miércoles, 13 de junio de 2012

RICARDO OSTUNI y ORLANDO MONTENEGRO ROLÓN






RICARDO OSTUNI,

poeta argentino, historiador y ensayista de tango, en entrevista concedida a

ORLANDO MONTENEGRO ROLÓN,

mayo 15/2011

(Entrevista publicada inicialmente en la revista MELÓMANOS DOCUMENTOS, número 54, Director editor Orlando Montenegro Rolón, Cali julio-septiembre/2011)



OMR: Aprovechando que usted, en el próximo mes de junio de 2011, vendrá a Medellín a dar varias conferencias sobre tango, cuéntenos qué sabe usted sobre el tango y los estudiosos del tango en Colombia.

RO: Colombia, aún desde antes de la tragedia de Medellín, fue una buena plaza para el tango. En general toda Latinoamérica recibió bien la presencia del tango y sus cultores pero Colombia se ha destacado –tal vez junto con Cuba- por una mayor devoción. Es obvio que la circunstancia trágica de la muerte de Gardel en suelo antioqueño, le agregó un ingrediente de mayor interés y por eso nos encontramos con estudiosos, como Luciano Londoño López, que conocen tanto y más que nosotros mismos sobre la genética y la esencia tanguera. En mayo de 2.010 tuve el privilegio de prologar, junto con Luciano Londoño, la novela de Ricardo León Peña-Villa, Gardel vive en Guarne, una obra de ficción irreprochable en lo literario-narrativo que es un testimonio más de cuánto significa aún Gardel para los tangueros colombianos.



OMR: Creo que no hay nada mejor, para iniciar, que pedirle nos hable de la obra suya que más polémica ha causado desde su publicación.

RO: Mi obra más polémica ha sido la que publiqué en 1.994 “Repatriación de Gardel”, que es una investigación sobre el verdadero origen del cantor, y sobre la cual Luciano Londoño hizo una reseña que apareció en 1.996 inicialmente en el periódico EL COLOMBIANO, de Medellín, y luego en 1.997 la publicó en la revista norteamericana Latin Beat Magazine y posteriormente en Buenos Aires en la revista Club de Tango, que dirigía y editaba el inolvidable amigo Oscar B. Himschoot.

En ella Luciano Londoño dijo: Ricardo Ostuni “En su libro Repatriación de Gardel (…) hace literalmente polvo la "historia oficial" sobre Carlos Gardel, demostrando que de ninguna manera el máximo cantor de todos los tiempos fue el pretendido francés nacido en 1890.

"Nadie, seriamente, puede sostener como verdad inconmovible que Carlos Gardel nació en 1890", señala en su libro, para agregar que "son demasiadas constancias que presumen una fecha muy anterior a la que surge del acta de Toulouse".

“A su juicio, "El Mago" es criollo de origen y pese a que no afirma terminantemente la nacionalidad uruguaya, en su libro la referencia a Tacuarembó es permanente.

“En la contratapa del volumen, un personaje fuera de serie de la noche porteña, el escritor, periodista y abogado Hipólito "Tuco" Paz, califica la obra que fue presentada a finales de noviembre en Buenos Aires como un "libro escrito sin cartas marcadas". Y agrega Paz: "El autor presenta al lector todo el abanico de pruebas concernientes a las distintas teorías expuestas sobre los enigmas que signan la vida de Gardel para que el lector pueda aplicar su propio criterio sin presiones, evaluarlas y asumir su punto de vista".

“En el libro (…) el "francesismo" de Gardel termina por convertirse en algo imposible de sostener racionalmente y reafirma esa convicción a través de un trabajo investigativo tan serio como profundo.

“(…) Ostuni desmantela con pulcritud de orfebre toda la trama armada para transformar en francés a Gardel, y permitir así que su herencia pasara a manos de la mujer que le cuidó en su niñez, y siguiera luego su tránsito hacia las arcas de Armando Defino, novel y voraz apoderado del cantautor y "factotum" de la operación.

“La operación resultó relativamente sencilla a partir de un supuesto comentario aceptado: el fisco es "lo de nadie", y por tal nadie se preocupa de su defensa. Y fue así, que un supuesto testamento amonestado de gravísimas irregularidades jurídicas impidió que, como correspondía legalmente, el fisco argentino quedara con la herencia vacante de Gardel, ya que éste se había nacionalizado allí en 1923.

“(…) Ostuni asumió la responsabilidad de incursionar en un tema que en Buenos Aires causa cierto escozor en algunos sectores, como lo es la real imagen de Gardel, y para ello le ha resultado insoslayable arremeter contra el total de discordancias, incoherencias y contradicciones de la "historia oficial de Gardel", donde se dan la mano verdaderos contrasentidos.

“Ostuni actúa con honestidad intelectual y la valentía de quien sabe que su actitud le puede valer reproches, como le ocurre a todo aquel que descubre una verdad largamente ocultada por un cúmulo de intereses de distinto tipo. Por ello afirma: "Nada hubiera sido posible sin abandonar el ritual que rodea a Gardel. Muchas de las conclusiones a las que íntimamente hubiera deseada arribar, se diluyeron frente a hechos, indicios y presunciones de insoslayable gravitación. Mas sin desencanto. Todo en la vida de Gardel apunta hacia su destino de gloria, solo que a veces, los senderos de ese tránsito no coinciden con los caminos trazados por su biografía convencional."

“Con rigor histórico, cuidada metodología y una documentación realmente apabullante, elabora una tesis de enorme valía que contribuye a jerarquizar el acervo bibliográfico del tema cuyo pionero fue el uruguayo Erasmo Silva Cabrera (Avlis), al que le siguieron calificados estudiosos, periodistas y escritores del Río de la Plata.



OMR: En su actividad como historiador, ensayista e investigador del tango, cuál ha sido su mayor acierto y cuál su mayor error.

RO: Los aciertos y los errores premian y castigan a quienes los hacen y eso es una constante común para toda actividad. Entre los aciertos que puedo adjudicarme, está el haber encontrado el expediente municipal de la casa que comprara Carlos Gardel en la calle Jean Jaurés 735. Es interesante el hallazgo, porque pude comprobar que allí funcionaba un prostíbulo que posteriormente fue cerrado al no autorizársele a sus dueños edificar más cantidad de piezas.

Vinculado con esto, hay unas declaraciones de la llamada novia de Gardel, Isabel del Valle, en el sentido de que doña Berta Gardes regenteaba, por los años 20, una pensión de señoritas lo que nos podría llevar a urdir varias conjeturas pero que no serían nada más que eso.

 Entre mis errores, posiblemente, sea el que más me pesa, el haber creído al escribir mi libro Repatriación de Gardel, que el alumno que cursara en el Colegio Pio IX de los padres salesianos, era el cantor. Investigaciones posteriores mostraron con mucha certeza, la posibilidad de que Carlos Gardel hubiera pasado sus años escolares en una escuela montevideana de la calle Durazno.



OMR: ¿Cuál es el enfoque desde el cual le gusta a usted estudiar el tango?

RO: Siempre he tratado de estudiar el tango como un fenómeno social y no sólo musical, poético o coreográfico. Tal vez ese enfoque haya permitido que se comprendan las circunstancias históricas que le dieron origen y sobre todo la decisoria influencia que tuvo la inmigración en nuestras costumbres. Creo que el tango es como un puente tendido entre la inmensidad de nuestras pampas y el océano desde llegaban siglos de cultura traídos por los inmigrantes.  Los primeros artistas que interpretaron y crearon tangos, fueron sobre todo geniales intuitivos que supieron captar lo que el poeta Fernando Guibert describiera en su libro Poeta al pie de Buenos Aires: los primeros compases de los primeros tangos, ya estaban inscriptos en el aire de la ciudad.

Tengo admiración por Pascual Contursi porque supo comprender el cambio social que se operaba en su tiempo con el nacimiento del proletariado. A partir de él, los personajes del tango, ya no son marginales o prostibularios, sino hombres y mujeres del común que cargan sus desdichas y manifiestas sus alegrías en el entorno del barrio. Contursi, además, inventó la tercera persona en la letra de los tangos, es decir, creó al relator de esos dramas. Los tangos primitivos ostentaban letras en primera persona. Y por fin, Pascual Contursi, también acercó la misericordia al tango, dejando de lado los reproches y las admoniciones que suelen aparecer en la letrística de Celedonio Flores. Éste sentencia y condena, Contursi narra y trata de comprender la conducta humana.

OMR: ¿Qué escuela o método sigue usted para sus investigaciones sobre la historia de Buenos Aires y el tango?

RO: He tenido amistad con Félix Luna, el primer historiador que entendió que la investigación histórica no era patrimonio de una elite sino que debía ser llevada al conocimiento de la gente del común. Sostenía que el historiador puede interpretar los hechos según sus convicciones, pero lo único que no puede hacer, es alterarlos o tergiversarlos. Ese es mi método de análisis y mi modo de investigar. Además los hechos históricos no son circunstancias aisladas, no pueden apartarse del contexto en que se produjeron y por eso las convicciones a las que puedo llegar, son producto del entrecruzamiento de todas esas circunstancias. No pocas veces he llegado a conclusiones que no hubiera deseado, pero la honestidad intelectual me obliga a publicarlas. El historiador y el investigador deben dejar de lado cuestiones emocionales e ideológicas que en muchas ocasiones lastiman la imagen que se ha formado de un prócer o de un personaje, para circunscribirse sólo a los resultados objetivos de sus conclusiones. No suelo leer a los historiadores que pretenden sustentar su ideología en base a la historia desvirtuando los hechos.


OMR: Háblenos de sus ensayos sobre las letras de tango.

RO: Sobre las letras de tangos he escrito bastante. Uno de mis ensayos se titula Presencia de la poesía culta en la letra del tango, donde trato de fundar la tesis de que hay tango fuera y aún antes del tango. Entre mis poetas preferidos están el nombrado Pascual Contursi, Celedonio Esteban Flores, Enrique Cadícamo, Homero Manzi, Catulo Castillo, Carlos Bahr, Enrique Dizeo, Alfredo Le Pera y de modo particular Homero Expósito y Enrique Santos Discépolo.  Todos ellos, más Horacio Ferrer, Eladia Blázquez, Chico Novarro y en algunos temas, Cacho Castaña, hicieron buena literatura para contar esos dramas humanos que duran los tres minutos de un tango. Tienen hallazgos de alta poesía, aunque debo destacar que aún en las letras menos elogiables, suelen hallarse frases o versos dignos de figurar en las mejores antologías. Como ejemplo valga el tango Traicionera de Juan Ghirlanda con versos Luis Garros Pe, que en medio de una colección de lugares comunes y ripiosos, contiene esta línea: Vivir es un sueño que cuesta la vida.



OMR: ¿Cuáles son las obras suyas que más suerte han tenido?

RO: De mis obras, algunas han tenido mucha suerte y otras casi nada. Entre estas últimas está un ensayo titulado Influenciad de la inmigración italiana en el tango, cuya aparición coincidió con mi operación del corazón (me hicieron cuatro bypasses)  por lo que poco pude ocuparme de dar reportajes o responder notas radiales. Pero aún así, el libro no tuvo éxito de librería. Otra obra en la cual tuve muchas ilusiones puestas, es Borges y el tango, la que si bien lleva ya dos ediciones, todavía no se ha impuesto como un libro de consulta cotidiana.

Sin publicar, y en espera de que mi editor se decida, están dos libros de poemas (Chamuyo gris, lunfardesco y Hombre al garete) También están terminados  El tango y la vida institucional de la Argentina y, Lunfardismos de Academia. Este último posiblemente aparezca hacia fin de año.



OMR: ¿Cuál de sus libros de poemas es el que más satisfacciones le ha dejado?

RO: De mis libros de poemas, dos son los que me satisfacciones me han dejado: Las esquinas de la noche que fue merecedor de una Mención de Honor del Fondo Nacional de las Artes, y Pájaros que mueren en la primera hora que es el libro que más quiero.  De todas las críticas que han recibido mis poemas, me place esta que firma el ilustre escritor y poeta León Benarós, en octubre de 2000:



“Ostuni es, sin duda, un devoto borgeano o borgeseano. Su Fundación mítica de Palermo se hamaca en los bellos alejandrinos que hacen recordar al autor de la Fundación mitológica (luego mítica) de Buenos Aires, pero con propias imágenes y personales aciertos.



“En el imaginado nacimiento del barrio, tres o cuatro compadres llegaron y, dice Ostuni:



“Como acaso la tierra se cuarteaba sin río

plantaron un aljibe donde juntar ocasos

una mano golosa se tentó en el cuchillo

y de un feite certero demarcó el Maldonado



“En el poema El cuchillo, el homenaje a Borges es explícito.



“En Fundación mítica del tango –admirable poema que reclama los honores de la más exigente antología- el tema borgeano de los dos guapos en duelo mortal se reitera con personales logros:



..........................................................

“Los dos hombres frente a sus destinos

-nada más que la pampa y el lucero-

eran definitivamente el hombre

jugando el drama eterno

dela vida y la muerte

bajo la comba de la noche en celo



“En sus manos ardían las pasiones

con insondable terquedad de acero.



“Un paso hacia delante,

un giro, un retroceso,

un ondular de piernas que se animan

un detenerse en seco.

La vida discurriendo por un filo

y la muerte en acecho.



“Una danza ritual nació esa noche

del infinito duelo

del hombre y su destino:

dolor, angustia, rebeldía, ensueño.



“Alguien la llamó tango

no se sabe porqué ni en qué momento.



“Acaso fuera Dios quien lo dispuso

en esta latitud y en aquel tiempo.



“El vincular el nacimiento del tango a esa especie de personal ballet trágico del duelo criollo entre compadritos, es un notable hallazgo de este admirable poema.



“Pero merecen igualmente los honores de una exigente antología por lo menos dos de los sonetos que se encuentran en el libro titulado Las esquinas de la noche (Ed. Lumiere-Buenos Aires 1992) para nuestro gusto, los señalados con los números romanos II y X que integran la sección “Sonetos de la noche”



“Dice el primero, luego de un epígrafe de Libertad Demitrópulos:



“Cada día es la víspera que acecha

la presentida luz del nuevo día,

una inmutable eternidad nos guía

por el mismo sendero de la flecha.



“Cada nueva vigilia abre otra brecha

y repite la misma asimetría,

el tiempo es nada más que profecía,

el ayer y el mañana una sospecha.



“Vivir es un constante todavía

la vida, acaso, es una misma fecha,

eterna víspera de eterno día.



“Yo sólo un sueño –hechura jamás hecha-

inconclusa razón, una aporía,

una perenne víspera que acecha



“Una aporía. Una dificultad, una imposibilidad...Debe contarse este soneto entre los más admirables que nos ha sido dado registrar en la literatura argentina contemporánea. No menos interés tiene el señalado con el número X en Las esquinas de la noche:



“Me bendice esta luz, he atardecido;

mi júbilo de vida se revierte,

y más que la razón el alma advierte

la memoria del tiempo transcurrido.



“Llego a esta paz que tanto he presentido

sin que mi sueño de vivir deserte

y esa serenidad me vuelve fuerte

frente al eco del último latido.



“Me bendice esta luz, he atardecido,

no tengo ya premura por mi suerte

cargo todo el pudor de haber vivido.Y más que la razón el alma advierte

que he de ser un recuerdo y un olvido

y que soy ya un pedazo de mi muerte.



“Es notable la “sabiduría de vida” que este soneto expresa. Es la decantada obra de una madurez espiritual que tiene su acorde en los también maduros años.



“Ostuni es hombre de Palermo. Nació en la calle Mansilla 2734. Debe señalarse su dominio del endecasílabo, del soneto, del alejandrino, de la décima. Sin un tropiezo en la exacta medida. Ni un ripio para relleno



“Tres son sus declaradas devociones: la lluvia, su barrio, el otoño. Sale a mojarse, a convivir con los flecos grises de la llovizna. Lo dice:



“Gozo la lluvia. Me anima

un sentimiento sencillo

como el oír en el grillo

la síncopa de su lima.

Gozo la lluvia y su rima

cuando cae desde lo alto.

Gozo la lluvia, la exalto

cobijado bajo el sauce

pluvial que forma su cauce

sobre este bosque de asfalto.



“Desde su primer libro de versos, Identidad y otros poemas de la tristeza (1975), Ostuni ha frecuentado brillantemente la lírica como en Las esquinas de la noche (1992) y Pájaros que mueren en la primera luna (1997). Ha hecho interesantes aportes a la investigación de los porteño, como Repatriación de Gardel ( 1995 obra reeditada en 1998) y Los cafés de la Avenida de Mayo (en colaboración) o Presencia de la poesía culta en las letras de tango, cuaderno éste de especial interés.



“Tiene inéditos poemarios como La voz por ti y Manchas de tiempo  y estudios como  Un deseo llamado tranvía.



“Ha practicado la poesía lunfarda como en Poemas de la media gamba 1987) y  Punto y revoleada ( 1989)  Es miembro de la Academia Porteña del Lunfardo y de la Academia de Historia de Buenos Aires. Obtuvo el Primer Premio del Círculo de Poetas Lunfardos y el Segundo en el Concurso Internacional de Poesía (San Francisco, Córdoba) y otros premios más.



“En su apasionado estar vivo, ocupa preferente sitio su interés por lo porteño, en particular por su barrio de nacimiento –Palermo- y por el tango y su mundo.



“Minucioso en su labor de documentado ensayista, conviven en su espíritu el investigador y el poeta, lo que hace de su obra de estudioso algo medular y da vuelo a su lírico sentir.




OMR: ¿Cómo está compuesta su familia en la actualidad?

RO: Mi familia es numerosa: mi mujer, Ana, (Bocha por sobrenombre) está a mi lado desde hace 56 años (46 de casados y 10 de novios). Con ella hemos tenido 8 hijos: Ricardo Martín, abogado, Hernán Federico, médico, Leandro Nicolás, ingeniero, Pablo Andrés, sacerdote, Juan Ignacio, técnico mecánico, Carlos María, ingeniero y licenciado en administración de empresas, Ana Edith, diseñadora gráfica y Mariano Agustín, técnico multimediático. Somos, además abuelos de 7 nietos cuyas edades van desde los 22 años (Leandro Martín, estudiante de abogacía) a 3 años (Agustín, que junto con sus padres y su hermana Malena, viven con nosotros) Esta es mi familia, nuestra familia, la que no pocas veces funciona como un clan sobre todo cuando hay que tender una mano.



OMR: Don Ricardo, cuéntenos cuando nació usted, cómo fue la época de su niñez y adolescencia. Qué recuerda del Buenos Aires y el tango de aquella época.

RO: Yo nací en 1.937. Los días de mi niñez y aún los primeros de mi adolescencia fueron días de barrio de Buenos Aires. Ese  barrio por entonces se llamaba Palermo;  hoy se lo nombra como Barrio Norte que es una inexistente creación de las inmobiliarias para darle más categoría –y obviamente mayor valor- a esos conventillos verticales de los que el poeta Orlando Mario Punzi dijo, en su admirable soneto CHAU, que “hay un cacho de sol que se suicida por cada monoblock que se levanta”.

Mi barrio era apacible, sereno y silencioso, como lo era en general la vida en los días de la década de 1940. Sólo los sábados por la tarde se oía alguna radio de la vecindad usurpando el descanso de la siesta con los bailables en vivo de las emisoras porteñas. También había algún bullicio auspicioso del mediodía del domingo en el despacho de bebidas de la esquina, ese recinto oloroso, que sahumaba una mezcla de fernets, pinerales, vermouths y aceitunas y donde la brisca, el tute y el tresillo encendían los ánimos de los gringos en cada mano y en alguna mesa vecina se discutía de fútbol o se estudiaban las chances de los pingos  para jugarse algunos boletos.

Lo demás era tranquilidad y silencio. Mi casa tenía sus propios bullicios. Como hogar de gente vinculada con la política, eran cotidianas las visitas –como se llamaba por entonces a las amistades que concurrían a conversar y tomar alguna copa con mi padre a la hora del atardecer- con la presencia, muchas veces, de dirigentes de primera línea. También sabían venir artistas y cantores, entre los que recuerdo a Ernesto Famá, Agustín Irusta – que cantó en la fiesta de mis quince años- y sobre todo don Martín Castro, el payador libertario que alguna vez me tuvo cerca de sus rodillas mientras improvisaba su canto.

Supongo que algo de todo eso tiene que ver con mi vocación por la poesía que la aprendí a oir desde muy chicos en labios de mi padre, que era un buen lector y mejor recitador. Lo oigo aún con su vozarrón impostado –casi 2 metros de altura- decir versos de Juan de Dios Peza,( Viendo a Garrick actor de la Inglaterra...) ; de Almafuerte (Si te postran diez veces te levantas / otras diez, otras cien otras quinientas...); de Ovidio Fernández Ríos (de quien solía recitar un bello pero efectista soneto titulado Los Tristes que todavía puedo repetir de memoria); de Elías Regules, del Viejo Pancho o de Andrés Cepeda, del que siempre recuerdo unos versos que por entonces no entendía, pero que me sonaban formidables: Diosa Themis, Sacomano / es un Dreyfus argentino. Puedo decir que aprendí poemas mucho antes que el alfabeto y que conocí los versos del Martín Fierro también antes de conocer las canciones patrias escolares.

Ya en mi adolescencia otras músicas y otros ritmos competían con el tango, especialmente el bolero y algunos temas de Brasil. Recuerdo mi predilección por “Caminemos” de Herivelto Martins y Delicado en la versión de Waldir Azevedo con su cavaquinho.  En los bailes de juventud casi no se difundían tangos, sólo la orquesta de Osvaldo Fresedo con Roberto Ray pudo superar esa implícita censura.

Sin embargo, los que amábamos el tango, solíamos juntarnos en nuestras casas a escuchar, en los discos de pasta de 78 rpm, a Troilo, Di Sarli, Francini-Pontier, Salgán y algunos otros.  Quien más éxito tenía en esa década de 1950, era Juan D´Arienzo con sus cantores Echagüe y Laborde y una serie de temas que aún perduran: Yuyo Brujo, El Nene del Abasto, Bien Pulenta y, por supuesto, la inmejorable versión de La Cumparsita cuyo disco llevaba en el reverso la milonga de Pintín Castellanos, La puñalada.

Es decir que en mi adolescencia, no obstante el avance de nuevos ritmos y nuevas olas, seguí frecuentando el tango junto con otros temas que también me gustaban, entre ellos Con una canción en mi corazón, versión de Doris Day con la trompeta de Harry James, Jezebel por Frankie Laine, Ay…Acércate por April Stevens y muchos más que bien podrían llenar varios renglones.



OMR: Cuándo empezó usted a incursionar en la poesía, cómo empezó su afición por la literatura y por qué se dedicó usted a escribir ensayos sobre tango.

RO: La poesía la frecuenté desde antes de mis años escolares. Mi padre solía leerme en voz alta, poemas de Juan de Dios Peza, Ovidio Fernández Ríos, Elías Regules y de algunos poetas anarquistas como Martín Castro que era un asiduo visitante de mi casa. Los poemas de Almafuerte y el Martín Fierro los aprendí antes de saber leer.

En mis días escolares escribí mis primeros versos, los que guardaba pudorosamente en un cuadernito alejado de la vista de todos. Sólo conservo un poema dedicado a mi padre porque mi mamá lo hizo escribir en una hoja filigranada, lo enmarcó e hizo que yo se lo regalara el día de su cumpleaños. El cuadro aún está en casa y por ello conservo esos versos castigados por mi falta de experiencia y mi carga de ripios.

Comencé escribiendo versitos líricos como casi todos los muchachos y muchachas de 10 o 12 años, ocultándolos en un cuaderno como un terrible secreto, sólo compartido con algún amigo confidente y con mi profesora de literatura de primer año del Colegio Carlos Pellegrini, la escritora Ana Julia Darnet de Ferreira a quien siempre llevo en mi recuerdo y en mi corazón.  Ella fue quien guió mis primeras lecturas más o menos organizadas entreverando a los clásicos españoles con Neruda, Juana de Ibarbouru, Alfonsina Storni, y un  poeta italiano, ilustre fabulista, poco conocido hoy,  Carlo Alberto Salustri, que firmaba con el anagrama de Trilussa que visitara el país en 1924. Todavía guardo su libro.

Al entrar al colegio secundario tuve como profesora de Literatura a una mujer que decidió definitivamente mi camino: la escritora Ana Julia Darnet de Ferreira,  a quien, como ya dije, no sólo llevo en el recuerdo sino también en mi corazón. Ella vio mis primeros intentos poéticos, me corrigió con dulzura y cariño, me orientó hacia las lecturas y así conocí los clásicos españoles, los latinos, el Quijote y, entre muchos otros títulos y autores, a un escritor italiano hoy totalmente olvidado, Carlo Alberto Salustri que firmaba con el anagrama de Trilusa, fábulas en verso que aún llevo en la memoria.

De ese tiempo tengo una anécdota que, no sin falsa modestia, suelo contar. Estábamos en clase literatura y la profesora nos dio a leer un poema de Ramón Pérez de Ayala pidiéndonos que hiciéramos un comentario sobre su contenido. A mi me sonó muy similar a unos versos de Almafuerte y así lo escribí: no creas que jamás te hayan querido / por mas besos de amor que te hayan dado. La profesora quedó sorprendida, me preguntó de dónde conocía a Almafuerte y le conté lo que dije líneas más arriba. Desde ese momento, ella fue más que mi profesora, fue como un guía en mi camino hacia la literatura.



Mis investigaciones sobre el tango comenzaron mucho después. Codirigía yo una revista que editaba la Secretaría de Comunicaciones de la Nación, Postas Argentinas, y hubo una sugerencia de algún lector para que publicáramos noticias sobre tangos. Primero pensamos en publicar letras pero luego entendimos que sería más novedoso hacer comentarios sobre ellas e incluso referir algo sobre sus autores.

Así, impensadamente comencé a interesarme en la investigación, actividad que se afirmó mucho más a mediados de los años de 1980 cuando empecé a colaborar con algunas revistas como La Gaceta de Palermo y luego en la revista Club de Tango, que dirigía mi inolvidable amigo Oscar Himschoot.



OMR: Y entre todos esos poetas que influyeron sobre usted, de casualidad también estuvo Jorge Luis Borges? ¿Cuáles otros autores también lo influenciaron?

RO: Mencioné muchos autores que conocí desde mi niñez, pero es obvio que quien ha nacido y se ha criado en Buenos Aires, no puede escapar a la influencia de Borges. Descubrí a Borges siendo muy joven yo, gracias a mi padrino que me hizo leer El Aleph y otros cuentos y quedé fascinado. Luego frecuenté su poesía y por allí debo tener algunos versos ya amarillados por el tiempo, donde más que influencia se nota el plagio cometido. Junto con Borges, en la poesía  argentina, me reconozco deudor de otros muchos escritores: Enrique Banch, Carlos Mastronardi, Jorge De Lellis, Baldomero Fernández Moreno, Raúl González Tuñón, los poetas de la llamada generación del 40, sin olvidar el nombre de Roberto Themis Speroni, un poeta que me deslumbró ya en mis primeros años de madurez.

Desde el extranjero, recibí la influencia de la poesía francesa de Verlaine, Paul Eluard, Baudelaire, Rimbaud e incluso Jacques Prévert. También me impresionó mucho César Vallejo cuya poesía conocí en circunstancias muy dramáticas. Mi padre estaba en coma y debía pasar la noche en vela a su lado. Fui hasta la librería Huemul de la calle Santa Fé y me mostraron un libro con las Obras Completas de Vallejo, estudio preliminar de Cesar Miró que recién habían recibido. Esa madrugada descubrí al gran poeta peruano. Debo mencionar, por supuesto, a Pablo Neruda que tanta influencia tuviera en la gente de mi generación. Tengo todas sus obras y las suelo releer.

Voy a hacer una confesión que tal vez no fuera prudente: nunca terminaron de gustarme Rubén Darío y Leopoldo Lugones aunque –vaya paradoja- solía devorar los poemas de Julio Herrera y Reissig. Posiblemente fuera una cuestión de sensibilidad que me acercaba más al uruguayo de la Torre de Cristal, como a muchos de sus compatriotas comenzando por Delmira Agustini.

En tiempos de posguerra, descubrí, como la mayoría de los argentinos, el teatro de Anouhil, de Cocteau, de Sartre, de Ugo Betti y a los novelistas como Vasco Pratolini y Césare Pavesi de quien mucho recuerdo El bello verano.

En fin, mis lecturas fueron desordenadas y sin método fijo alguno, comenzaba a leer cuánto llegaba a mis manos pero sólo terminaba de hacerlo con aquellos libros que despertaban en mi algún entusiasmo.



OMR: ¿Cuál considera usted que es su principal virtud?

RO: Suelo ser inconstante y carezco del don de la perseverancia. Mucho de aquello que comienzo, lo abandono o lo aletargo por una suerte de pereza que a veces me cuesta superar. Si tengo alguna virtud, es la de ser sincero y leal amigo. Detesto los dobleces y las medias tintas aunque esto me suele acarrear discusiones y enemistades. Cuando escribo, no quiero que me molesten, que me saquen de la concentración en que estoy sumergido. Tengo alguna manía exagerada por el orden, sin que esto deba entenderse como parecida al personaje de la tira de tv Monk. Me gusta ver las cosas de mi entorno de modo armónico pero, con tanta gente que hubo y aún por mi casa, este es un anhelo que no siempre puedo alcanzar.



OMR: ¿Usted ha hecho de sus investigaciones (sobre la historia de Buenos Aires y el tango) un medio de vida?

RO: En general no he hecho de mi vocación por el tango y la historia de Buenos Aires un medio de vida. He dado muchísimas conferencias, como así he colaborado en numerosos medios gráficos, sin percibir honorarios. Me gusta apoyar toda iniciativa cultural, especialmente las que realizan instituciones sin fines de lucro que se sostienen con el aporte de sus propios y entusiastas integrantes.



OMR: ¿Cuándo nació su afición por la lectura y por el teatro? ¿Le gusta el cine?

RO: Siempre tuve afición por la lectura. Si tengo algunos momentos libres, leo o releo que es uno de mis vicios. En general prefiero las relecturas que me permiten disfrutar doblemente de las obras. También suelo escuchar música, aunque esto lo hago incluso cuando estoy escribiendo –como ahora- que de fondo me acompañan los compases de la orquesta de Aníbal Troilo. Nunca fui coleccionista de objeto alguno, ni siquiera “junté estampillas” algo tan común en los días de la infanto-adolescencia. Me place mucho leer teatro y ensayos históricos y, cuando puedo, me paso una tarde completa viendo películas en DVD, especialmente italianas del neorealismo o francesas de los tiempos de los Cahiers du cinéma. Esto no significa que desdeñe el cine norteamericano, pero trato de alejarme de esas producciones que alientan siempre la violencia entre los personajes y a veces hasta de modo morboso. Prefiero el cine como un incentivo para tejer sueños y evadirme de la realidad cotidiana.



OMR: ¿Qué música le gusta?

RO: Debo confesar que me gusta toda la música, con excepción de algunos ritmos modernos que carecen de armonías y en verdad, me ensordecen con su forma de ejecutarlos. En la Argentina admiro a compositores que dejaron su impronta en la historia del tango: Eduardo Arolas, Agustín Bardi, José Martínez, Julio De Caro, Aníbal Troilo, Astor Piazzolla, entre muchos más. También algunos músicos tradicionalistas como Andrés Chazarreta o Atahualpa Yupanqui y otros que se inclinaron hacia la música clásica como Carlos Guastavino, el máximo exponente del romanticismo musical de mi país y Alberto Ginastera, en las antípodas del anterior, como uno de los más expresivos cultores del modernismo.

Obviando mi admiración por los grandes compositores de la música universal que sería ocioso mencionar por obvio, me gusta la música de Cole Porter, George Gershwin, Glen Miller, Antonio Carlos Jobin, Vinicius de Moraes, Joao Gilberto y Chico Buarque de Hollanda. También me gustan Los Beatles.


OMR: ¿Qué opinión le merecen a usted las academias dedicadas al estudio del tango y la cultura popular?

RO: Las Academias pueden ser de Autoridad o de Estudio e Investigación. Por ejemplo la Real Academia de la Lengua Española, es de Autoridad porque sus resoluciones en cuanto al uso del idioma y significado de sus vocablos, resulta inapelable. En cambio las Academias dedicadas al estudio e investigación de las ciencias y las artes, no tienen esa característica, son instituciones abiertas al debate y cambio de opiniones y no necesariamente sus miembros deben coincidir en una respuesta común. Esto es lo que no suele entenderse y de ahí que se creen diferencias y conflictos que carecen de entidad.

Yo he integrado la Academia Nacional del Tango de la que fui Vicepresidente e integro la Academia Porteña del Lunfardo y la Academia de Historia de Buenos Aires. En la primera se suscitaban algunos problemas especialmente cuando alguien pedía una opinión académica esperando una respuesta inconmovible de Autoridad. Y eso no era posible. Por ejemplo algunos sosteníamos la identidad uruguaya de Gardel, otros la francesa y cada uno podía presentar sus ponencias y debía aceptar la réplica y el debate. Si esto se entiende, no tiene por que haber conflictos ni diferencias que lleguen, como es bastante habitual, a las enemistades personales.



OMR: ¿Existe abundante crítica musical en Buenos Aires?
RO: Los grandes diarios siempre tuvieron secciones dedicadas a la crítica musical.

El más prestigioso crítico musical de la Argentina fue, sin dudas,  Jorge D´Urbano, quien tenía como lema esta frase que solía repetir: Un crítico que no opina es un contrasentido.

Juan Carlos Paz, además de crítico, fue músico, compositor y difusor de la música del siglo XX. Fundo el Grupo Renovación y por esta tarea le gustaba definirse como ensayista. Fue el introductor de la música dodecafónica en el país y su obra musical es bien vasta y en general se lo considera como un vanguardista. De él leí su voluminoso libro Introducción a la música de nuestro tiempo, en el cual le dedica pocas líneas al tango y otras pocas a la llamada música culta de la Argentina y del Uruguay, negando que ambos países se hubieran  apartado de los cánones europeos consagrados en el siglo anterior.

En un tiempo el diario Clarín le dedicaba una página semanal al tango que era dirigida por Jorge Göttling, uno de los periodistas con mayor conocimiento del tema. Luego fue levantada por algún tiempo. En la actualidad tanto Clarín como La Nación dedican muchas líneas a los nuevos intérpretes del tango, las nuevas producciones discográficas y los espectáculos. Entre los críticos quien más se sigue destacando es Rene Vargas Vera de La Nación.

No quiero omitir la mención de algunas publicaciones dedicadas íntegramente al tango y su mundo. Entre ellas, Tango & Lunfardo, que editaba en la ciudad de Chivilcoy mi amigo el periodista Gaspar Astarita autor también de muchos libros, Club de Tango, de Oscar Himschoot; El Tangauta y muchísimos blogs en la web.



OMR: ¿Se habla en los diarios porteños de la música popular? ¿Se difunde en radio y televisión porteñas la música popular?

RO: Los diarios de mayor circulación (Clarín y La Nación) tienen secciones dedicadas a la música popular y de tanto en tanto, editan suplementos como los recientes sobre Piazzolla o Manzi en los que participé. Pero en general hay buena información acerca de las nuevas agrupaciones, reportajes a sus integrantes y todo tipo de noticias que ilustran bien sobre el tema.

La difusión musical está prácticamente monopolizada por la radiofonía. La TV, rara vez presenta programas musicales y, cuando lo hace, o bien son presentaciones especiales (Plácido Domingo cantando en el Obelisco o Baremboin dirigiendo también en escenarios abiertos) o festivales, en general de música folklórica y muy pocos de tango. Las radios FM tienen como base una programación musical de ritmos e intérpretes en boga. El tango tiene su propia emisora, la FM 92.7 que pertenece al Gobierno de la Ciudad de Buenos Aires y también algunos programas en Radio Nacional que está en la éjida del gobierno federal.



OMR: ¿Se componen boleros, hoy en día, en Argentina?

RO: Hace muy poco murió Mario Clavell uno de los grandes compositores de música romántica de la Argentina, sino el último, de esa generación que hizo un éxito del bolero durante muchísimos años.

En la Argentina de hoy casi no se componen boleros. La época dorada fueron las décadas de 1940 y 1950 cuando los autores e intérpretes argentinos lograron éxitos internacionales, como aquel recordado CORAZÓN A CORAZÓN, que bien podría tenerse como uno de los primeros temas nacidos aquí, si bien la música pertenece al cubano Fernando Mulens con letra de nuestro Roberto Lambetucci. Los memoriosos aún recordamos aquellos versos: de vereda a vereda, de balcón a balcón, de sonrisa a sonrisa, floreció nuestro amor.  Poca o ninguna difusión tiene hoy el bolero en nuestras emisoras y si no hubiera sido por la atractiva presencia de Luis Miguel muchos de los bellísimos temas de ese cancionero se hubieran olvidado.



OMR: ¿Existe hoy en día industria discográfica en Argentina?

RO: Hoy no existe la industria discográfica en la Argentina. Las grandes compañías multinacionales que otrora dominaron el mercado (RCA, Columbia, Odeón, Music Hall, etc.) se retiraron hace años y salvo algún artista de trascendencia internacional, el resto no tiene cabida en sus planes. Hay muchos editores de música a nivel artesanal, como pequeñas y medianas empresas que producen muchos título de buena calidad (el más notorio es Litto Nebbia cuyo catálogo supera los 500 títulos) y la mayoría de los nuevos autores o cantantes, optan por pagarse la edición de sus temas. Las tiradas son muy reducidas y consecuentemente  lo es la circulación de los CDs. Uno de los temas que agrava la situación de la industria, es la piratería que no ha conseguido detenerse y que opera de dos formas: descarga CDs desde los portales de Internet o bien regraban los CDs originales, lo que conlleva gran perjuicio para autores, artistas, productores, etc.



ORLANDO MONTENEGRO ROLÓN: Don Ricardo Ostuni, gracias por concederme esta entrevista, en la cual traté de captar su mundo intelectual y saber sobre sus obras y su gusto e investigaciones sobre el tango.



RICARDO OSTUNI: Gracias a usted, Orlando Montenegro, por entrevistarme y por acoger mis palabras en su revista MELÓMANOS DOCUMENTOS.