lunes, 28 de septiembre de 2026

Carlos Gardel en Aruba. Tango.

 

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--- Carlos Gardel en Aruba

--- Víctor Bustamante

--- Hay viajes que parecen pertenecer al viajero y otros que, después de muchos años, descubrimos que pertenecían al lugar por donde pasó. Carlos Gardel estuvo en Aruba en 1935. Las biografías registraron la escala y continuaron con él. Era inevitable: una biografía debe seguir a su personaje como la sombra sigue al caminante.

--- Pero los lugares no viajan, se viajan. Aruba permaneció allí. Y al permanecer conservó: un teatro, un muchacho de diecisiete años, una esquina desde la cual alguien recordaría haber visto llegar a Gardel, un hombre enano y jocoso, Max cargando unas maletas. Las grandes historias suelen tener mala memoria para las maletas y para quienes las cargan.

--- La historia comienza, curiosamente, con una pianola. Eddy de Veer había recibido una como regalo de bodas y un día decidió cambiarla por el equipo de proyección de Nadi Henríquez. Aquel trueque doméstico contenía una pequeña alegoría del siglo que comenzaba. De Veer entregaba una máquina que reproducía música y obtenía a cambio otra que reproducía imágenes. En 1920 reunió madera y ladrillos en el patio del antiguo Hotel Colombia, en Oranjestad. Arthur Beaujon, amigo suyo, lo ayudó con un generador improvisado. Aquella misma noche hubo función. El cine era todavía mudo y muchos espectadores, procesión de hombres y mujeres, caminaba por las calles de Oranjestad con una silla bajo el brazo. Hay épocas en las que la modernidad llega con estrépito de locomotoras; en otras llega modestamente, y cada cual debía llevar desde casa el asiento desde el cual contemplar una película.

--- Después las películas aprendieron a hablar. Hacia 1930 De Veer trasladó su cine al patio de la casa de su tía Lica, entre Steenweg y Nassaustraat. Esta vez había techo y había sillas. Nació el Teatro Gloria. Para inaugurarlo se proyectó Sin novedad en el frente de Lewis Milestone, título involuntariamente irónico en una isla donde casi todo estaba cambiando.

--- El petróleo alteraba el ambiente de la isla. San Nicolás crecía junto a Lago; llegaban trabajadores, mercancías y barcos. Con ellos arribaron también nuevos deseos de entretenimiento. Surgieron salas cuyos nombres tenían algo de promesa: Rex, Cinelandia, Rialto, Aurora, Gloria. El cine ofrecía mundos lejanos a una isla que, gracias al petróleo y al mar, dejaba de ser lejana.

--- El Gloria no era solamente cine. Antes de algunas películas había espectáculos en vivo. La pantalla todavía no había conseguido expulsar al cuerpo del escenario. Una noche podía contener una película y un cantante; la sombra proyectada y el hombre de carne y hueso todavía podían alternarse ante el mismo público.

--- El fuego también formaba parte de aquella historia. El 21 de enero de 1935 el Gloria ardió. Cinco días después el diario, El Despertador, lo llamó una pérdida total. Eduard de Veer agradeció públicamente a quienes habían ayudado durante el incendio y prometió reconstruirlo. La obstinación es otra manera de contar la historia de los cines. De Veer construía; el fuego destruía; De Veer volvía a construir.

--- Gardel todavía estaba lejos. Faltaban unos cuatro meses para que llegara a Aruba.

--- En esos años se escuchaba desde Venezuela Radio Caracas, también emisoras de Curazao, Cuba y Santo Domingo. Como los aparatos de radio funcionaban con tubos, sus dueños los sacaban a la calle para escuchar. También mediante automóviles provistos de altavoces o bocinas recorrían las calles anunciando acontecimientos relevantes y publicidad.

--- Décadas después, Clyde Harms describió el Gloria con la precisión de quien recuerda no un monumento sino un lugar vivido. Cuatro altos muros de hormigón sostenían, sin llegar a tocarlo, un techo de zinc montado sobre vigas de madera. Entre el final del muro y el comienzo del techo quedaba aproximadamente un metro abierto para que circulara el aire. Era, según la expresión sonriente de Harms, una especie de aire acondicionado ecológico.

--- La arquitectura tropical posee algunas veces una inteligencia que el progreso termina olvidando. El Gloria no combatía el clima: negociaba con él. Dentro, una pequeña pared de madera separaba dos mundos. En la parte más cara había sillas con asiento y respaldo tapizados. En la galería, bancos duros, sin respaldo, semejantes a graderías. Todos contemplaban la misma pantalla, pero la igualdad terminaba allí. Incluso frente a las mismas ilusiones unos podían sentarse más cómodamente que otros.

--- En ese recinto franco para el paso del viento, según la memoria arubeña, cantó Carlos Gardel. Harms recordaría además haberlo visto llegar. Desde la casa de su abuela, en el cruce de Steenweg y Kruisweg, contempló a Gardel y a su comitiva. Y recordó a Max, el enano jocoso, personaje conocido en Playa, cargando las maletas. Las cronologías más sólidas llevan a Gardel a Aruba el 28 de mayo de 1935. El error no invalida necesariamente el recuerdo. La memoria posee una geografía más resistente que su calendario. Puede perder el día y conservar durante medio siglo una esquina.

--- Una parte de la historiografía gardeliana habla de una única actuación improvisada al aire libre. La tradición conservada en Aruba sostiene que hubo dos presentaciones: una en el Royal Theatre de San Nicolás, después conocido como Principal Theatre, y otra en el Gloria de Oranjestad situado en Steenweg, cerca había un bar llamado Tango Bar. Según la recopilación de Roberto Croes, los dos teatros estuvieron repletos.

--- Y entonces, mientras los documentos discuten sobre teatros y fechas, entra en esta crónica un muchacho, Rufo Inocencio Wever, que había nacido en 1917, en Wilhelminastraat. De niño recibió una pequeña armónica. Su padre, sorprendido por la facilidad con que la tocaba, le compró un piano. A los doce años Rufo ya lo dominaba; hacia los quince organizó la Melody Band. Cuando Gardel llegó tenía diecisiete años. Las historias locales dicen que Rufo tuvo oportunidad de actuar en su espectáculo y cantó junto a él. No sabemos qué interpretó. No sabemos si acompañó a Gardel o apareció en otro momento del programa. Tampoco conocemos todavía con seguridad qué canciones cantó Gardel.

--- En la isla prevalecían ritmos como el vals, la mazurca y la polca, y más tarde recibieron influencias afroaribeñas. Aun así, aceptaron a Gardel, a pesar de que el tango es muy melancólico, pero bailarlo daba ese toque sensorial que impresionaba.

 

--- En aquel mismo 1935 Rufo fundó Los Trovadores Tropicales, junto con Harold Hopmans, Carlos Booi, Juan Croes, Clemente Lacle y Shemmy Coronel. Una fotografía conserva a los seis con sus instrumentos, vestidos de gauchos para una posteridad que ellos probablemente no imaginaban. La memoria musical arubeña relaciona la formación del grupo con aquella experiencia junto a Gardel. Ese mismo año Rufo compuso Arubanita. Mucho después llegarían centenares de composiciones, la música para Caha di orgel, y, junto con Padu Lampe, la obra ligada a Aruba Dushi Tera, que acabaría convertida en himno nacional. (Caha di orgel es una caja de resonancia de madera (usualmente caoba) con cuerdas y un cilindro giratorio lleno de clavos pequeños. Para su funcionamiento se acciona girando una manivela que hace mover el cilindro; por lo general, se acompaña tocando el instrumento de percusión llamado wiri).

--- Gardel dejó además otras huellas, menos solemnes y por eso quizá más reveladoras. Algunos hombres de Aruba comenzaron a imitar su manera de vestir y de peinarse. Se recuerda una pomada para el cabello llamada Gardel y un personaje conocido como Coco Gardel, así como a Tali López que cantaba tangos de Gardel. Paradójicamente la gloria posee también esas formas humildes. Puede sobrevivir en una estatua, pero también en un frasco de brillantina. Los grandes hombres aspiran al mármol; la vida cotidiana los convierte en peinados. Quizá aquello explique mejor la dimensión popular de Gardel que muchas páginas dedicadas a proclamar su notoriedad. Su presencia podía reproducirse. Un joven podía copiar su cabello, otro su sombrero, otro intentar cantar como él. Gardel ya había llegado a Aruba mediante discos, fotografías y películas antes de que él llegara.

--- Cuando finalmente apareció, los arubeños ya lo conocían. Y después volvió a aparecer el fuego como una premonición. Harms escribió que el Gloria se incendió nuevamente en 1935, poco después de que Gardel hubiera cantado allí. La prensa, sin embargo, documenta el gran incendio del 21 de enero, anterior a la visita.

--- El edificio ardió varias veces y quizá, con los años, las llamas terminaron mezclándose en una sola memoria. El recuerdo no es un archivo; tampoco pretende serlo. Superpone habitaciones, rostros y fechas como una ciudad que construye una casa sobre los cimientos de otra.

--- También en esto las versiones discuten. Una reconstrucción hace llegar a Gardel a Aruba por mar mientras parte de su comitiva viaja en avión y sostiene que el regreso a Curazao en el Fokker F.XVIII Snip fue su primer vuelo. El viaje de Curazao a Aruba, de más de 100 km, Gardel lo realizó en una pequeña embarcación a motor para evitar subirse a un avión. El largo viaje, en medio de una persistente marejada, le produjo algunas molestias físicas. Hay tres fotografías en el aeropuerto de Aruba donde Carlos Gardel se nota fumando cigarrillo a lo mejor como si estuviera preocupado para su regreso a Curazao. En una carta anota que le pagaron 900 dólares y que en Aruba y en Curazao lo llamaban el patrón.

En la calle Wilhelminastraat, cerca de tienda Habibe, hubo un hotel que funcionaba en este edificio: el Hotel Bontekoe. Su nombre original era Hotel Palacio. Quizás muchos desconozcan que Carlos Gardel, el popular cantante argentino de tango, se alojó allí en 1935.

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Fuentes de investigación:

-Roberto G. croes en Facebook

-Nos historia nos herencia en Facebook

-Necco Carlomagno, Gustavo Víctor. “A 80 años del bautismo del aire de Carlitos Gardel: 28 de mayo de 1935”. Gaceta de la aviación, n.º 41, Montevideo, diciembre de 2015.

- La jornada, Aruba

-La Prensa (Buenos Aires). “La última gira de Gardel, una marca a fuego, inolvidable”. reconstrucción de la gira de 1935; registra la llegada en embarcación y una única presentación improvisada al aire libre en Aruba.

-Acosta, Ramsay. «Carlos Gardel y la música popular de Aruba», un día farandulero en Aruba hace 75 años, Bon día Aruba, lunes 31 de mayo de 2010. 





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