayo Horacio Ferrer, el tango “ es eso que provoca un clavel en mi solapa cuando no tengo ni para claveles, y voy a verte”; “en lo alto de los andenes una paloma se muere del todo por ése que muere un poco esperando a quien no llegó. Creo que eso es tango, querida”; creo que el náufrago en la ciudad, pero el náufrago de mayor aliento”. Y añade Ferrer que el tango no es triste sino serio “porque lo dice el alma en todos sus tonos, aunque siempre el alma con un rastro de re menor en clave”.

El fútbol, por su parte, también ha inspirado a distintos intelectuales, como por ejemplo a André Malraux, para quien este deporte es la expresión de un sentimiento a través del movimiento; hablando de Argentina, el periodista Dante Panzeri dijo que el fútbol es la dinámica de lo impensado, en alusión al talento y la creación que se requiere para practicarlo con sentido estético. Y no podemos olvidar la definición de un ex futbolista argentino, campeón mundial con su país en 1986, autodidacta por excelencia, escritor, como es Jorge Valdano: “el fútbol es un campo de batalla atravesado por la cultura”.

Estamos, pues, ante dos acumulados sociales, culturales y políticos de los cuales se sienten orgullosos los argentinos, sobre todo porque les han permitido afianzarse como nación en el contexto mundial.

Pero como esta charla es más para escuchar música que para disquisiciones trascendentales, vamos a comenzar presentándoles la voz de quien suscita toda esta actividad académica y cultural, luego de su muerte trágica hace 71 años en nuestra ciudad: Carlos Gardel. Él grabó temas relacionados con el fútbol, además de “Patadura”, cantó “Mi primer gol”, una suerte de analogía entre el amor y algunas situaciones propias del fútbol:

INCLUIR LETRA 164,
1. MI PRIMER GOL. . XXX CD. CORTE 13.

Entre sus diversas grabaciones, Alberto Gómez le hizo un homenaje a Herminio Masantonio, delantero de Huracán, el equipo del barrio Parque Patricios, el cuadro “del globito”, como también es conocido por el distintivo que lleva en su escudo, en homenaje a Jorge Newbery, aquel aventurero que viajó en un globo y nunca más volvió a saberse de él. Este tango se titula EL MORTERO DEL GLOBITO, dedicado a exaltar la potencia del disparo de Masantonio.

LEER TEXTO DE EL GRÁFICO
2. EL MORTERO DEL GLOBITO. CD. CORTE 2.


La historia latinoamericana muestra que muchos de nuestros mejores deportistas nacen en ambientes humildes y llenos de carencias, incluso de una pelota de fútbol. Por eso tienen que improvisar una con papel o con trapo. Esa práctica se lleva a cabo en el ya famoso potrero. A ese entorno de sabor rural pero metido en la ciudad, le canta el futbolista profesional, recordando sus inicios en ese espacio mágico. Roberto Ray interpeta el tango que escucharemos a continuación; su título Potrerito.

INCLUIR FRAGMENTO LIBRO SASTURAIN PAG.71.
3. POTRERITO. LADO 1 CASETTE 1. CD. CORTE 3.

La escena transcurre en un bar o boliche de cualquier barrio de Buenos Aires – pero igual puede suceder en otra ciudad latinoamericana -.Un grupo de amigos se reúne después de un partido de fútbol para comentarlo y para dar rienda suelta a sentimientos de rabia, tristeza, frustración o alegría por el resultado o por lo que no pudo ser. Pero uno de esos hinchas está pensando en algo muy distinto, algo que sólo sabe su propio corazón. El tango lo canta Raúl Berón con la orquesta de Miguel Caló, y se titula Domingo a la noche.

INCLUIR LETRA PAG.163.
4. DOMINGO A LA NOCHE. XXX. CD CORTE 4.



El triunfo y la derrota son situaciones inherentes a la vida de los seres humanos, más allá del ámbito deportivo. Por eso una de las grandes contribuciones pedagógicas del deporte es la de preparar a los niños y a los jóvenes para saber asimilar una y otra posibilidad.

En la marcha que escucharemos seguidamente, Fernando Díaz, con la orquesta de Francisco Lomuto, nos canta “La canción del deporte”, haciendo un poco más de énfasis en lo que para él es una divisa: “vencer o vencer”.

5. LA CANCIÓN DEL DEPORTE. CD. CORTE 5.


Todos conocemos bien lo que fue la migración italiana hacia Argentina y por ende lo que ha sido la influencia social, cultural, económica y política ejercida por los llamados “tanos” en el país sureño. Pero pocos nos preguntamos por la relación inversa. Eso es lo que nos cuenta “El rey del lunfardo”, Alberto Echagüe, en el siguiente tema, un tango en el que también se habla de las cebollitas de potrero que después triunfaron en Italia, vistiendo incluso la camiseta celeste de ese país, como Monti, Scopelli y Orsi, entre otros. La orquesta es la de Juan D´Arienzo.

FRAGMENTO LITERARIO ALBERT CAMUS PAG.77.

6. CEBOLLITA DE POTRERO. CD. CORTE 6.

Nos atrevemos a afirmar, partiendo de lo que es de dominio público, que el tema que mejor resume la relación tango – fútbol, es “El sueño del pibe”, cantado por el uruguayo Enrique Campos.

En esta ocasión queremos presentarles la segunda parte de esta historia, cuando el pibe ya es un ídolo y realiza su sueño de triunfar. Se titula “La realidad del pibe”, interpreta el cantante Pepe Aguirre.:

INCLUIR LETRA PAG.167.
7. LA REALIDAD DEL PIBE. CD. CORTE 7. XXX


Astor Piazzolla es un nombre que suscita reacciones disímiles entre los amantes del tango, sea que hablemos de espíritus ortodoxos o de mentes abiertas a nuevas elaboraciones.

Piazzolla grabó un disco de tangos alusivos al fútbol, con motivo del Mundial de Argentina 1978. Extractamos uno de esos temas, el cual por su ambientación y por el desenvolvimiento musical nos remite a la novela del alemán Peter Hanke, “El miedo del arquero al penalti”, una suerte de analogía entre el miedo que siente el delincuente de ser descubierto y el pánico que enfrenta el portero ante la pena máxima. El detalle sobresaliente en la novela de Hanke es que delincuente y arquero son la misma persona.
Les presentamos el tango orquestado “Penalti”, interpretado por Astor Piazzolla.

FRAGMENTO LIBRO 220
8. PENALTI. LADO 1. CASETTE LADO A.


Un niño agoniza en un hospital, víctima de una enfermedad incurable. Sabedor de su situación, él sólo piensa en su última voluntad: tener una pelota de fútbol, después… podrá morir tranquilo. La historia tiene unas glosas de Roberto Ray y la voz cantante de Tita Duval. Vale la pena precisar que esta versión, adaptada a la realidad colombiana, fue grabada en Medellín, aprovechando que para ese momento Tita y su esposo residían en la capital antioqueña.

FRAGMENTO LIBRO – LUIS TEJADA-. PAG.74.
9. LA #5. CD. CORTE 9. XXX

De los equipos argentinos que más pasión despiertan, sobresale Boca Juniors, perteneciente al famoso barrio porteño fundado por inmigrantes xeneizes. Resultado de ellos son los numerosos tangos que han sido creados para exaltar los colores azul y amarillo del club de La Rivera y rendirles homenaje a sus ídolos. De José Berra y Merlo, el tango “Muchachos, yo soy de Boca”, con la voz de “El Tata” Floreal Ruiz y la narración del gordo José María Muñoz.
LETRA PÁGINA 169.

10. “MUCHACHOS, YO SOY DE BOCA”. CD. CORTE 18.XXX

Letras, pases, notas, gambetas, acordes hacen parte del mundo que han compartido el tango y el fútbol y por extensión quienes vibramos con el arte, sea éste expresado en una cancha o en un teatro, sea protagonizado por músicos de frac o por intérpretes de uniforme. Tanto el tango como el fútbol siempre nos darán la posibilidad de congraciarnos con la vida, sobre todo cuando las amenazas son de tormenta. Muchas gracias.

jueves, 12 de julio de 2007

Aire de tango, el musical




Aire de tango, el musical

Una obra que se inspira en el Guayaquil del siglo pasado.


Muerte-vida-muerte es la estructura circular del musical.
Reportaje gráfico de
Marú Vélez
Diplomada de reportería gráficaYurupary-


Dentro del pecho pide rienda el corazón. ¿Amor? Amor son ganas...".
Aire de Tango, la Revista Musical, inspirada en la novela homónima de Manuel Mejía Vallejo, llevada a las tablas por los familiares del desaparecido autor antioqueño: Dora Ramírez, la suegra; Dora Luz Echeverría, la esposa y María José y Adelaida Mejía, las hijas, es el resultado del ambiente artístico y los temas que han obsesionado a ese clan relacionados con la cultura paisa.
La revista musical, fiel a la obra literaria, da cuenta a través del baile, la música y la puesta en escena de la cosmovisión que se desarrolló en el Guayaquil del siglo pasado, donde el tango y la muerte trágica de Carlos Gardel, en l935, en Medellín, marcaron de alguna manera la identidad individual y colectiva de los colombianos.
Fue un momento en el que el desarrollo atrajo a hombres y mujeres del campo que se vincularon a la vida de la ciudad como obreros, o en otros oficios: en el servicio doméstico o en el mundo oscuro de la prostitución. Más tarde fue otra cosa: a mediados del siglo XX la violencia obligó a los campesinos a migrar hacia un contexto urbano donde la poética de los tangos resumió su desarraigo, su desesperanza, toda la soledad que encontraron.
El musical tiene una estructura circular muerte-vida-muerte. La obra inicia con el accidente de Gardel y el nacimiento de Jairo y termina con el homicidio de éste, un personaje seductor, un bailarín que las mujeres se disputan, que es violento y peleador, respetado por todos y por el cual, con su muerte, Guayaquil se desintegra. La presencia del licor proyectada en un telón de fondo es integrada a la narrativa cuando se marcan 13 puntos de cambio en las escenas con una copa de aguardiente que se toma, cada vez, Ernesto Arango, personaje y narrador en off, el gran amigo y asesino de Jairo.
El contraste de los elementos artísticos están a disposición de la dramaturgia que desarrolla el musical. La tragedia y la fiesta; el tango tradicional contrapuntea con el del gran Astor Piazzolla; el sincronismo de las parejas de baile también lo hacen con la libertad y la "improvisación" de la danza contemporánea; la puesta en escena (donde se recrean en cinco cuadros situaciones típicas de Guayaquil), con proyecciones de video que complementan la información, o con las fotografìas de Gardel, las cuales ha coleccionado Jairo, intentando buscar en ellas su propia identidad como en un espejo, semejante al de los bailarines antes de salir al escenario para seducir a los espectadores con la recreación de la vida del arrabal.
Tal como sucede en la novela, la música aporta a la narración y se mete en las historias de tangos conocidos como Cambalache, Muñeca Brava, Cristal, Tengo el Corazón Hecho Pedazos, la Última Curda, Piazzola, y otras varias milongas. Pero también con salsa, boleros, habaneras o "Il adagio di Albinoni", al inicio del espectáculo, que hace de la muerte de Gardel y el nacimiento de Jairo un momento inolvidable y conmovedor.
"Jairo nació el día donde allí, en el aeropuerto, se tostó Carlos Gardel, como si quisiera asomarse a ver el choque. Tal vez porque decían: "murió Carlitos, naciste vos", le cogió rabia y queredera a esto de tangos y milongas. Desde patojo se las aprendió, era dicha de las tías verlo en arranques de guapo a destiempo. Hasta que un tío homosexual y trasnochero le dejó un cuchillo (...) y a los cuchillos se aficionó. Me parece verlo... "Vean, se mete uno a guapo y hay que seguir de guapo si es guapo, o sostener la cana si no lo es...".
Para Dora Luz Echeverría, la directora general de la Revista Aire de Tango, quien vivió la concepción de la novela, "...el musical se desenvuelve en un continuo musical, el cual es escénico a través de montajes coreográficos enlazados entre si, en cinco cuadros temáticos: Jairo y las mujeres, lo íntimo; Jairo y los hombres, la cantina; el desafío; la serenata; y el fin; cuadros que introducen al espectador en un mundo lleno de pasión e intensidad, que hablan de un Medellín pasado, un Medellín de recuerdos, pero también de un Medellín presente que mantiene la fuerza de la vida por encima de todo...".
Al terminar la función se tiene la impresión de haber vivido una noche en el Guayaquil de Jairo, Ernesto Arango, Pascasio, La Cachorra, Chelito, de La Muñeca Brava y de Juana Perucha, "la madame", cuyo suicidio, según María José Mejía "...al igual que la muerte de Jairo y Pascasio anuncian el destino del barrio y de su gente...".
Y nos vamos con el tango que concluye la novela y que escucharon ellos: "... Voy a meter en el piano la última moneda, que Gardel cante mi última canción: "Sentir que es un soplo la vida..." .


(El Colombiano 12 de julio 2007)

viernes, 6 de julio de 2007

El patio sin Aníbal

Manos en el fuego


El patio sin Aníbal


Jaime Jaramillo Panesso


Aníbal se llamaba. Le decían El Gordo, pero no era gordo de grasa, sino que estaba relleno de tango. Había pescado esta musical enfermedad durante su juventud, cuando apareció la pandemia. Como nunca ha existido vacuna para la tanguedia, al Gordo le ocurrió todo lo contrario de Alberto Aguirre, ese del pelo descachalandrado que escribe en una revista de fruslerías bogotana. A Alberto se le ralló el disco y lo intoxicó. Entonces se tornó alérgico delirante. Al Gordo lo reformó de su vida pasada y lo puso a vivir del tango, que ya había sido policía y carnicero.

Si esos iniciales oficios hubieran acicateado la inteligencia del jericoano Moncada, es muy probable que no desembocara en esa tormentosa bohemia de sus clientes y otras veces en la del propio Gordo. Uno de ellos fue otro jericoano de “nacencia”: Manuel Mejía Vallejo. Para que su amor por El Mudo Gardel prosperara, instaló una cantina con el nombre de Patio del Tango, primero en la frontera con el Barrio Guayaquil y luego la trasladó al Barrio Antioquia (dizque Barrio Trinidad, rebautizado así por concejales conservadores para tapar la metida de pata de haberlo declarado antes “Zona de Tolerancia” sexual). Allí Aníbal se asentó con toda su familia a trabajar el duro arte combinatorio de cantinero y jefe de cocina, con especialidad en carnes de corte argentino, como el churrasco a lo Moncada de 750 gramos, jugoso y limpio.

El Gordo montó El Patio del Tango a partir de su condición de “pater familias”. Allí laboraban su esposa, sus hijas, los maridos de estas, los nietos y llegó hasta el círculo de los biznietos, amén de los artistas cercanos a su corazón de empresario ad hoc y padrino, como Armando Moreno y Luís Correa. De tal manera que conformaba un todo residencial con hospedaje para cantores y músicos del género y las tres generaciones de Moncadas y moncaditas, todos ellos viviendo con “los cosos de al lado”.

Aníbal tuvo comunicación directa y extrasensorial con San Romualdo, forma piadosa como llamaba a Gardel. En cierta ocasión cayó enfermo con la mitad de su cara paralizada, impedido para cantar y para hablar, dirigió sus oraciones a San Romualdo y lo curó. En otra oportunidad una nube oscura y sin agüeros se vino encima de la tarima de los artistas que, esa tarde en la plaza de Andes, presentaban un espectáculo musical. Nadie dudaba de que caería el chubasco a la hora inicial del acto, ni el alcalde dudaba siquiera. Pues el Gordo habló secretamente con su ángel protector, Carlitos Gardel, y la nube se fue a llorar a otro paraje. En resumidas cuentas, Aníbal Moncada pudo justificar plenamente el altar que, en junio, precedía la conmemoración de su santo.

Complementó su formación todera con la fonomímica de cuenta chistes y música mexicana, para lo cual solía usar un inmenso sombrero charro. Pero dos actividades centraron su dedicación: cantar tangos y milongas y bailar los mismos géneros. Ese trasegar en la música ciudadana le permitió viajar en varias oportunidades a la Argentina, y al regresar, dar cátedra a los demás tangueros, a promocionar a sus ahijados cantores, hijos de figuras populares como los señalados atrás, pero inferiores a sus modelos paternos.

Sentarse a la mesa con el Gordo Aníbal era mirar la época violenta del barrio y su visión de los pandilleros, conversar sobre temas musicales o de la política local y verlo hacer gárgaras con el aguardiente puro, para descrestar a los contertulios. Sabemos que varios clientes dejaron vales firmados, deudas pendientes. Paguen. No ocurra que junto a sus nuevos compinches de milonga celestial, venga a cobrar el vento que le deben.