sábado, 19 de septiembre de 2026

San Francisco, 1913: cuando el tango salió a la calle

 


 

San Francisco, 1913: cuando el tango salió a la calle

A comienzos del siglo XX, el tango emprendió un viaje extraordinario. Salió del Río de la Plata, atravesó el Atlántico, escandalizó y fascinó a París y terminó convirtiéndose en una de las grandes novedades internacionales del baile. Pero mientras Europa sucumbía a la llamada tangomanía, al otro extremo del continente americano ocurría una historia menos conocida.


San Francisco también descubría el tango.

En 1913, la ciudad californiana vivía una verdadera fiebre por el baile. Eran los tiempos del Turkey Trot, el Texas Tommy y otras danzas que aparecían y desaparecían con enorme rapidez. Academias, hoteles, cafés y salones competían por enseñar la última novedad, mientras autoridades y asociaciones de profesores discutían dónde terminaba el baile y comenzaba la indecencia.

La discusión no era únicamente estética.

San Francisco tenía entonces uno de los barrios nocturnos más célebres de Estados Unidos: Barbary Coast, un territorio de cabarets, salas de baile, música, alcohol, marineros y personajes llegados de todos los rincones del mundo. Allí las nuevas danzas encontraban rápidamente una pista donde probar fortuna.

El tango apareció en medio de aquella efervescencia.

Veinticinco maneras de bailar tango

El 13 de agosto de 1913, la Pacific Association of Teachers of Dancing celebró una reunión en San Francisco. Los profesores estaban preocupados por algunas de las danzas que se habían puesto de moda y no ahorraron críticas contra aquellas que consideraban vulgares.

Sin embargo, hicieron una excepción sorprendente.

El tango argentino era otra cosa.

Según la información publicada al día siguiente por The Morning Oregonian, los profesores lo consideraban una danza respetable. Algunos declararon incluso que enseñaban veinticinco pasos diferentes de tango, a los que calificaban de bellos y elegantes.

El detalle es revelador.

Para agosto de 1913 el tango no era en San Francisco simplemente una palabra exótica que aparecía en los periódicos. Si existían profesores capaces de ofrecer un repertorio de pasos para enseñarlo, la danza ya había ingresado en las academias y comenzaba a formar parte de la vida social de la ciudad.

Pero había otro tango.

Era el que se mezclaba con la noche de Barbary Coast.

Una cámara frente al tango

Ese mismo año las autoridades emprendieron una ofensiva contra algunos establecimientos nocturnos del barrio. Parecía que todo un mundo estaba a punto de desaparecer.

Dos hombres vinculados al naciente negocio cinematográfico, Sid Grauman y Sol Lesser, tuvieron entonces una idea formidable: filmarlo.

La película recibió un título casi funerario: Last Night of the Barbary Coast.

Se trataba de una producción de dos rollos que pretendía conservar imágenes de aquella vida nocturna. Una descripción contemporánea de la película hablaba de multitudes entrando en los cafés y de escenas tomadas en las pistas de baile.

Entre las danzas registradas se mencionaba el tango.

La película se considera perdida.

Un investigador ha relacionado un fragmento cinematográfico superviviente con aquella producción; las imágenes muestran el Texas Tommy. Eso no permite afirmar que las escenas de tango hayan sobrevivido.

Y precisamente ahí comienza el misterio.

En algún rollo desaparecido de Last Night of the Barbary Coast pudieron quedar hombres y mujeres de 1913 bailando tango frente a una cámara en San Francisco.

Si esas imágenes existieron tal como las describieron sus contemporáneos, hoy parecen haberse perdido.

Del escándalo a la calle

La historia tuvo un giro inesperado al finalizar aquel mismo año.

El 28 de diciembre de 1913, el periódico The Sunday Oregonian publicó una crónica sobre la extraordinaria pasión por el baile que se había apoderado de San Francisco.

La ciudad estaba, según aquella expresión periodística, “dance crazy”.

Y la fiebre había abandonado los salones.

San Francisco comenzó a experimentar con bailes públicos en sus calles. En Clement Street se realizó uno de aquellos encuentros, con música y espacio dispuesto para que hombres y mujeres convirtieran momentáneamente la vía pública en una pista.

Entre las danzas mencionadas por la crónica estaba nuevamente el tango.

Y para la celebración de Año Nuevo se proyectaba algo todavía mayor en Grant Avenue.

La transformación había sido vertiginosa.

En agosto, los profesores discutían qué bailes podían considerarse respetables.

En diciembre, el tango estaba en la calle.

Argentino, parisino y californiano

Un documento publicado al año siguiente ayuda a comprender qué estaba ocurriendo.

En 1914 apareció en Estados Unidos el manual The Tango and Other Up-to-Date Dances. Su importancia reside en que no hablaba del tango como si se tratara de una única danza homogénea. Diferenciaba las formas relacionadas con la República Argentina, las versiones refinadas por los salones parisinos y otras danzas modernas que circulaban por lugares como Barbary Coast.

Era la huella de un fenómeno internacional.

El tango viajaba y, mientras viajaba, cambiaba.

Podía salir de Buenos Aires, pasar por París, llegar a Nueva York o San Francisco y adquirir allí nuevos movimientos, nuevas maneras de enseñarse y hasta nuevos significados sociales.

San Francisco resultaba especialmente apropiada para recibirlo. Era una ciudad portuaria abierta al Pacífico, atravesada por migraciones, músicas y culturas diferentes. Después del terremoto y el incendio de 1906 había reconstruido no solamente sus edificios sino buena parte de su vida pública.

Y aquella ciudad nueva quería bailar.

Antes de 1913

Hay todavía una huella anterior.

Una investigación académica sobre la circulación internacional del tango remite a una noticia aparecida en The San Francisco Call el 26 de septiembre de 1912, evidencia de que la prensa de la ciudad ya prestaba atención al fenómeno antes del explosivo año siguiente.

Eso obliga a mirar con cuidado la cronología.

No podemos decir que el tango llegó a San Francisco en 1913.

Ya estaba allí.

Lo que permiten observar los documentos de 1913 es algo quizá más interesante: el momento en que dejó de ser solamente una novedad extranjera y comenzó a incorporarse a la cultura urbana de San Francisco.

Lo enseñaban los profesores.

Lo discutían las asociaciones de baile.

Lo bailaban en los salones.

Una cámara cinematográfica intentó registrarlo.

Y finalmente apareció en las calles.

A miles de kilómetros de Buenos Aires, frente al océano Pacífico, el tango había encontrado otro puerto.

Queda, sin embargo, una imagen que probablemente nunca veremos.

Una pista de Barbary Coast.

Una cámara girando.

Varias parejas bailando.

Y, encerrado en una película desaparecida de 1913, un tango perdido de San Francisco.

 

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Víctor Bustamante
Investigación y texto

Asesoría documental: Clarita de Bustamante

 

Fuentes consultadas

1.     The Morning Oregonian, 14 de agosto de 1913, p. 3. «Dancing Teachers Put Ban on Rag». Información sobre la reunión de la Pacific Association of Teachers of Dancing en San Francisco y el tango argentino. Ver ejemplar digitalizado

2.     The Sunday Oregonian, 28 de diciembre de 1913, p. 54. Crónica sobre la fiebre del baile y los bailes públicos en las calles de San Francisco. Ver ejemplar digitalizado

3.     Hopkins, Albert W. (ed.). The Tango and Other Up-to-Date Dances. Nueva York, 1914. Manual contemporáneo de tango y otros bailes de moda. Ver edición digitalizada

4.     Hall, Ben. «Prologue to Hollywood: Sid Grauman and the San Francisco Origins of Tinseltown Spectacle». Bright Lights Film Journal. Fuente para Last Night of the Barbary Coast y las filmaciones de los bailes de 1913. Ver artículo

 

La noche en que Colombia escuchó por primera vez a Astor Piazzolla

 


La noche en que Colombia escuchó por primera vez a Astor Piazzolla


Astor Piazzolla acababa de presentarse por primera vez en Colombia. Fue en el Teatro Colón de Bogotá. Después vendrían Medellín y Cali. Una entrevista de Antonio Cruz Cárdenas conservó la voz del músico en aquel momento y una sorprendente confesión: casi medio siglo antes, Piazzolla había podido viajar con Carlos Gardel en la gira que terminó trágicamente en Medellín.

La noche anterior, el público bogotano había escuchado por primera vez en Colombia a uno de los músicos que más profundamente había transformado el tango del siglo XX.

No era una llegada tranquila. Piazzolla venía acompañado por una vieja polémica. Para sus adversarios era el «sepulturero del tango»; para quienes entendían su búsqueda, era precisamente quien había impedido que el género muriera de repetición y nostalgia.

Antonio Cruz Cárdenas captó perfectamente aquella tensión y tituló su entrevista para El Tiempo: «Piazzolla: muerte y resurrección del tango».

Pero en medio de la conversación apareció una historia extraordinaria.

Piazzolla contó que en 1934, siendo todavía muy joven y viviendo en Nueva York, había conocido a Carlos Gardel. Al año siguiente, cuando el cantor emprendió la gira latinoamericana que terminaría en Medellín el 24 de junio de 1935, existió la posibilidad de que Astor viajara con él.

No ocurrió.

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Víctor Bustamante
Investigación y texto

Asesoría documental: 

Clarita de Bustamante