jueves, 6 de diciembre de 2007

El día mundial del tango



Manos en el fuego

El día mundial del tango

Jaime Jaramillo Panesso

El tango es una manifestación cultural de las ciudades rioplatenses, Buenos Aires y Montevideo. Después de su nacimiento hacia 1880, se consolidó explayándose por todo el mundo, no solo en los países hispanoparlantes, sino en todas las comunidades que lo apreciaron como una música, una danza y unas letras acogedoras y entrañables, algunas teñidas de lunfardo, ese léxico de barriada y de avería que se transformó, a los pocos años, en coloquial y popular. Luego de triunfar en las grandes capitales y de canalizar su expresión artística por los nuevos medios de comunicación de entonces, el cine y la radio, los tangueros clásicos bonaerenses acuñaron el 11 de diciembre de cada año, como el Día Mundial del Tango, aunque en su comienzo el primer círculo se circunscribió a una conmemoración nacional.
El Día Mundial del Tango comenzó por una propuesta de la Asociación Gardeliana Argentina y del editor Ben Molar en 1977, la cual se plasmó en una manifestación administrativa del intendente o alcalde de la ciudad de Buenos Aires, para luego ser acogida por las organizaciones que promueven el goce y el conocimiento de la música ciudadana en otras latitudes. La justificación para la fecha citada está en que el cantor emblemático Carlos Gardel y el compositor, violinista y maestro Julio de Caro nacieron en 1890 y 1899, respectivamente, pero ambos el 11 de diciembre.
De Gardel es necesario aclarar que aún sigue siendo parte del debate su lugar de nacimiento y aún la fecha misma, puesto que el artista creó un manto sutil de misterioso encanto alrededor de sus orígenes, posiblemente por lo oscuro de su nacimiento que bien pudo ser en el Uruguay, ciudad de Tacuarembó e hijo extramatrimonial del coronel Escayola. O, como suele afirmarse en la historia “oficial”, su nacimiento ocurrió en Toulouse, Francia, con los mismos signos de padre desconocido. Lo irrebatible en la vida de Gardel es su muerte, así suene crudo, pues no hay lugar a dudas que ocurrió en Medellín, el 24 de junio de 1935. Desde la tanguedad, Gardel será el gran pionero del género que, como dicen sus admiradores, “cada día canta mejor”, lo cual es cierto por la técnica aplicada a sus viejas grabaciones que la remozan y embellecen.
Julio de Caro es otro asunto. Su perfil de violinista, compositor, director y arreglador lo proyectan como una de los grandes reformistas del género tanguero. Su aporte estético y sus renovadoras concepciones musicales lo sitúan como creador de una escuela, la escuela decareana. Como intérprete del violín se codeó con los más notables de la década de los años veinte y treinta del siglo XX, como Vardaro y Puglisi. Famoso por ejecutar el violín corneta, instrumento compuesto por un violín al cual se le agregaba una especie de bocina o cornetín, similar al de las victrolas, pero de menor tamaño, con el fin de amplificar las notas. Julio de Caro conformó un sexteto con sus hermanos, donde cumplió su papel de director y compositor de gran talento, aunque también hizo parte de otros conjuntos similares como las orquestas de Fresedo y Juan Carlos Cobián. Escribió un extenso libro, El tango en mis recuerdos, fuente importante para investigadores y estudiosos. Los tangos que mejor lo representa son Boedo, Tierra Querida y Mala Junta. Murió el 11 de marzo de 1980.
Así que los 11 de diciembre de cada año el mundo del tango remarca su compromiso musical, sentimental y estético con la más depurada expresión popular de América Latina, aunque entre nosotros haya perdido fuerza, no solo por la avalancha de la denominada música internacional, sino, además, por la labor conservadora de muchos cantantes y promotores barriales de la música ciudadana que se quedaron mirando al pasado. No ocurre lo mismo, como paradoja, con los hombres y mujeres que bailan. Son los jóvenes danzarines que alcanzan inclusive premios internacionales y que están obligados a comprender la historia, los compositores, los poetas en el tango, para que la cultura del género pase de los pies a la inteligencia argumentativa.